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La violencia abrillantada

Sergio Almazán Sábado 17 De Agosto, 2019 · 10:02 am
La violencia abrillantada
Mujeres se manifiestan en la Ciudad de México / Foto: Especial

Según la UNICEF se entiende por violencia de género todos los actos perjudiciales perpetrados en contra de las mujeres sobre la base de las diferencias sociales, culturales, físicas, biológicas, psicológicas y económicas que la sociedad asigna a hombres y mujeres en las relaciones institucionales, sociales y políticas. México en ese sentido ha avanzado en términos de visibilizar, regular y tipificar en sus leyes como delito este tipo de violencia.

Hasta aquí parece que estamos cumpliendo con lo estipulado en los acuerdos de Derechos Humanos Internacionales en la forma, pero sabemos que en la práctica aún estamos lejos de alcanzar la equidad y el respeto entre la sociedad y sus expresiones diversas de sexo, raza, color y condición económica. Las brechas son a veces irreconciliables: violencia, iniquidad, desigualdad, racismo, feminicidio, homofobia o clasicismo, son expresiones tan comunes que parecen correctas y naturales.

En esta semana los casos de violencia sexual hacia mujeres en la Ciudad de México puso a las autoridades sobre el muro sancionador y en la cuerda floja a la ya muy deslavada imagen de la jefa de gobierno y el secretario de Seguridad Ciudadana Jesús Orta –quien por cierto, recibió una expresión violenta de brillantina púrpura–, a quienes, una vez mas, las circunstancias rebasan su capacidad o poder de respuesta oportuna, acción clara y de cara a la magnitud de los actos gravísimos que enfrentamos a diario en las calles con la delincuencia o  el cuerpo policiaco. ¡Es reprobable la debilidad de las autoridades! Como inadmisible ser violentados por quienes deben de ofrecer seguridad a la sociedad.

Como también es injustificada la respuesta enconada de la sociedad. Mujeres enfurecidas que pierden o desvían la intencionalidad de la queja y desesperación cayendo en la respuesta violenta, agresiva y desconociendo a la autoridad. Ese acto de aventar brillantina al secretario se puede leer por parte de las agraviadas como una desesperada respuesta a la vulnerabilidad con que se vive y enfrentan las mujeres –entre otros grupos de diversidad sexual– en las calles, colegios, hospitales y casa. Pero por parte de la autoridad, se interpreta como un signo inequívoco de desconocimiento total por parte de la sociedad. Por donde se le vea todos perdemos con estos gestos violentadores/provocadores.

Esta manifestación, expresión pública del enojo y la desesperanza no puede ni debe de ser con el rostro oculto, con el uso de la fuerza física sobre los inmuebles que asientan el poder de seguridad porque entonces pasa al otro lado, al de la violencia, la agresión, la fuerza del físico antes que las ideas y la aplicación de las leyes. Respondieron con la misma violencia  que las llevó a las calles, a exigir justicia, protección, respeto, ejercicio pleno de la seguridad hacia las mujeres. Y no se puede pedir respeto y protección con violencia. La irritación, el enojo, el dolor, la impotencia, no son justicieras; por su parte, la razón deben de ser el eje cuando salimos a denunciar, alzar la voz y exigir en el espacio público la acción de las autoridades. Si lo hacemos desde la violencia, entonces estamos abrillantando, lustrando, engrosando los ilegítimos ejercicios de los que somos víctimas: violencia con violencia.

De parte de las autoridades, la dinámica que ahora mueve a la ciudad es la violencia en todas sus formas, expresiones y grados. Seguramente, ellas saben y conocen la magnitud en que las garras de inseguridad, agresión, impunidad y crimen se han agazapado en la vida urbana de nuestras calles, casas, oficinas y escuelas. Pero nada de ello justifica para que los sucesos los rebasen, los atropellen, dejándonos a los de a pie desprovistos de justicia.

¿Cómo fue que llegamos a estos niveles de agresión y violencia? No solo tiene un lado las causas, los agresores han roto los límites de respeto y los agraviados han pasado al otro lado de la frontera quizá porque las autoridades no han sido efectivas, ni preventivas y la impunidad reina en nuestra relación sociedad-autoridad. Es decir, la Ciudad de México ha tocado su límites de respuesta, de prevención y sanciones efectivas, para que tanto los agraviados como los agresores no se queden en el vacío de la justicia.

Lo visto por las mujeres encubiertas y enfurecidas destruyendo las puertas de las instalaciones de seguridad ciudadana es un ejemplo claro que hemos perdido la brújula de esperanza y confianza legal. Su enojo y rabia son comparables con la desesperanza y acéfala autoridad y justicia. Esa violencia abrillantada debe no quedarse como un acto iracundo. Los autoridades nos deben una respuesta ejemplar a la violencia y los ciudadanos un retorno razonable a las denuncias.

 

Abramos la discusión: @salmazan71