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Leer por derecho no por decreto

En la tinta de Sergio Almazán.

Sergio Almazán Sábado 2 De Febrero, 2019 · 11:11 am
Leer por derecho no por decreto
Paco Ignacio Taibo, encargado de despacho del Fondo de Cultura Económica / Foto: El Informador

Algo ha comenzado mal con la Estrategia Nacional de Lectura presentada por el encargado de despacho del Fondo de Cultura Económica, el escritor Paco Ignacio Taibo quien ha puesto como problema de consumo y lectura de libros el alto costo de éstos. Si bien, como programa nacional, la estrategia es una excelente iniciativa formativa, comunicativa y cultural; las acciones parecen que no corresponden a la propuesta.

Al concluir la revolución mexicana del siglo XX, el entonces Ministro de Educación José Vasconcelos propuso crear bibliotecas públicas para que los hijos de la revolución enseñaran a leer y escribir a sus padres –el país tenía más del 80% de la población analfabeta–. Cien años más tarde, México aún tiene población que no sabe leer ni escribir: cerca de 5 millones, que representan un 5.5% de población mayores de 15 años, según  los datos del INEGI. Y quienes sí dominan la lecto-escritura, solamente el 40.8% leen literatura y en promedio dos libros al año. Es decir, seguimos siendo un país poco consumidor de libros.

A este motivo, Taibo asegura que bajando los costos y forzando (sic) a las editoriales a reducir los precios seremos un país de lectores. ¿Será la única razón o la poderosa, por la que no somos lectores constantes?… La moneda ha estado por décadas en el aire. La industria editorial en México desde la aprobación de la Ley del libro en 2008 hasta las discusiones con los priístas en 2015 que pretendían acabar con derechos conquistados en beneficio de los consumidores como precio igual en todas las librerías de un libro, la anulación de impuestos a escritores entre otros logros. No cambió los hábitos ni el consumo literario. Seguimos siendo un país de mediana lectura.

En estos días el encargado del despacho del FCE anunció la puesta en marcha de libros a menos de $50 pesos; sacar de las bodegas los libros y ponerlos a precio accesible. Es quizá una gran iniciativa pero esa es forma. El problema de fondo es más serio y menos apasionado, sino más cultural, de hábitos y gustos.

El autor de Villa, quien por décadas a recorrido ferias –que por cierto su esposa Paloma y su hija han sido las organizadoras cobrando fuertes sumas de dinero a los gobiernos locales, a las exdelegaciones por esta actividad y no pagando a ningún autor ni siquiera el café que toma por la presentación–  asistido a escuelas, plazas públicas y espacios culturales presentando sus novedades literarias, las de sus amigos, colegas y séquitos, es decir que sabe lo que los lectores quieren leer, buscan y son los temas literarios de su interés.

El reto es entonces más profundo, cómo incentivar el hábito a la lectura más allá del precio, qué estrategias y programas federales, editoriales, comunicativos y públicos contempla la Estrategia Nacional de Lectura que presentó el presidente en Mocorito la semana pasada para hacer de México un país lector, crítico, reflexivo, libre y feliz. Porque esa fue la primicia del presidente y la mágica fórmula del encargado del despacho de FCE.

La intención, la iniciativa y la Estrategia por sí misma me parece un verdadero giro a las pasadas políticas y administraciones que han abandonado a la suerte de libreros y editores, de lectores y escuelas el libro como un vehículo de transformación.

Dudo que los lectores se hagan por decreto, creo en la lectura como un derecho, pero antes debe estar otro derecho universal: saber leer.  Terminar con el analfabetismo en todos los rincones del país, respetando todas las lenguas con las que contamos y en todos los rubros de edades de la población. Saber leer y escribir es un derecho y debe de ser un decreto y compromiso. Leer es un hábito y como tal una decisión. Los lectores se fomentan no se imponen.

Abramos la discusión: @salmazan71