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Laurie Anderson habla de Lou Reed, el amor de su vida

De la tinta de Sergio Zurita.

Sergio Zurita Viernes 9 De Febrero, 2018 · 07:27 am
Laurie Anderson habla de Lou Reed, el amor de su vida
Foto: Lou Reed y Laurie Anderson

Hace diez años, en 2008, el psiquiatra Mario Zumaya y yo nos pusimos a escribir un libro acerca de las relaciones de pareja. Era un libro en el que yo, un absoluto ignorante del asunto a pesar de que ya tenía 36 años, le preguntaba a él, cuya especialidad era, precisamente, la terapia de pareja.

El libro apareció hasta 2011 y la editorial nos comisionó otro acerca del final de las relaciones de pareja. El proceso para hacer ambos libros fue lento y doloroso. Pero valió la pena. Él decía que las mejores parejas son las que se componen de dos personas muy logradas como individuos, tanto en lo personal como en lo profesional. Yo le dije, entonces, que lo más cercano a la pareja ideal era la conformada por los músicos Lou Reed y Laurie Anderson. Él estuvo de acuerdo.

Hace un par de días, vagando por internet, me encontré con un funeral que se le hizo a Lou Reed en el teatro Apollo de Nueva York, 50 días después de su muerte, acaecida el 27 de octubre de 2013. La ceremonia es un concierto donde figuras como Paul Simon y Patti Smith cantaron sus canciones. Para cerrar el evento, Laurie Anderson, su viuda, habló hermosamente de su relación con Lou. Para mi sorpresa, describió su vida en pareja con las mismas palabras que usó el doctor Zumaya, quien murió en agosto de 2015.

Teníamos razón, doctor. Lou Reed, el mismo que nació de un padre que los golpeaba a él y a su madre, y a quien le dieron electrochoques cuando era adolescente “para quitarle lo homosexual”, ése mismo Lou Reed que se atascó de drogas y era famoso por perder los estribos, pasó los últimos 18 años de su vida junto a una mujer con la que fue inmensamente feliz.

El próximo miércoles es 14 de febrero. Como un regalo para los enamorados y para quienes van a estarlo (enamorarse es tan inevitable como morir) traduje completo lo que dijo Laurie Anderson aquella noche, a 50 días de la muerte de Lou. Es un texto lleno de amor y completamente alejado de la tristeza. ¿Qué le pasa a esa parte de nosotros que estaba unida al otro cuando éste se va? La respuesta que da Laurie es totalmente inesperada y dichosa.

Les deseo que amen y sean amados como Laurie amó a Lou y Lou amó a Laurie. La lectura incluye dos de las más bellas canciones de amor que existen. Que la disfruten:

No estaba lista para todas las cosas que han ocurrido desde que Lou murió y he aprendido más en los últimos 50 días de lo que había aprendido en toda mi vida. Son cosas que jamás pude haber predicho o maquinado, cosas acerca del tiempo y la energía y la transformación, Y acerca del amor y la muerte y la compasión. Empecé a ver las cosas como si las viera por primera vez, pero todas juntas. Y es como si el mundo de pronto se hubiera abierto y todo está iluminado y transparente y absolutamente frágil. Y he tenido la gran experiencia de vivir en el presente, un estado de la felicidad más grande imaginable; estoy segura que me tomará el resto de mi vida entenderlo.

Desde el momento en que nos conocimos, Lou y yo comenzamos a hablar. Y hablamos sin parar acerca de todo lo concebible durante 21 años. Hablamos de amor y trabajo y ambición y dolor y vacaciones y entrenamiento de perros. Hablamos de lo que realmente queríamos en la vida y de cómo escapar de la noria que te lleva a hacer lo mismo una y otra vez y de cómo sobrellevar la tediosa corrección política en que se han convertido el mundo del arte y la música.

Hablamos de cómo eliminar el interminable parloteo de la mente, esa voz incansablemente crítica, el comité que te recibe todas las mañanas informándote “¡Cuán idiota fuiste anoche! ¡Vaya perdedor! ¿Qué vas a hacer al respecto?”. Hablamos de las maneras de hacer que esas esas voces desaparecieran. Hablamos de cómo encontrar nuevas palabras para las cosas y acerca del significado oculto del Tai Chi. Hablamos de cómo hacer algo hermoso, de qué hacer cuando fracasas y de cómo hacer algo supremamente feo.

Como éramos meditadores y también artistas hablábamos de las varias maneras de ver el yo, del ego, de cómo construyes una personalidad y una imagen y de pronto te quedas atrapado en ella y forzado a mantenerla consistente.

