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Las vacunas rusa e inglesa contra la COVID-19

De la tinta de Arturo Barba.

Arturo Barba Viernes 11 De Septiembre, 2020 · 08:48 am
Las vacunas rusa e inglesa contra la COVID-19
Solo con la vacuna será posible lograr nuevamente algún tipo de normalidad / Freepik

El mundo espera la anhelada vacuna contra la COVID-19. Sin duda alguna, hoy en día es la vacuna más esperada por la humanidad. Y no es para menos: los costos humanitarios, económicos, sociales y políticos han sido enormes y estarán entre nosotros durante mucho tiempo.

Las más de 900 mil personas que han perdido la vida en todo el mundo y las más de 28 millones que han sido infectadas por el SARS-CoV-2 son motivo más que suficiente para buscar con ahínco la inmunización que permita luchar contra el microscópico enemigo. Solo con la vacuna será posible lograr nuevamente algún tipo de normalidad.

Dos de las potenciales vacunas que ya se encuentran en fase de experimentación con humanos han ocupado las noticias de los medios de todo el mundo esta semana: la vacuna inglesa, que desarrolla la Universidad de Oxford, llamada ChAdOx1 nCoV-19 y que producirá la farmacéutica británica-sueca AstraZeneca; y la vacuna rusa conocida como Sputnik V, que prepara el Centro Nacional de Investigación en Epidemiología y Microbiología N. F. Gamaleya, de Moscú.

Ambas noticias se entrelazan y son muestra de dos caras de una misma moneda en la lucha económica, mercadológica y política que rodea este necesario y urgente avance científico y técnico.

Por un lado, las pruebas que forman parte del ensayo clínico Fase 3 de la vacuna de la Universidad de Oxford cayeron en una pausa global debido a un presunto evento adverso: una persona en Gran Bretaña que forma parte del ensayo experimentó síntomas de una –poco común– afección llamada mielitis transversa, que consiste en una grave inflamación de una sección de la médula espinal. Aunque se ignora del todo la causa de esta rara enfermedad, se ha relacionado con infecciones virales.

De ahí que el equipo de científicos de la Universidad y de la farmacéutica hayan decidido suspender las pruebas masivas que se lleva a cabo en 50 mil personas. Aunque existe la posibilidad de que el padecimiento se deba a una susceptibilidad preexistente de la persona afectada, los protocolos de investigación científica establecen la necesidad de investigar a fondo el suceso por parte de un equipo de científicos externos al proyecto.

Mientras no se tenga la idea clara del suceso, las pruebas quedan suspendidas y, en caso de que no tenga relación directa o indirecta con la vacuna, el experimento podrá continuar. De lo contrario, estaríamos ante el primer caso de una potencial vacuna fallida.

 

Vacuna rusa

Tras un mes de ocupar los espacios noticiosos de todo el mundo, por fin, Rusia reveló los primeros datos científicos de su vacuna contra la COVID-19, llamada Sputnik V.

Luego de que el pasado 11 de agosto el presidente ruso, Vladimir V. Putin, anunciara con bombo y platillo que científicos de su país habían obtenido “la primera vacuna del mundo contra la COVID-19” –lo que se presumió como un “momento Sputnik”, por el primer satélite artificial en 1957–, tuvo que esperar un mes para convertirse en apenas una simple aspiración a potencial vacuna.

Tras las críticas de científicos de todo el mundo, el 4 de septiembre pasado fueron revelados los primeros datos en la revista The Lancet –una de las más importantes del campo biomédico–, obtenidos entre un grupo muy reducido de personas.

“Entre el 18 de junio y el 3 de agosto de 2020, inscribimos a 76 participantes en los dos estudios (38 en cada uno)”, informa el artículo científico. Es decir, apenas siete días antes del anuncio anticipado de Putin, los investigadores rusos habían seleccionado a las personas que serían sometidas a los ensayos clínicos Fase 1 y 2.

En un solo ensayo, los científicos del Centro Nacional de Investigación en Epidemiología y Microbiología N. F. Gamaleya, de Moscú, abordaron las fases 1 y 2, pero lo hicieron con solo dos grupos de 38 personas cada uno, con adultos sanos (hombres y mujeres) de entre 18 y 60 años.

Los investigadores rusos demostraron que la vacuna genera anticuerpos neutralizantes contra el coronavirus en los 76 participantes y que solo causa efectos secundarios leves.

Sin embargo, la investigación aún no sabe si las personas que están vacunadas tienen menos probabilidades de infectarse que las que no lo están y tampoco está claro que la vacuna evite la infección del virus real; para ello son necesarios los ensayos masivos de Fase 3 que todavía no llevan a cabo.

En un artículo publicado en el mismo número de la revista The Lancet realizado por Noar Bar-Zevv, del Centro Internacional de Acceso a Vacunas de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins, destaca que el ensayo estableció neutralización completa en los participantes.

Asimismo, indujo amplias respuestas inmunes con una ponderada producción de células T colaboradoras, que son importantes para la seguridad de la vacuna, reduciendo potencialmente el riesgo de enfermedad.

No obstante, una de las limitaciones notables del ensayo ruso es que la población que se incluyó en el ensayo es personal militar joven. Es probable que los soldados estén más en forma y más sanos que la población en general. Por otro lado, en los ensayos no se incluyeron grupos de adultos mayores ni vulnerables, en quienes la vacuna podría ser menos efectiva.

Los investigadores hacen hincapié en la necesidad de realizar pruebas masivas de Fase 3 que contemplen grupos de control y placebo, que aún no se llevan a cabo con la Sputnik V. “Los resultados de seguridad hasta ahora son tranquilizadores, pero los estudios hasta la fecha son demasiado pequeños para abordar eventos adversos graves menos comunes o raros”, indica Noar Bar-Zevv.

De hecho, los propios desarrolladores de la vacuna afirman en The Lancet que “se necesitan más investigaciones para evaluar la vacuna en diferentes poblaciones, incluidos grupos de mayor edad, personas con afecciones médicas subyacentes y personas en grupos de riesgo”.

 

Contrastes

Muchos son los contrastes entre ambas vacunas. Mientras que la Sputnik V realizó sus pruebas de Fase 1 y 2 con, apenas 76 personas, la de Oxford se probó en esas fases, en 2 mil personas.

Asimismo, la de Oxford brinda información científica de todo el proceso de experimentación, desde sus pruebas en laboratorio con cultivos celulares, pasando por las pruebas en monos, hasta todo el proceso de experimentación humana. De hecho, las pruebas Fase 3 ya tenían poco más de un mes de avance.

El artículo publicado en The Lancet es la primera evidencia pública sobre la Sputnik V: no se sabe nada de los resultados en la fase de experimentación con cultivos celulares ni con animales.

Asimismo, la vacuna rusa tuvo el permiso para llevar a cabo su Fase 3 de experimentación el pasado 26 de agosto, que será aplicado en 40 mil personas.

 

Elementos comunes

Es curioso que las dos vacunas tengan prácticamente el mismo mecanismo de inmunización: utilizan el gen del virus SARS-CoV-2 que produce la glicoproteína espiga “S”, que forma las protuberancias que parecen espinas o espigas –que, vistas al microscopio, le dan la apariencia de corona– y que usa el virus para invadir las células humanas. La reprodujeron de manera artificial en el laboratorio.

Luego, tomaron adenovirus que ocasionan la gripe común y lo usaron como vector o vehículo para transportar esa proteína al interior de las células humanas. Una vez que el adenovirus es inyectado en las células musculares, no hace copias de sí mismo ni causa enfermedades, solo introduce el gen de la proteína S del SARS-CoV-2 en las células humanas y estas comienzan a reproducir la proteína.

Esta proteína del virus funciona como antígeno que, al introducirse en las células humanas, genera una respuesta del sistema inmunitario y produce anticuerpos contra él, principalmente células T. De esta manera, cuando el organismo humano se expone al virus real, las células inmunitarias de la persona vacunada están preparadas para neutralizar las células infectadas y prevenir así la enfermedad.

La proteína S del coronavirus introducida por los adenovirus es extraña, por ello, el organismo humano genera una respuesta inmune en las personas que participan en los ensayos.

 

La lucha por el mercado

Nos encontramos ante una guerra abierta por conquistar el jugoso mercado de la vacuna contra la COVID-19, pues se trata de un asunto de seguridad de todas las naciones del planeta.

Aquellos países incapaces de producir su propia vacuna buscan asegurar la posibilidad de comprar una o más. Los países capaces de producir su propia vacuna buscan la manera de asegurar el abasto de varias.

Ninguna empresa farmacéutica, por grande que sea, es capaz de abastecer vacunas suficientes para las siete mil 500 millones de personas que habitan el planeta. De ahí que tanto las compañías como los países empiecen a mover sus piezas para conquistar mercados y/o asegurar el abasto de una vacuna. Y en este engranaje el tercer mundo es un cliente atractivo que, además, puede ser engañado.

Una vez que se apruebe, la empresa AstraZeneca que producirá la vacuna de Oxford tiene asegurado gran parte del mercado latinoamericano de más de 450 millones de dosis. De ahí que haya buscado aliados en Argentina y México para maquilar parte de la vacuna.

Por su parte, la vacuna rusa se ha valido de las peores estrategias “comerciales” del régimen de Putin. Está comercializando una vacuna que todavía ni siquiera ha iniciado la Fase 3 de experimentación.

Antes de tener resultados de las pruebas clínicas las embajadas rusas y la empresa estatal Fondo Ruso de Inversión Directa ya están ofreciendo y comercializando su “vacuna” a gobiernos de países como México. Y han encontrado eco en gobiernos incautos: antes de que se conocieran los resultados de los experimentos científicos y previo a que el propio Ministerio de Salud de la Federación Rusa aprobara el ensayo de Fase 3, el canciller Marcelo Ebrard anunció, el pasado 20 de agosto, que una pequeña parte de los ensayos clínicos de la Sputnik V se realizarían en México, con 2 mil participantes.

La empresa de genéricos Landsteiner Scientifici, ubicada en México, ha anunciado que comprará 250 millones de dosis de la Sputnik V sin tener la certeza de que realmente funcionará.

Una de las diferencias más notables entre las vacunas rusa e inglesa es la transparencia de la información. Se encuentran en polos opuestos: mientras que una ha demostrado apegarse a los protocolos científicos más estrictos, la otra oculta información y vende un producto todavía inexistente.

Se trata de potenciales vacunas que todavía tienen que demostrar que funcionan en sus pruebas masivas con humanos antes de ser aplicadas en poblaciones enteras.

 

Comentarios y sugerencias: @ abanav y abanav@gmail.com

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias