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La cascada (brevísimo homenaje a Juan Rulfo, por cumplir cien años – de soledad)

De la tinta de Sergio Zurita

Sergio Zurita Viernes 26 De Mayo, 2017 · 08:42 am
La cascada (brevísimo homenaje a Juan Rulfo, por cumplir cien años – de soledad)
Foto: Sergio Zurita

Cuando Gabriel García Márquez ganó el premio Nobel de Literatura, los periodistas fueron a Aracataca, su pueblo natal en Colombia, a encontrar al Macondo de la vida real.

Lo encontraron. Y al mismo tiempo no lo encontraron. La gente les decía que “Gabrielito” no había inventado nada, que todo lo que contaba en Cien años de Soledad eran historias del pueblo y que él nada más las había puesto en papel.

Esa respuesta, ambigua, no dejaba claro si realmente había sucedido que un gitano llamado Melquíades llevó a Macondo dos imanes y “todo el mundo se espantó al ver que los calderos, las pailas, las tenazas y los anafes se caían de su sitio, y las maderas crujían por la desesperación de los clavos y los tornillos tratando de desenclavarse, y aun los objetos perdidos desde hacía mucho tiempo aparecían por donde más se les había buscado, y se arrastraban en desbandada turbulenta detrás de los fierros mágicos de Melquíades. Las cosas tienen vida propia —pregonaba el gitano con áspero acento—, todo es cuestión de despertarles el ánima”.

El dramaturgo Harold Pinter (también Nobel de Literatura) decía que “hay cosas que son ciertas y falsas al mismo tiempo”. Pinter nunca estuvo en Aracataca. Mucho menos en Sayula, Jalisco, donde hace cien años (de soledad) nació Juan Rulfo, pero en esa clase de pueblos pasan las cosas que son ciertas y falsas.

Yo viví en un pueblo así de los 8 a los 12 años de edad. El pueblo se llama San José de Gracia. Está en Michoacán y es mundialmente conocido, porque hay un libro acerca de él llamado Pueblo en vilo, donde el gran historiador Luis González y González inventó la microhistoria: contó a detalle la historia de un pueblo insignificante y, de ese modo, retrató al país entero y a toda la humanidad.

En ese pueblo en vilo había un señor llamado Juan Gudiño, cristero en su juventud, que contaba una aventura que todo mundo daba por cierta, a pesar de ser tan increíble como la de los imanes de Melquíades. Era cierta porque era bella.

Hace tiempo se me ocurrió contar esa historia en verso, esperando que algún día se convierta, con el permiso de los herederos de Don Juan Gudiño y con ayuda del ilustrador adecuado, en un libro para niños.

Por lo pronto, aquí va el texto. Está escrito en verso, se llama La cascada y es un pequeño homenaje a la grandeza de Rulfo, ese hermano mayor de García Márquez y, al igual que él, hijo literario de William Faulkner.

La cascada

Mi nombre es Juan Gudiño.

Ahora soy viejo, pero alguna vez fui niño.

Era un niño como cualquiera, hasta que viví una gran aventura.

Los mayores creyeron que era locura

y no hallé a ninguno que me creyera.

Te la voy a dibujar: por ti mismo mira

y luego decides si crees que es mentira.

 

Estaba en el monte cuidando a la vaca.

De pronto volaron las palomas

como cuando alguien las ataca.

Volteé a ver al horizonte y en él apareció un ejército entero.

Del susto tan grande, por poquito me muero.

“Pies, para qué los quiero”, me dije,

y salí corriendo tan rápido como el viento.

 

Corrí durante días enteros.

Cuando pensé que los había perdido me detuve y volví a mirar.

¡El ejército estaba justo detrás!

Seguí corriendo hasta un bosque y me interné entre sus árboles de gran follaje.

“Ahora sí, seguro que los pierdo”, me dije,

pero al voltear de nuevo, ¡ahí estaba el ejército completo!

Salí del bosque y llegué a un río.

Me metí en él de un clavado.

¡Casi me muero de frío!

Me zambullí como trucha y nadé como salmón.

Pero al voltear a ver bajo del agua, ¡ahí estaba el ejército como un tiburón!

De pronto llegué hasta una cascada.

No me quedó más remedio: tuve que trepar por el agua.

Al mirar hacia abajo, vi que todo el ejército también trepaba. 

 Entonces saqué mi guadaña y de un solo tajo corté la cascada.

¡Todos los soldados se cayeron al agua y ya no pudieron hacerme nada!

 Ésa es mi aventura y estoy vivo para contarla.

¿Tú sí me crees que sea cierta, o piensas que es inventada? 

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias