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La vara con que nos miden

De la tinta de Sergio Almazán.

Sergio Almazán Sábado 30 De Mayo, 2020 · 09:00 am
La vara con que nos miden
La vara con que se elija medir el crecimiento de un país pese al Covid-19, en general responderá a lógicas y sistemas del mercado internacional - Reuters

Hace dos décadas que los líderes del mundo discutían sobre el nuevo orden social de las economías globales, el consumo, el crecimiento y el bienestar de las poblaciones en función a otro factor, simbólico e intangible pero posible de  medir: el desarrollo humano. Es decir, junto a la producción, ingreso, egreso y salud, se ha hablado y discutido desde los foros en Francia, Davos y Seattle los derechos humanos y el bienestar en términos de libertad de expresión y libre tránsito, equidad, protección de la vida y el desarrollo de mujeres, niños y comunidades de diversidad sexual y genérica.

El gran reto que las economías del mundo tienen –agudizada con la pandemia del Covid-19– es el desarrollo humano que equivale a garantías de derechos humanos, acortar las brechas de pobreza en términos no sólo de recursos económicos, sino humanos: salud, respeto al entorno y costumbres o tradiciones, calidad de vida (medio ambiente, sistema de salud y servicios básicos y alimentación garantizada) y bienestar entendido en función de seguridad, erradicación de violencia intra y extrafamiliar, evitar la discriminación por raza, género o condición social  y posibilidad de acceso al oportunidades a través de la educación y las tecnologías del conocimiento.  Y eso quizá se acerca a lo que algunos filósofos, sociólogos e incluso economistas han llamado el índice de felicidad. Porque, aunque se piense que es una locura medirla, es posible en función de oportunidades, desarrollo y progreso. Tres ejes para los que hay que dotar a las sociedades de herramientas mínimas como escenarios de paz, alimentación, educación y salud.

La vara con que se elija medir el crecimiento de un país, en general responderá a lógicas y sistemas de mercado internacional, sobre todo en tiempos de globalización y neoliberalismo, pero justo en ese contexto, los economistas, ideólogos, filósofos y científicos sociales y políticos han discutido sobre una regla general básica: el Desarrollo Humano que incluye sistemas medibles con un piso mínimo y un techo promedio de bienestar social que se traducirá en felicidad, oportunidad y crecimiento sustentable, trilogía que las utopías globales de los mercados miden y califican.

Los sistemas de medición de desarrollo y crecimiento de un país cada vez son más sofisticados, complejos y correlacionados. Es un error pensar que cuando se habla de medir la felicidad sea un sistema de felicitódromo, como diría Borges hay que ser idiota para caer sólo en ese concepto Se debe replantear la propuesta que bien llevada, es un mecanismo muy importante para conocer dónde están rotas lasa cadenas de crecimiento, dónde falta trabajar en políticas públicas para cimentar los mínimos de pisos de la sociedad y proyectar crecimiento y desarrollo. No se trata de sólo de pensar, si  los pobres pueden cubrir –con un programa social –la mitad o poco más de la canasta básica, sino de completar el cuadro básico de bienestar: servicios de luz y agua potable, seguridad, atención a la salud, cobertura y oferta educativa, acceso a las tecnologías útiles y en concordancia con el entorno; atención a la violencia y mecanismos para disminiurla o erradicarla. Esos son índices de felicidad en la medidas que son ejes de desarrollo.

El Indice de Desarrollo Humano es un instrumento que mide el progreso de las naciones con respecto a longevidad, educación, ingreso económico como base para una vida digna. A estos indicadores se han sumado desde ecología hasta protección a la vida: derechos humanos, migración, libertad y urbanización. A este tipo de modelos México se ha sumado y el INEGI ha hecho sistemas de medición con lo que recaba información, analiza  datos y crea programas que van desde políticas públicas de población, vivienda, salud y violencia.

Lo que debemos hacer de estos modelos de medición es no alterarlos, no dirigirlos a sistemas de medición política o ideológica, sino que sus datos que arrojan deben crear programas, estrategias y vigilancia de su cumplimiento más allá de programas asistencialistas y pugnas entre partidistas. Lo complejo de nuestro país es lo diverso, polarizado e ideológiocamente manipulado que se interpretan los datos más con fines electorales, clientelistas que sociales y de una genuina política pública de desarrollo. Seguimos siendo medidos con la vara del político y de las políticas sociales.

Abramos la discusión: @salmazan71

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias