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La culpa del pasado

En la tinta de Sergio Almazán.

Sergio Almazán 30/Mar/19 09:38
La culpa del pasado
Andrés Manuel López Obrador, presidente de México / Foto: Reuters

Desde febrero pasado, aquí mismo hemos compartido algunas ideas sobre lo que implica ser testigos en este 2019 de la conmemoración de los 500 años del mestizaje en la Ciudad de México. Atestiguar las reflexiones y abrir las discusiones históricas sobre el suceso de mestizaje del pasado que hoy somos requiere seriedad y precisa alejarnos de pasiones o hispanofobias para poder dimensionar lo que implicó tal suceso de encuentros y desencuentros, de pugnas y luchas como ocurren en todos los actos de conquista.

En días pasados se reveló la misiva enviada por el gobierno de México al rey Felipe VI con la intención de pedirle se disculpe por la matanza en la conquista. ¿Qué es lo que en fondo solicita y explicita tal petición? Varias son las lecturas que la dicha carta han provocado, entre ellas, una muy constante en las formas políticas del presidente López Obrador para marcar divisiones y evidenciar lo que es lastre y condena nacional: clasicismo, racismo, chovinismo, hispanofobia. Una manera de hacer, dictar y proponer agenda, temas y discusiones entre sus gobernados. La estrategia funciona aunque el costo sea muy riesgoso en materia de política interior.

Retomemos momentos históricos: En1836, Mexico y España tuvieron un primer intento oficial por cicatrizar la herida y discordia por los sucesos de 1519 en momentos de conquista. De aquel momento, se firmó el Tratado Definitivo de Paz y Amistad, conocido como Tratado de Santa María-Calatrava en el que se manifestaba “el olvido total del pasado”… Aunque las cosas seguían siendo tensas, alcanzando momentos agudos como aquella matanza de españoles en haciendas azucareras de a Tierra Caliente. En 1910, con motivo de las celebraciones del centenario de la Independencia de México, Díaz otorga un predio en las calles de Espíritu Santo, rebautizándola como calle Isabel La Católica y el antiguo predio del hospital se convirtió en el Casino Español.

Más tarde, Cárdenas abre las puertas para recibir a un grupo de niños y artistas, intelectuales que escapaban del franquismo y crearon -en gratitud- un movimiento intelectual, cultural, arquitectónico y académico que sigue rindiendo frutos y dando a nuestra cultura riqueza y reflexión. Es decir, hace más de cien años que España y México han reconocido sus cicatrices y daños, han buscado conciliar las heridas y ambos países han dado pasos grandes en materia política por llegar a acuerdos conciliatorios con el pasado que no se olvida, ni se niega.

La deudas de mutuas disculpas, de una política binacional México-España exige mirarse con la fuerza de ese pasado que hoy nos constituye, fuera de pasiones e innecesarias  divisiones que tanto abono han depositado en las tierras actuales estas formas política que bajo el cobijo de una cultura nacional, de identidad el gobierno y sus instituciones se empeñan en promover. Un concepto de lo nacional que se tiñe de folclore o exagerado indigenismo, a nombre de vulnerabilidad se arriesgan declaraciones y expresiones casi intolerantes y discriminatorias a quienes no se adhieren a esa idea de nacionalismo.

Nadie debe avergonzarse de su piel, como está fuera de lugar enorgullecerse de la conquista. Somos el resultado de un país diverso, multicultural y con la suma de los momentos históricos, culturales y dividir encona, resta y provoca. El país en los últimos años ha padecido el arrebato de las ambiciones políticas, de indolentes, corruptos, soberbios políticos y servidores públicos que dejaron desprovista a la sociedad mexicana de una suma de identidades nacionales donde reflejarnos, diferenciarnos y reconocernos en diferencias y dignos de ser mexicanos. Ello explica esta política de reconstrucción cultural de la identidad nacional, la que no se logra dividiéndonos por color, oportunidades o clichés sociales.

Los 500 años son una enorme oportunidad para replantearnos el concepto de lo mexicano, de lo nacional y de la identidad, donde el pasado debe ser el motivo, el pretexto para mirarnos a futuro. Pero con esta política que algunas fracciones y servidores públicos están haciendo es enterrar el pasado, negando en su totalidad el origen para rasgar la herida y no sanarla sino inyectar polución que termine extraviando más la ruta de la identidad nacional.

Replantearse desde una mirada binacional un tratado, un acuerdo que siente las bases de una mirada historiográfica de conquista y mestizaje es más allá que exigir un perdón, debe de ser la enorme oportunidad de un intercambio, discusión y expresión de relaciones diplomáticas, comerciales, sociales y culturales hispánicas profundas y maduras, donde los respectivos gobiernos sienten bases de política exterior de dos países que nos hemos enriquecido desde hace 500 años. No es buscar afuera o con el vecino lo que no hemos resuelto nosotros en casa.

 

Abramos la discusión: @salmazan71