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La pictocracia nacional

Héctor Zagal 9/Dic/18 10:04
La pictocracia nacional
Yalitza, con sus rasgos mestizos y su castellano suave al oído, representa un grupo mucho más numeroso en nuestro país que Cuarón o Del Toro

De la tinta de Héctor Zagal.

Durante los últimos años, los óscares de la Academia le han dado motivos de orgullo a México. Quizá se trate de algún tipo de compensación cósmica: todos conocemos la maldición del quinto partido.

La cuestión de si deberíamos o no considerar el triunfo de un compatriota en el extranjero como un triunfo para el país da para una columna entera (como mínimo). Tal vez, dicen algunos, es un indicio de que algo en México no funciona, y de que es necesario emigrar para triunfar. No lo sé. Dejo el tema para otro domingo.

El hecho es que cuatro de los últimos cinco premios a mejor director fueron para mexicanos: Alfonso Cuarón, Guillermo Del Toro y Alejandro González Iñárritu, (dos veces). Podemos sumar dos galardones a mejor película para Del Toro e Iñárritu, los tres premios a mejor cinematografía a Emanuel Lubezki y el óscar a mejor actriz de reparto para Lupita Nyong’o. Todo en un solo lustro. Este año es posible que el premio vuelva a manos de Cuarón por Roma… y que también se lo lleve Yalitza Aparicio, quien interpreta el papel protagónico.

Su actuación, devastadoramente auténtica, ha sido aplaudida en medios internacionales. Su trabajo es especialmente admirable, pues Aparicio, normalista oaxaqueña, carece de experiencia actoral previa. Asistió al casting únicamente para dar gusto a su hermana.

Lo triste es que, si bien ha recibido muchos aplausos en México, también ha sido víctima del racismo. Por ejemplo, cuando “Vanity Fair” publicó fotos de una sesión donde Aparicio aparece vestida de Gucci y Louis Vuitton, hubo comentarios absurdos como “ese tipo de ropa no estaba diseñado para el físico indígena”, “que no vayan a pensar que todas las mexicanas son así” o, sencilla y cruelmente, sentenciando que “aunque la mona se vista de seda…”

Yalitza, con sus rasgos mestizos y su castellano suave al oído, representa un grupo mucho más numeroso en nuestro país que Cuarón o Del Toro, criollos de clase media; Lubezki, descendiente de migrantes europeos o Nyong’o, hija de diplomáticos extranjeros. Si tenemos que construir imaginariamente al mexicano promedio, tendríamos a alguien más parecido a Yalitza que a cualquiera de ellos.

Roma también muestra un México real, vívido, sin adornos. A veces, por lo que retrata cierta publicidad y películas, un extranjero podría pensar que todos los mexicanos son güeros o que todo México es como La Condesa y San Ángel. Todos somos mexicanos. Y tenemos muchos rostros, muchos colores de piel. Sin embargo, por momentos se antoja que México es una pictocracia: un país donde el color de piel suele estar asociado a la clase socioeconómica a la que se pertenece.

La cereza en el pastel

Hace un par de días, un joven, al parecer un deportista, aplaudió en un video la persecución de Hitler contra los homosexuales. No se trata de homofobia simple, sino de una mezcla de odio, violencia y estulticia. Y, dicho sea de paso, Hitler asesinó también a judíos, gitanos, personas con discapacidad, comunistas, testigos de Jehová, muchachos que bailaban swing (así como lo oyen). El personaje se ha disculpado después de ver la reacción en redes. Lo peor, me parece, es que muchos lo apoyaron diciendo que era libertad de expresión.

Sapare aude! ¡Atrévete a saber!

@hzagal