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La crisis por la COVID-19 en la India y México

Aunque ha disminuido el número de contagios y fallecimientos, la letalidad por COVID-19 en México continúa siendo la más alta del mundo y la crisis está lejos de atenuarse.

Arturo Barba Viernes 7 De Mayo, 2021 · 07:04 am
La crisis por la COVID-19 en la India y México
A principios de año se relajaron las medidas de prevención y aislamiento físico por la pandemia de Covid-19 / EFE

Todos hemos visto las imágenes dantescas de la segunda ola de COVID-19 en la India: Hospitales saturados, falta de ventiladores mecánicos, crematorios que no se dan a basto, falta de oxígeno… Es el resultado de los errores en la respuesta gubernamental y social contra la pandemia.

A principios de año se relajaron las medidas de prevención y aislamiento físico. En enero y febrero de 2021 los casos disminuyeron y muchos políticos y funcionarios, e incluso algunos medios, empezaron a difundir información triunfalista de que ya se había superado la pandemia; que se había aplanado la curva y que, de alguna manera –nunca lo explicaron–, ya se había adquirido inmunidad colectiva o inmunidad de rebaño. Incluso algunos científicos y médicos se prestaron a la farsa.

En un análisis serológico (de muestras de sangre) llevado a cabo en enero por el Consejo Indio de Investigación Médica se encontró que solo el 21% de la población tenía anticuerpos contra el SARS-CoV-2, sin embargo, la señal enviada a la sociedad desde el gobierno encabezado por el primer ministro Narendra Modi fue que el peligro ya había pasado.

Ocurrieron festividades religiosas abarrotadas, como el festival hindú de Kumbh Mela al que acudieron millones de hindúes para rezar y darse un chapuzón en el río Ganges. Calles de ciudades, comercios y lugares turísticos llenos de gente y, para colmo, llevaron a cabo procesos electorales con mítines políticos multitudinarios sin el uso obligatorio de cubrebocas y, por supuesto, sin sana distancia.

Creían que no habría segunda ola pandémica y debido a la necesidad creciente de reactivar la economía se relajaron las restricciones y nunca aceleraron el proceso de vacunación.

Se permitió la libre circulación de personas, las reuniones masivas y viajes. Además, el uso de cubrebocas no es obligatorio, es decir, no hubo medidas personales de protección. Todo esto fue el detonante de contagios en masa en muchas ciudades que ya de por sí viven una explosión demográfica y hacinamiento desenfrenados.

En una editorial de la revista The Lancet se señala que a principios de marzo, el ministro de Salud de la India, Harsh Vardhan, declaró que su país se encontraba en el “final del juego” de la pandemia. A pesar de las repetidas advertencias sobre los peligros de una segunda ola y la aparición de nuevas cepas, el gobierno consideraba que ya habían vencido a la COVID-19, luego de varios meses de disminución de casos.

Como consecuencia, en las últimas tres semanas el país asiático ha estado registrando más de 370 mil casos de COVID-19 por día; todo un récord: tres veces más que los 100 mil casos diarios que había registrado durante los meses anteriores.

Hoy, el segundo país más poblado del mundo tiene casi de 21 millones 500 mil personas contagiadas y 234 mil fallecidas, que lo colocan en el tercer lugar de muertes por el coronavirus. No obstante, expertos de todo el mundo han señalado el subregistro intencional de casos que, en términos reales, podría llegar a ser entre 60% y 70% superior a las cifras oficiales.

El sistema de salud ha sido superado en varias ciudades y es cada vez más necesaria la ayuda internacional para brindar oxígeno y medicamentos. En un intento desesperado, varios gobernadores ya han impuesto el toque de queda y están rehabilitando y construyendo –a marchas forzadas– nueva infraestructura hospitalaria y plantas de oxígeno. La respuesta fue tardía y torpe en todos los sentidos.

No se informa adecuadamente a la sociedad; de hecho, el control informativo para ocultar el nivel de la crisis es práctica cotidiana de un gobierno que está más preocupado por acallar las críticas en redes sociales que por controlar la pandemia. Al igual que en México, la India es uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo y la información ha fluido solo a través de redes sociales, donde la gente se informa y suplica por tanques de oxígeno y una cama de hospital.

Vacunas y variante india

A pesar de que es el principal productor de vacunas en el mundo y se fabrican varias de ellas contra la COVID-19 que se exportan a otros países (como las de Oxford-AstraZeneca, la Sputnik V y Covax), e incluso se producen sus vacunas propias como la Covaxin y Covishield, la India enfrenta escasez de vacunas.

El gobierno dice que lleva a cabo el programa de vacunación más ambicioso del mundo, pero ese país ha administrado alrededor de 140 millones de dosis, frente a las 230 millones de EU. y las 225 millones de China. Los políticos han manifestado la intención de administrar 500 millones para julio de 2021, aunque no han informado cómo.

Las cremaciones de cuerpos en piras son parte de las tradiciones en la India: se cree que hacerlo al aire libre libera el alma de los muertos. Pero con la crisis de la segunda ola, las piras de los crematorios no paran y no se dan a basto. Por los protocolos contra la pandemia, los cuerpos se incineran sin la presencia de parientes y en varias ciudades se pueden observar los destellos de las fogatas de manera permanente, día y noche.

Para agravar la situación, en la India se ha detectado una nueva variante del coronavirus llamada B.1.617, que cuenta con dos mutaciones en la proteína espiga o de pico, que la hace más infecciosa.

Aunque aún no se han terminado los análisis científicos, se ha descubierto que contiene dos cambios genéticos, uno similar a la variante de California y otro igual a la variante de Sudáfrica, que la hace altamente contagiosa y, quizá, resistente a las vacunas.

En muchos aspectos, lo ocurrido en la India y lo que pasa en México tienen gran  semejaza.

En nuestro país, a pesar de que existe una disminución de casos respecto a lo ocurrido en el invierno, todavía hay entre 200 y 500 muertes cada día. Sin embargo, la urgencia del gobierno mexicano por reactivar la economía ha hecho que, de manera artificial, en muchos estados y ciudades se relajen las medidas y también se ha enviado a la sociedad el falso mensaje de que la pandemia está controlada.

No debemos olvidar que las imágenes que ahora vemos en India se vivieron en nuestro país en el invierno pasado y fueron aún peor. A pesar del exorbitante número de infectados diarios en el país asiático su letalidad es de apenas el 1%, diez veces menor que la de México, que fluctúa entre el 13% y el 9%.

Aquí solo hay 127 millones de habitantes, pero han fallecido casi tantas personas como en la India, que tiene una población 11 veces mayor (mil 370 millones de habitantes). Eso sin contar que el subregistro de casos en nuestro país es de entre 150% y 250%.

Casi como una copia exacta, el gobierno mexicano está repitiendo el patrón y comete los mismos errores: difunde la falsa idea de que ha pasado lo peor de la pandemia; se han reabierto negocios y todo tipo de actividades recreativas; no se exige el uso obligatorio de cubrebocas; se están iniciando las clases escolares presenciales; la vacunación va extremadamente lenta; incluso, con el apoyo de algunos pseudocientíficos y médicos, se está difundiendo la falacia de la inmunidad de rebaño. Los mismos errores que nos empujarán a un nuevo pico pandémico.

Aunque ha disminuido el número de contagios y fallecimientos, la letalidad por COVID-19 en México continúa siendo la más alta del mundo y la crisis está lejos de atenuarse.

Ante la negligencia del gobierno, la única alternativa que tenemos los mexicanos es mantener, a nivel personal y en la medida de lo posible, los cuidados preventivos como el uso de cubrebocas y el distanciamiento social, pero me temo que volveremos a ver hospitales saturados, crematorios y cementerios que no se dan a basto, cientos de personas peregrinando en la búsqueda de oxígeno para sus familiares y miles de muertos cada día. Espero que no, pero las imágenes dantescas de la India se podrían repetir, otra vez, en nuestro país.

Suspensión de patentes a vacunas anti COVID-19

Hace dos días una declaración del presidente estadounidense Joe Biden hizo saltar las alarmas de las compañías farmacéuticas que han desarrollado vacunas contra la COVID-19: Tomar medidas extraordinarias contra la pandemia, así implique suspender la protección de la propiedad intelectual de las inmunizaciones contra el SARS-CoV-2.

Desde hace algunos meses un grupo internacional de intelectuales, científicos y algunos gobiernos ha debatido la necesidad de flexibilizar las patentes para permitir que farmacéuticas y gobiernos principalmente de países pobres y en vías de desarrollo puedan producir vacunas contra el coronavirus, y la administración de Biden se pronunció en apoyo a dicha propuesta.

Este planteamiento fue respaldado con entusiasmo por países como India y Sudáfrica y sometida a discusión en la Organización Mundial del Comercio, pero el gobierno de los Estados Unidos bajo la administración Trump representaba el peor obstáculo, junto con la Unión Europea, principalmente de los gobiernos alemán y británico. Así que, aún cuando se tenga el visto bueno de la Casa Blanca y de varios congresistas demócratas, no hay garantía de que dicha propuesta se apruebe.

Inmediatamente, las acciones de algunas compañías farmacéuticas como BioNTech, Moderna y Novavax cayeron cuando se supo la decisión de la administración Biden.

La poderosa industria farmacéutica reaccionó rápidamente y expresó su preocupación. El director ejecutivo de los Fabricantes e Investigadores Farmacéuticos de América,  Stephen J. Ubl, se pronunció en contra de dicha iniciativa y afirmó, mediante un comunicado, que sería “entregar las innovaciones estadounidenses a los países que buscan socavar nuestro liderazgo en el descubrimiento biomédico”.

Expertos y activistas se manifestaron a favor de la medida, pero señalaron que no basta la posibilidad  de contar con la patente, sino que es necesario un proceso de transferencia tecnológica hacia los países que se interesan en producir las vacunas.

La situación es compleja ya que, por un lado, las empresas han invertido grandes sumas de dinero para desarrollar las vacunas y, por otro lado, se requiere personal altamente capacitado y tecnologías sofisticadas para producirlas. En especial las vacunas contra el coronavirus que son de última generación son complejas y difícilmente se pueden copiar si no existe la ayuda de las empresas para transferir conocimientos y técnicas.

Además, está la necesidad urgente de acabar con un flagelo que afecta a toda la humanidad y que no será vencido hasta que todos los habitantes del planeta puedan contar con una vacuna segura y eficaz, como un derecho inalienable.

Anthony Fauci, asesor médico de Biden, señaló que los fabricantes de medicamentos deben expandir su capacidad de fabricación o transferir su tecnología para permitir que el mundo en desarrollo haga copias baratas de sus vacunas.

El ejemplo de Brasil

Esta no es la primera vez que se busca eliminar la protección intelectual en el ámbito de la medicina mundial: a finales de la década de los 80, Brasil inició negociaciones con las grandes empresas farmacéuticas para obtener licencias de producción de medicamentos antirretrovirales a bajo costo, para fabricar sus propios fármacos y brindar a su población acceso gratuito al tratamiento del sida.

A esta iniciativa se sumaron organizaciones civiles internacionales que lucharon para impulsar el acceso a medicinas contra el sida en los países pobres más afectados por la epidemia de VIH.

Casi diez años después, el gobierno brasileño aprobó una legislación sobre patentes que permite a farmacéuticas locales, en determinados casos de interés público y seguridad nacional, la fabricación de productos patentados genéricos.

El asunto se discutió en la Organización Mundial de Comercio, en la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, en el Programa de Naciones Unidas para el Sida (UNAIDS) y el G7. En 2001, el gobierno brasileño logró acordar con las farmacéuticas multinacionales licencias para fabricar localmente los antirretrovirales.

A principios de los 90 Brasil era el tercer país del mundo más afectado por el sida y, gracias a los cambios en la legislación, actualmente produce casi todos los medicamentos utilizados para el tratamiento del sida con costos 70% inferiores. En su ley se indica que “si las compañías internacionales no inician la producción de la patente en Brasil tras tres años, perderán el derecho de patente, por lo que Brasil puede producir medicamentos genéricos”. Algo similar hizo el gobierno sudafricano de Nelson Mandela.

Gracias a esta lucha, en 2001 la Organización Mundial de Comercio aprobó la Declaración de Doha, relativa a los Aspectos de los Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio y la Salud Pública, en la que se establecen acuerdos sobre licencias obligatorias y determinación de emergencias nacionales, lo que permite determinar los derechos de propiedad intelectual en función del interés de salud pública, para promover tanto el acceso a los medicamentos existentes como a la creación de otros nuevos.

De esta manera, en función de la emergencia mundial que implica la pandemia de COVID-19, queda claro que sí existe un marco normativo internacional que permite por extrema urgencia de salud pública, eliminar la protección de patentes de vacunas.

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