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La inmunidad de rebaño jamás se ha usado para combatir enfermedades

De la tinta de Arturo Barba

Arturo Barba Viernes 16 De Octubre, 2020 · 08:50 am
La inmunidad de rebaño jamás se ha usado para combatir enfermedades
El gobierno mexicano abandonó a su suerte a los mexicanos contra la pandemia de COVID-19 y apostó a la llamada “inmunidad de rebaño” / Reuters- Ilustrativa

El gobierno mexicano abandonó a su suerte a los mexicanos contra la pandemia de COVID-19 y apostó a la llamada “inmunidad de rebaño”; de ahí que prácticamente no se haya tomado ninguna acción para contener, controlar, ni mitigar el impacto del nuevo coronavirus.

En varias de sus conferencias cotidianas, el encargado del combate contra la pandemia del gobierno mexicano, el subsecretario de salud, Hugo López-Gatell, se ha referido a ella, una de las mas notorias fue la llevada a cabo el 16 de mayo.

 

 (Observar minuto 34 en específico)

 

Ese día, sin bases científicas y menos aún epidemiológicas, inventó una nueva teoría y matemática  –que sin duda es la vergüenza de la Escuela de Salud Pública Johns Hopkins Bloomberg, donde dice que “cursó” un doctorado–, con las que pretendió explicar la “pertinencia” y la “ventaja” que implica la inmunidad de rebaño no solo para la COVID-19 sino para “toda enfermedad”, principalmente las infecciosas.

En esa coferencia afirmó que dicha inmunidad se alcanzaría con la infección del 80% de la población por la COVID-19; de esta manera, ya no se podría transmitir la enfermedad al 20% de la población restante.

Más recientemente, el pasado 2 de septiembre, se refirió a la inmunidad de rebaño como el escenario donde entre el 65% y el 75% de la población genera inmunidad al infectarse de COVID-19 y ya no podría contagiar al resto de la población.

 

 (Observar minuto 40 en específico)

Las afirmaciones de López-Gatell implicarían la infección de entre 85 millones y 97 millones de mexicanos, lo que ocasionaría la muerte de entre 8 y 10 millones de personas, si se considera el alto nivel de letalidad de la pandemia en México.

De acuerdo con científicos expertos de todo el mundo y de la Organización Mundial de la Salud, esta pretendida inmunidad natural o de rebaño que tanto ha predicado López-Gatell no existe: es una falacia.

En una carta abierta publicada por un grupo de 80 investigadores en la revista biomédica The Lancet (una de las más importantes del mundo en su campo) se afirma categóricamente que la base de las afirmaciones que sugiere permitir un gran brote incontrolado en la población de bajo riesgo mientras se protege a los vulnerables, “es una falacia peligrosa que no está respaldada por evidencia científica”.

Cualquier estrategia de manejo de una pandemia que se base en la inmunidad natural contra la infección de COVID-19 es defectuosa. “La transmisión incontrolada en personas más jóvenes conlleva un riesgo de morbilidad y mortalidad importantes en toda la población”, alertan.

No solo tendría un enorme costo humano sino que también se afectaría la fuerza laboral y supondría una carga inaceptable para la economía en su conjunto; asimismo, abrumaría la capacidad de los sistemas sanitarios y de los trabajadores de la salud, muchos de los cuales han muerto a causa del COVID-19 o han sufrido traumas como resultado de tener que practicar la medicina en condiciones de desastre.

“No hay evidencia de una inmunidad protectora duradera al SARS-CoV-2 después de una infección natural, y la transmisión endémica que sería la consecuencia de una inmunidad menguante presentaría un riesgo para las poblaciones vulnerables por un futuro indefinido”, se señala en el comunicado de científicos de universidades y centros de investigación de Alemania, Australia, Canadá, Estados Unidos, España, Francia, Holanda, Irlanda, Israel, Italia, Malasia, Reino Unido, Suecia y Suiza.

Una estrategia de este tipo, mencionan, no acabaría con la pandemia de COVID-19, sino que provocaría epidemias recurrentes, como era el caso de numerosas enfermedades infecciosas antes del advenimiento de la vacunación.

Soumya Swaminathan, jefa científica de la Organización Mundial de la Salud (OMS), calcula que el 1% de la población mundial (77 millones de personas) moriría con una medida como la inmunidad natural o de rebaño.

Los científicos señalaron que ante la segunda ola de COVID-19 en gran parte de Europa, EE. UU. y muchos otros países del mundo es “fundamental actuar con decisión y urgencia” y que las medidas efectivas que suprimen y controlan la transmisión deben implementarse ampliamente. “Los esfuerzos especiales para proteger a los más vulnerables son esenciales, pero deben ir de la mano con estrategias de múltiples niveles de población”.

Durante una conferencia de prensa llevada a cabo el pasado 12 de octubre, Tedros Ghebreyesus, director general de la OMS, descartó que la inmunidad de rebaño sea una respuesta adecuada para combatir la pandemia de coronavirus y la calificó como una estrategia “científica y éticamente problemática”.

La crítica a este concepto es más profunda, que ni siquiera debería ser mencionada o utilizada por los verdaderos expertos en epidemiología y menos aún por los responsables de los sistemas de salud.

Ghebreyesus enfatiza que en la historia de la salud pública y la epidemiología “jamás se ha usado la inmunidad de rebaño como estrategia para combatir un brote y tampoco una pandemia”.

En México se ha dejado circular libremente al coronavirus, lo cual significa, en palabras del director general de la OMS, “permitir que haya más infecciones, sufrimiento y muertes innecesarias”.

Desde la llegada del SARS-CoV-2 a nuestro país, el gobierno mexicano ha ignorado las recomendaciones de la comunidad científica internacional y de la OMS. Así ha ocurrido con el uso del cubrebocas que ha sido desestimado y también con el empleo de pruebas para mitigar e intentar controlar el avance del nuevo patógeno, lo mismo se ha hecho con las recurridas menciones de la inmunidad de rebaño. Se ha ignorado al conocimiento científico.

El exceso de muertes por COVID-19

Inglaterra, Gales y España experimentaron el mayor número de muertes en exceso como resultado de la primera ola de la pandemia de COVID-19 entre febrero y mayo de 2020, señala un estudio de modelos matemáticos de 19 países europeos, Australia y Nueva Zelanda, publicado en la revista Nature Medicine.

Los resultados indican que ocurrieron alrededor de 206 mil muertes adicionales de las que se esperaban en estos países si no hubiera ocurrido la pandemia.

Hasta el 16 de octubre la pandemia ha cobrado la vida de 1 millón 100 mil personas por infecciones del SARS-CoV-2 en todo el mundo. Sin embargo, los efectos indirectos de la pandemia en la sociedad, la economía, el medio ambiente y la salud pueden ser sustanciales.

Majid Ezzat y sus colegas del Imperial College de Londres utilizaron datos semanales sobre las muertes de 21 países, desde 2010 hasta mediados de febrero de 2020; con ellos crearon un modelo matemático que podría predecir cuántas muertes habrían ocurrido para mayo de 2020 si no hubiera habido una pandemia de COVID-19. Compararon esta cifra con las muertes reales reportadas en los países estudiados para calcular el exceso de muertes que resultaron de la pandemia, ya sea por COVID-19 u otras causas.

Una de las observaciones que realizaron es que las cifras reportadas por COVID-19 y las analizadas por ellos tiene una variación de alrededor del 5%.

“Comprender el impacto total de la pandemia en la mortalidad es importante para evaluar su impacto total en la salud pública y las respuestas políticas”, afirman.

Los autores encontraron que el número de exceso de fallecimientos afectó casi por igual a hombres y mujeres, con 105 mil 800 y 100 mil muertes, respectivamente.

Inglaterra, Gales y España experimentaron el mayor aumento de mortalidad, con casi 100 muertes en exceso por cada 100 mil personas, lo que representó un aumento del 37% para Inglaterra y Gales y del 38% para España, en relación con los niveles sin una pandemia.

Los autores concluyen que las diferencias en la mortalidad entre los 21 países reflejan las respuestas políticas ante la pandemia, la preparación de los sistemas de salud pública y el alcance de los sistemas de atención comunitarias y en los establecimientos hospitalarios.

Cabe señalar que en el caso mexicano el exceso de mortalidad es entre un 200% y 300% a las reportadas oficialmente. Hasta el 16 de octubre, el gobierno de México ha reportado 85 mil 285 muertes, pero a esta cifra hay que sumar entre 130 mil y 200 mil personas que integran los excesos de mortandad, lo cual arrojaría la escalofriante cifra de entre 210 mil y 280 mil fallecimientos por COVID-19.

Los investigadores señalan que los países deben reasignar y expandir los recursos destinados al sector salud, particularmente en aquellas naciones donde ha existido una inversión insuficiente en los sistemas de atención médica y social, como es el caso de México.

 

Comentarios y sugerencias: @abanav y abanav@gmail.com

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias