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Los caminos del Centro Histórico

De la tinta de Guille Gómora

Guille Gómora Miércoles 28 De Marzo, 2018 · 07:01 am
Los caminos del Centro Histórico
Foto: Ilustración

Bajar por Avenida Juárez, implica en el Distrito Federal adentrarse a un viaje al pasado en el Centro Histórico. Cada una de sus calles muestran tesoros culturales que nos remiten a tiempos de esplendor en las épocas virreinal, colonial, porfiriana y del naciente México moderno.

El Centro, como se le conoce comúnmente, es un remanso en la Ciudad de México, donde aún es posible caminar tranquilamente. La invitación a conocer cada uno de sus rincones y la historia que hay detrás de los edificios, negocios, museos, y personajes, donde se mezcla el pasado y el presente se convierten en su gran atractivo, sobre todo después de que fue rescatado del ambulantaje.

Son diversos los espacios, calles y plazas que parecen extraídos de una litografía del siglo XIX. Por ejemplo, la Plaza de Santo Domingo, con sus escribanos; la calle de 5 de Mayo donde aún está la famosa tienda “La Palestina”; El Zócalo rodeado por la Catedral, Palacio Nacional y el Antiguo Palacio del Ayuntamiento y Madero que al hacerla peatonal luce su riqueza arquitectónica que le ha dado fama a la antigua calle de “Plateros”.

Imponente la Torre Latinoamericana, signo del México moderno, da la bienvenida a los cientos de paseantes que cruzan el Eje Central Lázaro Cárdenas, antes San Juan de Letrán, para después encontrarse con el templo de San Francisco, el primer y mayor convento Franciscano, promovido por Hernán Cortés en 1524, durante el siglo XVI. Este icono del virreinato luce su fachada Churrigeresca, que es la antesala de los tesoros que se encontrarán al recorrer el interior de esta iglesia. Lienzos con pasajes bíblicos o retablos y esculturas de madera que codicia más de un coleccionista de arte sacro.

Enseguida, se ubica con otro estilo arquitectónico, el Templo Expiatorio de San Felipe de Jesús, bajo la rectoría de los Misioneros del Espíritu Santo. Sus vitrales generan una atmósfera multicolor que invita a los feligreses y turistas a permanecer en silencio y a entrar en un momento místico.

A esta misma altura de la calle de Madero, se ubica el famosos Sanborn’s de los Azulejos, referencia histórica obligada y punto de encuentro para citas de todo tipo. Junto a esta tienda, el Pasaje América, que conecta con la calle 5 de Mayo, el primero de estos espacios en esta vía, que alojan a comercios abiertos a principios y mediados del siglo 20.

En la calle de Gante, los restaurantes con sus mesas exteriores invitan a los comensales a refrescarse y hacer una parada durante su recorrido.

Más adelante encontrará, la “Camisería Bolívar” que data de 1898, cómo se lee en sus cristales y en sus tapetes. La elegancia y originalidad en sus productos es su etiqueta de presentación. Y si tiene hambre y sed, puede ir al “Salón Corona” en la calle de Bolívar que desde 1928 es famoso por su cantina y por su comida.

A media calle, sobre Madero se ubica, el Pasaje Pimentel, que antiguamente fue la Casa del Márquez de Prado Alegre, edificado en 1725 hacia el primer tercio del Siglo 18 y que hoy es la sede de varios negocios de ópticas. Al noble tezontle rojinegro de tantos edificios le han quitado el hollín; los portales, las verjas y balcones vuelven a relucir; las hornacinas con sus diversas representaciones se asolean por la mañana y observan divertidas a los curiosos que buscan adivinar su origen.

El rescate de la calle permite también admirar el Templo de la Profesa, edificado en 1720, y metros adelante el Museo del Estanquillo, que exhibe la colección de antigüedades de Carlos Monsiváis. Por cierto en Madero 74 se ubica el Museo Mexicano del Diseño, catedral de la creatividad y el ingenio.

Para cerrar con broche de oro, el Hotel Majestic, que desde su célebre terraza se puede admirar el Zócalo de la ciudad de México. Edificio sede de grandes eventos históricos y de festejo de miles de mexicanos que lo han elegido para sus graduaciones, bodas, cumpleaños o alguna otra fiesta.

Claro que en este recorrido no falta el ambulantaje, reubicado en plazas comerciales, aunque persisten los llamados “toreros”. Un nuevo signo de vitalidad son los grupos musicales que van desde el Rock, el Jazz y los que ponen a bailar a los peatones en Motolinia al ritmo del Danzón y el Cha, Cha, Cha. La convivencia incluye las estatuas vivientes, que detrás de la técnica del Body Paint, evocan a personajes de películas que permanecen inmóviles y asombran a niños y adultos.

La expropiación del espacio físico, visual y auditivo de los peatones es sin duda parte esencial de la cultura urbana.

El rescate del Centro Histórico prueba que el deterioro urbano no es irreversible. Un marco de armonía provoca respeto. Aproveche el asueto y camine por la zona que en cada esquina tendrá una sorpresa para usted.

guillegomora@hotmail.com

@guillegomora

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias