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Las TIC en elecciones, ¿positivo o negativo?

De la tinta de Arturo Espinosa Silis.

Arturo Espinosa Silis Miércoles 5 De Febrero, 2020 · 08:34 am
Las TIC en elecciones, ¿positivo o negativo?
El uso de tecnología en las elecciones va más allá del voto electrónico / Foto: Ilustración

Un debate recurrente que se da en torno a la organización de las elecciones es aquel sobre la pertinencia de incorporar las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) en las diferentes etapas del proceso electoral. Recordemos que el uso de tecnología en las elecciones va más allá del voto electrónico, pues también se puede aplicar para la transmisión de resultados, el rastreo de materiales electorales o para la identificación de los electores a través de los datos biométricos, por mencionar algunos ejemplos.

El año pasado, el debate sobre el uso de la tecnología se intensificó en México pues diferentes organismos electorales locales han realizado importantes avances en la incorporación de la tecnología para la mejora de la calidad de las elecciones. En nuestro país, los institutos electorales de Coahuila, Ciudad de México y Jalisco han sido pioneros en la implementación del voto electrónico y de otras herramientas para el desarrollo de procesos electorales que han sido realmente innovadoras.

Y aunque en efecto, el uso de las TIC en las elecciones puede resultar positivo, estas innovaciones deben implementarse de manera cautelosa y nunca debe asumirse que son infalibles. El desencuentro más reciente entre la democracia y la tecnología se dio −por increíble e inesperado que parezca− en Estados Unidos.

Este lunes vimos cómo en el caucus del Partido Demócrata en Iowa no fue posible determinar los apoyos obtenidos por cada aspirante en un tiempo razonable. Esto se debió a que la aplicación mediante la cual se recuperaba la información de cada asamblea celebrada en todo el estado falló en la compilación y transmisión de resultados. El “Plan B” del partido era reportar los resultados vía telefónica, pero teniendo en consideración que se instalaron 1,678 recintos electorales −en adición a las 99 ubicaciones satelitales en Iowa, en todo el país y en el extranjero−, este proceso resultó mucho más lento y complicado de como estaba previsto a pesar de que no se trata de un proceso electivo en el que participen muchas personas (la participación se estima entre 170,000 y 200,000 electores).

Finalmente, para tratar de darle algo de certeza al resultado se ha optado por llevar a cabo recuentos manuales, lo que ha provocado que a la hora que escribo estas líneas apenas se tenga un avance del 62 % en el conteo de actas. Hay que recordar que a diferencia de una elección en la que quien obtiene más votos que el resto de los aspirantes gana la contienda, en el sistema de delegados por estado los apoyos se distribuyen proporcionalmente entre los contendientes, por lo que después de obtener resultados es necesario proceder con la aplicación de las fórmulas de proporcionalidad.

Lo sucedido en Iowa, dada la relevancia emblemática que tiene este estado en la contienda presidencial estadounidense, solo puede considerarse como un descalabro para el Partido Demócrata, que termina por dejar un mal sabor de boca para quienes aspiran a derrotar a Donald Trump en noviembre de este año.

Una falla tecnológica de esta magnitud genera severos cuestionamientos sobre la certeza de los resultados y mina de manera importante la confianza en las elecciones. Es por ello, que por positivo que resulte el uso de tecnología en los procesos electorales, siempre debemos ser cautelosos al momento de la implementación, en mi opinión se debe hacer de manera paulatina, previamente realizar numerosas pruebas y ante todo siempre tener una o varias alternativas en caso de que pueda haber un fallo.