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¿Lo nuevo contra lo viejo?

De la tinta de Héctor Zagal.

Héctor Zagal Domingo 10 De Enero, 2021 · 08:00 am
¿Lo nuevo contra lo viejo?
La tensión entre jóvenes y ancianos, lo nuevo y lo viejo, me recuerda a la novela “Diario de la guerra del cerdo”, del argentino Adolfo Bioy Casares / Pixabay

Muchas veces sentirse joven o viejo no depende de una edad en específico, sino de cierto trato. Por ejemplo, ¿recuerdan la primera vez que se refirieron a ustedes como “señor” o “señora”? ¿Qué edad tenían?

A los ojos de un niño de cinco años, un joven de veinticinco es percibido como un señor. Ante los ojos de un hombre de cuarenta y cinco años, los veinticinco años son considerados el culmen de la juventud.

¿De qué depende distinguir entre jóvenes y viejos? No sólo son los rasgos físicos, sino también la diferencia de gustos, de referencias culturales, de ciertas posturas políticas. Muchos hemos experimentado abismos generacionales, tanto con nuestros mayores como con los niños. Estos saltos generacionales son inevitables, pero creo que es posible hacerlos menos abruptos si fomentamos la interacción entre generaciones, especialmente entre aquellas que están más distanciadas. Los jóvenes suelen decir que los ancianos no los comprenden. A veces, esto sucede porque se excluye a los viejos en el día a día, como si ya no tuviéramos un lugar. Este abandono en el que se deja, en muchos casos, a los ancianos, hace que el abismo generacional sea más ancho y profundo.

Otro de los factores que genera rechazo a los viejos es que, de alguna manera, nos recuerdan el inevitable destino que nos espera a todos. Envejecer se relaciona con perder fuerza, agilidad, oportunidades, belleza. Cuando se dice “de joven uno siempre es bello”, se señala que la juventud brinda un aura de belleza que no puede replicarse. En la tragedia “Edipo en Colono”, Sófocles escribe que la vejez propicia la desconfianza entre amigos, vecinos y ciudades. Con estos versos desgarradores, Sófocles nos dice que quien mucho ha vivido sabe de traiciones, tristezas, decepciones. Envejecer nos enseña el lado amargo de la vida. No por nada, muchos viejos reprochan a los jóvenes vivir en las nubes y buscan bajarlos al mundo real. No todo es color de rosa.

Viéndolo así, no es raro que envejecer se experimente como un proceso doloroso o lamentable. Los eufemismos con los que nos referimos a la vejez –como “tercera edad” o “adultos en plenitud”– delatan nuestro miedo a ella. En civilizaciones antiguas, los ancianos y ancianas merecían un respeto especial de todas las clases de la sociedad. Poco a poco, este respeto se ha transformado en reproche. Las revueltas sociales de los sesenta son un claro ejemplo de cómo un estrato de la sociedad, la juventud, empezaba a volverse contra los viejos, representantes, a sus ojos, de todo lo que estaba mal en el mundo.

La tensión entre jóvenes y ancianos, lo nuevo y lo viejo, me recuerda a la novela “Diario de la guerra del cerdo”, del argentino Adolfo Bioy Casares. En ella seguimos a Isidoro Vidal, un hombre en el límite de la vejez, que padece una revolución sangrienta contra los viejos. La novela pinta con crudeza a los ancianos; une a la vejez con hábitos desagradables como escupir cuando se habla. Asimismo, los pinta como seres tristes y ridículos, desprovistos de toda gracia. El propio Isidoro Vidal es renuente a reconocerse como viejo. ¿Quién aceptaría serlo bajo esta óptica? La novela es desgarradora. ¿Se imaginan que grupos de jóvenes se dediquen a perseguir viejos por el simple hecho de ser mayores?

Pero hay algo que siempre olvidamos. Cada joven se acerca, inevitablemente, a su vejez. Cada paso adelante, cada momento vivido, bien podría verse como un paso hacia atrás. Siempre habrá nuevas generaciones y los jóvenes de un momento pronto serán los viejos y quedarán rezagados. Tal es el peligro de los abismos generacionales.

¿Por qué les cuento esto? Por un motivo muy sencillo. Durante la pandemia, la supervivencia de quienes somos viejos depende, en muy buena medida, de que los jóvenes se cuiden. El virus suele ser menos duro con los jóvenes y ensañarse con los mayores. Al menos en parte, la gente mayor dependemos en parte de que los más jóvenes se solidaricen y mitiguen la propagación. La brecha generacional puede costar miles de vidas.

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

@hzagal

(El autor es conductor del programa de radio “El Banquete del Dr. Zagal” y profesor de Filosofía en la Universidad Panamericana)

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias