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#LeerEsBurgués

De la tinta de Héctor Zagal.

Héctor Zagal Domingo 29 De Septiembre, 2019 · 12:22 pm
#LeerEsBurgués
Un grupo de encapuchados intentó quemar la Librería Gandhi - Especial

Hace algunos días, al grito de “¡Leer es de burgués!”, un grupo de encapuchados intentó quemar una librería del centro de la Ciudad de México, tras hace destrozos en otros negocios de la zona y en algunas oficinas de gobierno. Lamentablemente, no es la primera vez que sucede algo así. Se les llamó “anarquistas”, aunque alguien declaró que en realidad eran “conservadores”.

Bajo el nombre de anarquismo se agrupan varias tradiciones filosóficas y políticas, muy diferentes entre sí, pero que tienen como común denominador: 1) el recelo hacia el Estado; 2) el rechazo al monopolio estatal de la violencia y 3) el énfasis en la libertad individual.  El anarquismo desconfía instintivamente de la socialdemocracia, que promueve un Estado robusto, y del socialismo, que pretende un Estado poderoso y controlador. Por su parte, Marx y el socialismo soviético aborrecían a los anarquistas.

De manera esquemática, podemos decir que existen tres tradiciones anarquistas, el anarquismo clásico, que floreció en el siglo XIX. El anarquismo clásico considera, grosso modo, que la propiedad privada en un robo, que el estado de derecho es un instrumento de los ricos para controlar a los pobres y que el gobierno debe reducirse a su mínima expresión. En determinadas circunstancias, algunos anarquistas clásicos justificaron el uso de la violencia para conseguir sus fines.

Según algunos anarquistas, un ambiente de creciente espiral de violencia es el detonante ideal para la revolución. En el siglo XIX, los anarquistas se cobraron, entre otras, las vidas del zar Alejandro II (1881); de Sadi Carnot, presidente de Francia (1894); de Cánova del Castillo, presidente del consejo de ministros de España (1897); de la emperatriz de Austria, (1898); del rey Humberto I de Italia (1900) y William McKinley, presidente de EEUU (1901). A ello habría que sumar los atentados donde murieron empleados de oficinas, madres de familia, veladores. Sin embargo, también hubo anarquistas del siglo XIX, como el escritor ruso Tolstoi, que se opusieron decididamente al uso de la violencia.

El anarcoliberalismo, anarquismo individualista o anarquismo libertario es de corte anglosajón. Se trata del liberalismo más radical. Fervorosos defensores de la propiedad privada y de las libertades individuales, es enemigo de un Estado grande y regulador. Los impuestos deben reducirse al mínimo indispensable y el Estado debe limitarse a defender el derecho de propiedad privada. Los anarquistas libertarios desechan cualquier atentado contra la propiedad privada.

Finalmente, se encuentran los anarquismos posmodernos (permítaseme llamarlos así) que se nutren del postfeminismo y del ecologismo radical. Se trata, en realidad, de una diversidad de movimientos difíciles de abarcar en una sola definición. Para el anarco-feminismo, el Estado y otras instituciones encarnan el patriarcado que oprime a la mujer. Para el anarco-ecologismo, el Estado moderno y el sistema legal de propiedad privada es responsable de ecocidio. Algunos anarco-ecologistas van a más allá; las jerarquías de la sociedad propician la creencia de que el ser humano es superior al resto de los seres vivos.

El problema de estos anarquismos es que, en la medida en que recelan de los mecanismos jurídicos, se colocan a sí mismos fuera del diálogo dentro del estado de derecho. No es casualidad, conjeturo, que algunas manifestaciones y protestas organizadas por algunos seguidores de dichos anarquismos acaben en zafarrancho. No estoy diciendo, por supuesto, que se trate de movimientos intrínsecamente violentos, sino que algunos de sus seguidores pueden llegar a serlo.

Claro qué para explorar estos matices, conviene leer. Mucho me temo que los encapuchados poco podrán decir del anarquismo de Proudhon, de Bakunin, de Murray Bookchin o de los hermanos Flores Magón quienes fueron, a su modo, promotores del anarquismo en México.

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

@hzagal