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La moda nazi

De la tinta de Héctor Zagal.

Héctor Zagal Domingo 8 De Septiembre, 2019 · 09:46 am
La moda nazi
Los Nazis sabían que una imagen podía impactar como los frenéticos discursos de Hitler - Archivo

La moda es superficial, pero no por ello es superflua. Es superficial porque se centra en el exterior, en la superficie que cubre nuestra desnudez. Pero lo que vestimos no es nimio, pues dice algo de quién somos o de quién quisiéramos ser. Incluso quien se viste como si no le importara su presentación, está eligiendo el vestuario de un personaje al que no le interesa su imagen. Nadie se salva, ni el esclavo de la moda ni quien pretende ignorarla.

La ropa habla; es un discurso visual. Nos puede dar una idea del origen de una persona, de sus intereses, de su trabajo, de su edad. Un ojo educado en teoría del color, en diseño de modas, en psicología y sociología, puede hacer una fina lectura de la ropa de la misma manera que un historiador de arte podría hacerlo sobre una pintura. ¿Por qué? Porque una prenda no es sólo un trozo de tela, sino también un símbolo. Puede representar riqueza y poder político, como antes el color púrpura, reservado para los príncipes, porque teñir las telas de ese color resultaba carísimo. También puede darnos pista de cómo nos ganamos la vida. Por ejemplo, los pantalones de mezclilla eran propios de mineros a mediados del siglo XIX. Ahora llegan a costar miles de dólares. Lo que son las cosas.

Cómo nos vestimos también puede revelar nuestras aspiraciones. “Vístete para el puesto que quieres, no para el que tienes”, reza un refrán del mundo de la imagen. Lamentablemente, esto fue llevado a sus últimas consecuencias durante el Tercer Reich.

Los Nazis sabían que una imagen podía impactar como los frenéticos discursos de Hitler. Arquitectura, música, filmes, carteles, ropa; todo podía ser un medio de propaganda. Los uniformes nazis transmitían un aura terriblemente bella y elegante. Sus pantalones, gabardinas, guantes; todo estaba pensado para transmitir el mensaje de supremacía racial. Los macabros ideales del régimen, su pretendido pasado mítico y su terrible intento por encarnar al superhombre, estaban entretejidos en cada manga, botón y ojal de los uniformes. Portar este uniforme significaba formar parte de un mito; el mito de la raza aria. La táctica de propaganda fue impresionante. Miles de soldados portando el mismo símbolo, realizando el mismo saludo. Cualquiera podría haber sido elegido para un póster del Partido Nazi. No había individuos, sino copias.

Hugo Boss vistió a los miembros del Partido Nazi desde 1933 hasta 1945, aunque no estuvo involucrado en el diseño. Hugo Ferdinand Boss (1885–1948) abrió su propia compañía textil en 1924 en Metzingen. Inició confeccionando ropa de trabajo para el personal de correos y la policía de Alemania. En 1931, Hugo Boss se afilió al Partido Nazi. Aunque pudiera pensarse que sólo lo hizo para salvar a su compañía de la quiebra, recientes investigaciones, como la de Roman Köster, revelan que Hugo Boss fue un miembro activo del nazismo. De acuerdon con Köster, durante la Segunda Guerra Mundial, Hugo Boss usó a 180 prisioneros de guerra en su fábrica de Metzingen. En 2011, la compañía de ropa pidió perdón por las personas explotadas en sus fábricas durante la Guerra. Debe señalarse que la investigación de Roman Köster fue financiada la marca Boss.

Al finalizar la guerra, Hugo Boss fue procesado y multado. Pocos años después de su muerte en 1948, la compañía se abocaría a diseñar y producir trajes de vestir para varones. Aún hoy se mantiene como una marca que vende una imagen de virilidad dominante, empresarial, elegante. Usar Hugo Boss, dicen, es vestirse para ser un jefe y encarnar el mito del “hombre Hugo Boss”. La ropa que llevamos tiene un pasado y también la promesa de un futuro. ¿Qué historia mítica llevan puesta ustedes?

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

@hzagal