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La complejidad de las decisiones colegiadas

Arturo Espinosa Silis 13/Feb/19 10:18
La complejidad de las decisiones colegiadas
Es complejo buscar unidad o cohesión cuando cada uno de los integrantes del órgano colegiado tiene su propia agenda, persiguen sus propios intereses y trabajan para beneficios personales o particulares, y no institucionales o colectivos.

De la tinta de Arturo Espinosa Silis

Desde hace meses son públicas y notorias las diferencias que existen entre los integrantes de la Sala Superior del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, la mayoría de estas desavenencias son producto de desacuerdos en resoluciones importantes como las de la elección de Coahuila, la de Monterrey, la de Puebla y el caso del Bronco.

Todas éstas han evidenciado la división que existe en el colegiado jurisdiccional, pero esto no es nuevo, ni inusual. El Instituto Nacional Electoral, ya ha pasado por esta misma situación, diferendos mediáticos y jurídicos entre sus integrantes, derivado de los desacuerdos en las decisiones que toman, así como también el Instituto Nacional de Transparencia y Acceso a la Información Pública.

El lograr acuerdos entre varias personas con visiones diferentes, pasa invariablemente por episodios de tensión, es por ello que las diferencias dentro de los órganos colegiados son comunes. Nunca es fácil trabajar con pares que tienen diferentes personalidades e intereses en los que cada uno quiere imponer su razón y visión para enfrentar los conflictos y resolverlos.  Y aunque muchas veces las diferencias o divisiones se evidencian al momento de resolver algún caso que es propio de sus funciones como órgano colegiado, éstas en realidad tienen un fondo mucho más profundo.

Es complejo buscar unidad o cohesión cuando cada uno de los integrantes del órgano colegiado tiene su propia agenda, persiguen sus propios intereses y trabajan para beneficios personales o particulares, y no institucionales o colectivos.

Es común que la colegialidad no se agote en la toma de decisiones del pleno del órgano, sino que se lleva a la conducción administrativa y presupuestal de la institución, de manera que lo que se busca es repartir el pastel de cargos y presupuestos entre los integrantes del máximo órgano de decisión o dirección de una institución. Lamentablemente así, cada integrante tiene su propio coto de poder y puede manejar su parcela institucional a su gusto o antojo, siempre al servicio de su agenda personal y a sus intereses.

Es un hecho que al momento de designar o de conformar los cuerpos colegiados nunca se contempla la complejidad que conlleva su funcionamiento, quienes tienen la facultad de designar a ministros(as), magistrados(as), consejeras(os), comisionados(as) o similares, se cercioran de que cumplan con los requisitos constitucionales y legales que su cargo requiere y en el mejor de los casos que tengan conocimientos y experiencia en la materia sobre la cual decide el órgano colegiado, pero nunca vemos que busquen indagar sobre las cualidades para trabajar en equipo o a favor de una institución, cual sea ésta.

En este tipo de cuerpos de decisión, las determinaciones se adoptan por mayoría, pero la complejidad de la colegialidad va mucho más allá de la resolución de casos o emisión de acuerdos por mayoría, lo difícil de integrar un órgano colegiado es el trato diario con los otros integrantes, la búsqueda permanente de acuerdos y consensos en beneficio de la institución.

Todas las instituciones, pero principalmente aquellas que adoptan sus decisiones a través de órganos colegiados se debilitan cuando sus integrantes dejan de buscar acuerdos y consensos – que salvaguardan los intereses del país y fortalecen la credibilidad de la institución – y eligen hacer de las diferencias la norma. Nada daña más nuestras instituciones que anteponer las agendas e intereses personales a los institucionales, cuando se busca hacer que las instituciones actúen en beneficio personal y no del país.

@EspinosaSilis