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La gran mentira

De la tinta de Mina Magallón

Mina Magallón Martes 12 De Enero, 2021 · 07:30 am
La gran mentira
Donald Trump, presidente de Estados Unidos / EFE

Durante la noche del 6 de enero de 2021, el senador demócrata estadounidense, Michael Bennet, que representa al estado de Colorado, comentó brevemente en el Senado sobre los ataques cometidos por una minoría extremista, seguidores de Trump, calificados como grupos subversivos, provocadores, racistas, agitadores, terroristas domésticos, delincuentes, traidores, etc. Los actos cometidos en el Capitolio de los Estados Unidos, que el mundo entero vio en vivo y a todo color, en apoyo al esfuerzo de algunos miembros republicanos del Congreso de los Estados Unidos que se oponían a certificar la victoria del presidente electo, Joe Biden. El senador Bennet fue uno de varios senadores, tanto demócratas como republicanos, que hablaron en el Senado el miércoles por la noche, después de un retraso de casi 5 horas causado por los disturbios y anarquía reinante dentro del Capitolio, para debatir la objeción presentada por un senador republicano deTexas y un diputado de Arizona por la certificación de los 11 votos presentados por Arizona a favor del presidente electo Joe Biden.

En sus observaciones, el senador Bennet dibujó paralelismos entre la violencia del grupo pro-Trump esa tarde en el Capitolio con la violencia política en la república romana que condujo al eventual colapso de la república. Bennet instó a sus colegas a tener presentes las lecciones que la historia nos enseña y afirmar el compromiso que se tiene para mantener la democracia, el Estado de derecho, la Constitución de los Estados Unidos y la larga tradición de transiciones pacíficas de poder que, desde 1797, cuando George Washington renunció después de dos mandatos a su cargo, todos y cada uno de los presidentes han entregado pacíficamente el poder a su sucesor. Bennet comenzó su discurso recordando a sus compañeros en el Senado que los fundadores de los Estados Unidos conocían a fondo la historia de Roma y la tenían muy presente cuando redactaron la Constitución de los Estados Unidos comentando:

Lo que le pasó a la república romana cuando bandas de gánsteres armados -haciendo el trabajo para algún grupo político- impidieron que Roma votara por cónsules, por pretores y para senadores y estos gánsteres armados corrían por las calles de Roma obstruyendo el orden para que las elecciones no pudieran ser llevadas a cabo.  Y al final, como consecuencia, la república romana cayó y un dictador tomó su lugar. Y ese fue el fin de la república romana o de cualquier otra república hasta que se escribió la maravillosa Constitución de los Estados Unidos de América.

 

El senador Bennet, con profunda vehemencia, instó a sus colegas a rechazar lo que había sucedido en el Capitolio ese día y pidió que tuvieran presente lo que la república romana vivió en sus propios días. Continuó instando a sus compañeros senadores como sigue:

Salgan y digan la verdad, pues todos los miembros del Senado saben que esta elección NO fue robada, y que nosotros, al igual que en la república romana, tenemos la responsabilidad de proteger la independencia del poder judicial, en contra de los políticos que no se detendrán ante nada para aferrarse al poder.  Esto tampoco tiene nada de nuevo.  Esto ha sido cierto desde que se fundó la primera república en Roma.

 

Foto: Reuters

 

El que un gran número de políticos ignoran las razones por las que cayó la república romana, y desconocen los acontecimientos históricos a los que el senador Bennet hizo referencia, son un claro recordatorio para nosotros, a que tengamos presente que la naturaleza humana sigue siendo hoy la misma que hace dos mil años. Aunque la república romana cayó en el 27 a. C., cuando Octavio se convirtió en Augusto, el primer emperador romano, la decadencia y la caída de Roma tardó más de un siglo causada en gran medida por la continua pérdida de la fuerza de las normas políticas tradicionales. La decadencia comenzó durante la segunda mitad del siglo II a. C. cuando algunos de los líderes políticos pudieron obtener el poder político, cuando encontraron apoyo formando grupos de delincuentes, agitadores compuestos por plebeyos y veteranos del ejército que desataron a una multitud de supuestos opositores creando caos en las ciudades. Estas tácticas fueron seguidas por generaciones de políticos que sucedieron hasta que el pueblo de Roma, temeroso de las continuas rebeliones, cambiaron la república por el orden del autócrata Octavio Augusto, quien mando decapitar a Cicerón, exponiendo su cabeza y sus manos en público, como castigo ejemplar.

Los autores de la Constitución de los Estados Unidos la enmarcaron con la separación de poderes basándose en una visiónidealizada de la república romana presentada por el historiador griego Polybius del siglo II a.C. Es fundamental quetengamos muy presente la razón por la que los romanos se apartaron de la libertad y aceptaron la seguridad ofrecida por el autócrata Octavio Augusto. La historia nos lleva a concluir que décadas de disturbios y agitación política fomentadas porlos líderes de Roma que buscaban el poder sin limitación, causaron la desaparición de la república y la aceptación de laautocracia por parte del pueblo romano.

Cuatro años de agitación política durante la administración de Trump han eliminado muchas normas políticas tradicionales y han permitido al presidente Trump y a sus seguidores ofrecer teorías de una conspiración antidemocráticascon el propósito de participar en “la gran mentira” de que el presidente Trump ganó abrumadoramente las elecciones presidenciales de 2020, y de que los resultados de las elecciones fueron manipuladas para negarle a Trump otros cuatro años en el cargo de primer mandatario. El uso de la gran mentira por parte de Trump, y sus tácticas de “apuñalar por la espalda” a quien se atreva a oponerse, han sido utilizadas por otros personajes autoritarios a través de la historia para levantar sospechas, reforzar los resentimientos e incitar a la violencia. Aunque Trump sin duda alguna perdió la reelección, nos sabemos hasta qué punto tuvo éxito al sentar las bases para que, en el futuro, otro político gane una elección simplemente prometiendo una autocracia distópica a causa del miedo que infunden los grupos que todos vimos con horror el pasado 6 de enero incitando a destruir el sistema electoral de los Estados Unidos.

México tendrá elecciones este próximo 6 de junio siguiendo las nuevas disposiciones electorales, 15 gubernaturas y más de 21 mil puestos están en juego. Leemos que casi el 88% de los diputados quieren reelegirse, así como cientos de alcaldes buscarán también su reelección. La pregunta que nos hacemos ahora es si estaremos preparados para seguir construyendo un México democrático en los próximos comicios más grandes de nuestra historia o nos soltarán al tigre.

Correo: mgmagallon@aol.com

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*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias