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La Presidencia del INE

De la tinta de Arturo Espinosa Silis

Arturo Espinosa Silis Miércoles 13 De Noviembre, 2019 · 09:52 am
La Presidencia del INE
Instituto Nacional Electoral / Foto Ilustrativa

Pedir la cabeza de las y los consejeros electorales para satisfacer las pretensiones de quienes piensan que la modificación de las reglas electorales es la panacea para los graves y complejos problemas de este país, se ha vuelto un aspecto invariable de los procesos de reforma electoral en México.

En 2007, se determinó la salida anticipada de quien era el consejero presidente, Luis Carlos Ugalde y de otros consejeros electorales; en 2014, con el pretexto de transitar del entonces Instituto Federal Electoral (IFE) al del Instituto Nacional Electoral (INE), se disolvió el Consejo General del organismo terminando de manera anticipada los encargos de los consejeros.

Una nueva propuesta (https://issuu.com/sergiogutierrezluna/docs/20191105155457141) presentada la semana pasada busca que la Presidencia del INE sea rotativa y que cada tres años se designe una nueva presidencia del Instituto con el voto de dos terceras partes de las y los integrantes de la Cámara de Diputados; sin más detalles de la mecánica de selección.

Es cierto que, en otros órganos colegiados, la Presidencia es rotativa y la eligen sus integrantes; sin embargo, no en todos los casos esto ha sido funcional. Encabezar un órgano colegiado sin duda es complejo, implica mantener los equilibrios entre quienes le integran y que el primus inter pares pueda conducir satisfactoriamente la institución. Aunque esto suena muy fácil, la experiencia muestra que es sumamente complejo y que, en realidad, en muchos casos, lo que ocurre es que la lucha interna por el gobierno de la institución termina por debilitarla y deslegitimarla.

Desde la reforma de 2007-2008 y posteriormente en la de 2014, se han reducido las facultades de la Presidencia del Consejo General del INE, por ejemplo: el consejero o la consejera presidenta no cuentan con voto de calidad en caso de un posible empate –lo que ha afectado la funcionalidad del consejo cuando se ha encontrado incompleto–, ya tampoco integra las comisiones en las que en primera instancia se analizan y discuten los asuntos que posteriormente pasan al Consejo General, éstas entre otras que se pueden mencionar.

La historia institucional del INE no ha sido fácil y nos ha enseñado que modificar los periodos de duración de los cargos de la autoridad electoral no es una buena idea, la remoción anticipada de Luis Carlos Ugalde en 2008 y la disolución del Consejo General en 2014 sin que todos sus integrantes se integraran al nuevo órgano, generaron fisuras importantes que hasta la fecha no se han podido reparar. Este caso provocaría efectos similares. No se ve cómo contribuirá a la fortaleza institucional la modificación –ahora- de la duración del cargo del actual Consejero Presidente del INE; y por el contrario, parece que se trata de una búsqueda por inclinar la balanza institucional en favor de un grupo político.

A veces parece que nos negamos a entender que el árbitro electoral, IFE o INE, es una institución fundamental para nuestra democracia; que minar su autonomía e independencia y reducir su capacidad operativa y técnica demerita la calidad de los procesos electorales que se llevan a cabo en el país; y por supuesto, que tener procesos electorales deficientes y autoridades electorales débiles es mucho más costoso en términos políticos, sociales y económicos que contar con una autoridad electoral sólida y funcional.

@EspinosaSilis