Pero Lou sabía cómo escapar. Había aprendido cómo no ser “Lou Reed” hacía muchos años. Se podía poner a Lou Reed y quitárselo como una de sus chamarras. Sabía cómo funcionaba eso y también sabía cómo meterse dentro de otras personas: cómo zambullirse dentro de ellas y ver el mundo con sus ojos para luego salir de ellas  y escribir al respecto: escribir a través del espejo. “I’ll be your mirror” no es sólo una canción, es alquimia. Era su alquimia, su magia y su compasión por otras personas, la cual sabía cómo sentir y cómo expresar.

Lou y yo hablábamos de música y de escribir canciones. La manera de escribir de Lou era esta: se levantaba a la mitad de la noche y simplemente escribía la canción. Y estaba completa, nunca le cambia una palabra, decía que “el primer pensamiento es el mejor pensamiento”. Eso me ponía furiosa, yo, que editaba cada palabra y examinaba el resultado con lentes de aumento.

Lou no escondía sus emociones. Quienes lo conocían llegaron a verlo llorar sin pudor cuando escuchaba algo indeciblemente hermoso. O cuando veía algo que se convertía en una de sus increíbles fotografías. Vivía para la belleza: cosas, ropa, muebles, música. La gente que lo conocía también llegó a vivir su enojo y su furia. Pero en los últimos años cada enojo era seguido por una disculpa, hasta que el enojo y la disculpa estaban una encima del otro, y terminaban siendo casi la misma cosa. Lou sabía lo que hacía y hacia dónde iba, y su increíble complejidad y su enojo eran parte de su belleza.

Hicimos muchas cosas juntos. Salíamos casi todas las noches en Nueva York a ver obras de teatro y conciertos y espectáculos y fuimos a África y fuimos en busca de magia y fuimos en peregrinajes y fuimos a nadar y nos cuidábamos el uno al otro cuando nos enfermábamos y criamos a nuestros perros, Lola Belle y Will.

Inventamos mundos privados con incontables personajes demenciales, construimos casas, tocamos juntos, nos fuimos de gira. Y tocar con Lou era todo un placer. Todos los que tocaron con el saben que de pronto cambiaba el tempo y cantaba haciendo que las palabras sonaran de una manera que jamás habías oído antes y eras arrastrado por una marea inmensa de música llena de libertad y gozo. “Toca el solo más rápido. ¡Vamos! ¡Eso, así, exacto!”. 

Yo era su compañera tanto en el trabajo como del amor. Lou era verdadero y completamente transparente. Nunca tuve ni una sola duda de que nos amábamos más allá de cualquier cosa, desde la primera vez que nos vimos hasta el momento en el que murió. Y casi todos los días nos dijimos: “Tú, TÚ eres el amor de mi vida” o alguna versión de eso en uno de nuestros muchos lenguajes privados. Sabíamos exactamente lo que teníamos y estábamos mucho más agradecidos.

Lou me ayudo de incontables maneras como compañero, como crítico y como escritor. Cuando estaba teniendo problemas para terminar un disco y quejándome y preocupada me dijo “no puedo soportar esto ni un segundo más, voy a ir contigo al estudio y me voy a quedar ahí hasta que acabes”. Esto puede sonar ominoso, una pésima idea, pero resultó maravilloso. Le dio energía y diversión y era tan intuitivo… Como si fuera su propio trabajo; porque de muchas maneras lo era y las fronteras podían ser muy fluidas.

Como compañero, también se es un testigo. Esta me parece una de las mejores cosas que se tienen en una pareja. Poder decirle a alguien: “¿Acaba de pasar lo que pasó?”. “¿Viste lo que yo acabo de ver?”. Y que una voz familiar y confiable confirme tus experiencias.

Pero no teníamos la clase de relación en que la otra persona tiene las cualidades que a ti te faltan y tratas de ser una persona completa combinando a los dos. Tampoco completábamos las oraciones del otro. Nunca sabía hacia donde iban las cosas, e incluso si estaba enojada y frustrada, nunca estuve ni por un segundo aburrida.

Como muchas personas que se vuelven parejas, hay una parte de ti que se vuelve conjunta, parte de ti que hace los ajustes que necesitas hacer con tu ego y tus propios planes para poder ser parte de una pareja y que sea una experiencia feliz. Así que cuando una uno de los miembros de la pareja muere o se va, ¿qué pasa con esa parte que de ti que era una mezcla de los dos?

Yo no estaba realmente preparada para el shock de lo que pasó después Y nunca había oído ni leído nada al respecto, pero lo que pasó fue realmente increíble, la parte que hacía los ajustes, esa parte, de pronto estaba llena de llena de la más sobrecogedora energía y gozo infinito y amor. Y esto ha sido tan inesperado y extraño y sorpresivo que yo difícilmente sé qué hacer con toda esta felicidad. Y probablemente me tomará el resto de mi vida descifrarlo.

Lou y yo hablamos del instinto y de cómo confiar en él Y cualquiera que haya pasado tiempo con Lou sabe de un gesto que hacía de levantando su brazo para enseñarte como se le había puesto la carne de gallina y los vellos erizados. Así es como acepto esta felicidad salvaje y esta extraña y vibrante energía mientras fluye haciendo el nido para un regalo.

Nunca hablamos de qué pasaría cuando alguno de nosotros muriera y lo que haría el otro, pero viviendo en el presente lo veo en todas partes y la manera en que su vida se ha transformado en energía donde quiera que miro. La veo en la naturaleza Y la veo en las cosas que la amaba y veo su exuberancia y a veces oigo su enloquecida carcajada o veo sus gestos y sus hermosas manos comenzando hacer la forma 21 del Tai Chi.

La música puede meterse dentro de ti y hacerte bailar y la energía hace lo mismo. Y finalmente veo por qué al Tai Chi se le llama meditación en movimiento Y lo que el Tai Chi podía realmente significar para Lou cuando estudiaba con sus amigos y su amado maestro, el maestro Ren. Y finalmente veo cómo la gente se transforma en música y en luz y eventualmente en otras personas y en lo fluidas que son las fronteras.

Lou y yo estudiamos con nuestro maestro Mingyur Rinpoche, que nos enseñó muchas cosas que tratamos de poner en práctica. Uno de los ejercicios más difíciles fue cuando nos dijo: “Practiquen cómo sentirte tristes sin estar tristes”, lo cual es mucho más difícil de lo que parece: cómo sentirse triste sin estar triste. Y trabajamos en ello toda nuestra vida. Mingyur hizo hermosos retratos de Lou y de mí, hermosos dibujos de símbolos de nuestro mantra: “om a jom”. Lo hablamos y lo pensamos y tratamos de vivirlo. El “om”lo es todo y está en la cabeza. Y el “a” es la experiencia, en la garganta, de la sensación sin aliento del instante. La sílaba de Lou, “jom”, se centra en el corazón y es la sílaba que significa que la conciencia completa, todo lo que existe, desciende hacia abajo, desde la cabeza, y se expresa como una explosión en el corazón humano. Una de las últimas canciones que compuso Lou es una canción hermosa llamada “The power of the heart”, que es una canción de amor.

Así que, ¿cómo debemos vivir? Lou y yo tratamos de inventar muchas fórmulas diferentes y nuestra respuesta a lo absurdo de la vida siempre fue tratar de hacer algo hermoso. Y además teníamos tres reglas que tratábamos de seguir y aquí están.  Número uno: no le tengas miedo a nadie. ¿Se pueden imaginar cómo serían sus vidas si no le tuvieran miedo a nadie? Número dos: tener un gran detector de patrañas y aprende a usarlo y cómo aplicarlo. Y la tercera: sé tan tierno como puedas, abierto al mundo y enamorado de todo y de todos.

Lou y yo meditábamos juntos de muchas maneras diferentes y en muchos lugares diferentes y confiados en las cosas que el cuerpo puede hacer. El instinto sobre la razón. Y tratamos de vivir en el presente. Hicimos meditaciones acerca del sonido y de la luz y del tiempo y simplemente las inventábamos. “Quédatele viendo a esa grieta de la alberca durante tres minutos”. O “mira la mancha de mi ojo durante una hora”. Voy a hacer una de estas meditaciones y voy a enseñarles cómo se hace.

(Guarda silencio durante un minuto).

¿Ven cómo funcionan los seres humanos? Somos tan exquisitos. Ya lo sabemos todo y tenemos todo lo que necesitamos para vivir en el presente y ya tenemos todo lo que necesitamos para vivir nuestras vidas.

Ya casi llegamos al final de esta velada y voy a decir una cosa más sobre Lou. Es importante recordarlo como una persona. Los mitos ocurren y se crean a través de repetición y sobresimplificación. No se supone que nos idolatremos unos a otros, sino que tomemos cosas unos de los otros para convertirnos en las mejores partes de todos.

Estoy pensando en algo que decía Lou cuando íbamos a restoranes o a pizzerías realmente buenas. Me miraba y me decía: “Como tú siempre dices, ‘con pan y queso nunca se desperdicia el dinero'”. Yo no recuerdo haber dicho eso nunca, ni nada respecto al pan y el queso, pero se convirtió en algo que a Lou le encantaba “citar”. 

Lou me enseñó tantas cosas. Yo también le enseñe algunas cosas y durante los últimos meses de su vida estaba tan maravillado por la naturaleza, por la belleza del agua y de los árboles. Y con frecuencia me decía: “Siempre me dijiste que los árboles bailan y ahora veo que sí bailan, están bailando”. Mirábamos el cielo por horas y simplemente flotábamos.

Quiero tocar una muy breve canción que le compuse a Lou en su cumpleaños hace unos años y se llama “Flow”.

(Toca el violín lenta, bellamente. Fin).

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias