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La enfermedad de reyes

De la tinta de Héctor Zagal.

Héctor Zagal Domingo 28 De Julio, 2019 · 09:31 am
La enfermedad de reyes
Alekséi Románov, único hijo varón del zar Nicolás II, fue el caso más famoso de esta enfermedad - Archivo

En mi época, hace ya algunos años, cuando alguien era muy presumido o antipático, se decía que era “sangrón”. Ignoro el origen de la expresión, ¿lo saben ustedes? De las personas que son agradables y simpáticas, en cambio, suele decirse que son de sangre ligera. ¿Saben a quién podría llamárseles ‘los sangrones’? No sólo a los mirrreyes mexicanos, sino a algunos miembros de la aristocracia europea del siglo XIX y XX. Y no, no porque fueran especialmente pesados, sino porque padecían una enfermedad en la que literalmente sangraban y sangraban.

Debido a que esta enfermedad la padecieron algunos varones de la nobleza europea, fue conocida como la enfermedad de reyes. Probablemente, el caso más famoso de esta enfermedad sea el del zarévich Alekséi Románov, único hijo varón del zar Nicolás II y de la zarina Alejandra Fiódorovna. En su desesperación, la zarina recurrió a Rasputín, cuya taumaturgia supuestamente controlaba las hemorragias del heredero. La historia terminó mal, pues el tal Rasputín aprovechó su ascendiente sobre la zarina para entrometerse en la política. ¿Saben a qué enfermedad me refiero? Claro, a la hemofilia.

La hemofilia es una enfermedad hereditaria que se caracteriza por hemorragias persistentes, ocasionadas por un defecto en la coagulación de la sangre. Las mujeres transmiten la enfermedad, pero no la padecen. Y como las familias reales europeas estaban emparentadas entre sí a principios del siglo XX, no era raro que  el zarévich la padeciera. ¿A poco no han visto “Los últimos zares” en netflix?

Parece que esta enfermedad fue llamada primeramente ‘hemorrafilia’ (afinidad al sangrado), pero para las primeras décadas del siglo XIX se optó por llamarle ‘hemofilia’ (amor a la sangre). Como les decía, otra manera de llamarle ha sido ‘la enfermedad real’. Se cree que la reina Victoria de Inglaterra era portadora de una deficiencia genética espontánea que dificulta la coagulación. A partir de ella llegaría a otras familias reales. Tuvo nueve hijos, de los cuales tres tenían deficiencia del factor de coagulación. Su hijo Leopoldo murió a los 30 años de una hemorragia después de una caída. Sus hijas Alicia y Beatriz eran portadoras y lo transmitieron a su descendencia. La única hija de Beatriz, Victoria Eugenia, se casaría con Alfonso XIII de España, y le heredaría la hemofilia a dos de sus siete hijos: Alfonso, Príncipe de Asturias, quien renunció a la corona en 1933, después de la proclamación de la Segunda República Española, y a Gonzalo, su último hijo. La zarina Alejandra Fiódorovna, hija de Alicia, se la heredaría a Aléksei Románov, su único hijo varón.

Dejando atrás la taumaturgia de Rasputín, los primeros tratamientos para la hemofilia incluían desde transfusiones de sangre hasta el uso de veneno de serpiente, por sus propiedades coagulantes. Hacia la mitad del siglo XX se realizarían las primeras transfusiones de plasma. Actualmente, el tratamiento principal es la inyección en el torrente sanguíneo del factor coagulante ausente.

Se estima que cada año 1 de cada 5 mil varones son afectados por la hemofilia. No está de más señalar que esta enfermedad no distingue títulos nobiliarios ni tiene preferencia por la ‘sangre azul’.

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

@hzagal