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La calle una romería

Sergio Almazán Hace 4 semanas
La calle una romería
Quiero un centro histórico habitable, transitable y limpio para todos. Las calles sin romería ejemplo de la corrupción.

De la tinta de Sergio Almazán

La antigua ciudad prehispánica vivió entre el comercio informal y los conflictos con los históricos tianguis del volador y de Tlatelolco haciendo suyo el espacio público, la gran calzada de Iztapalapa donde descansaban después de la travesía chinampera por las aguas del canal de la Viga que servía de ruta desde Chalco, Xochimilco hasta el Puente de Roldán al que llegaban para desembarcar y comenzar la romería. Era parte de la vida económica y comercial del Mexico tenochca. De aquella práctica comercial somos herederos.

El centro histórico es el escenario y la consecuencia cada vez más imposible de soportar: el comercio informal. Gobiernos van y vienen intentando regular, desalojar y evitar la toma de calles, plazas públicas, espacios históricos y explanadas del primer cuadro de la Ciudad de México por estas agrupaciones de comerciantes que se extienden sin respeto al transeúnte, al patrimonio de inmuebles y claro sin los costos y pagos que implica el comercio -excepto las cuotas irregulares que pagan a sus líderes y estos a algún funcionario público que se beneficia del espacio público-pero tanto mafiosas asociaciones que agrupan, explotan y en ocasiones obligan a indígenas a pedir limosna, vender o postrarse en las plazas para exigir su derecho a ocupar la vía pública, como autoridades y funcionarios corruptos que han encontrado en la vulnerabilidad de la economía y el empleo informal una forma de riqueza, aprovechamiento y corrupción que vuelven la calle una romería.

Hace una década comenzamos a ver que las calles del centro de la ciudad mexica se reordenaban en beneficio del peatón y el comercio formal. El proyecto de peatonizar arterias principales de esta zona volvió más atractivo al turista local y extranjero recorrer, consumir y pasear por esas avenidas limpias, iluminadas, seguras y bellas.

El proyecto del corredor Alameda con una fuerte inyección de recursos económicos para incentivar la infraestructura urbana y de negocios volvió desde la avenida Juárez hasta el zócalo -con el apocalíptico cruce de Eje Central y Madero– el destino social para transitado del centro con aproximadamente 800 mil personas que a diario lo cruzan. Es decir, la economía del comercio formal del centro paso de la romería a la regulación, el orden, la limpieza, la admiración de los bellísimos e históricos edificios coloniales que trazan uno de los accesos al centro de la ciudad antiguamente de los palacios.

El proyecto peatonal del centro se detuvo en el gobierno del actual senador Miguel Ángel Mancera a quien el fuero le impide la aplicación de la justicia y quien mejor aprovechó su cargo para corromper, negociar y sacar provecho del cargo y de las calles del centro. Un centro histórico, Patrimonio de la Humanidad que después de tantas décadas de hacerlo digno, bello, limpio, seguro, transitable, turístico y rentable hoy luce inseguro, sucio, descuidado, ejemplo de corrupción, invadido sus calles por ambulantaje, narcomenudistas que sin reparo y a cualquier hora ofertan en la Alameda o eje central.

¿Quienes están detrás de todos estos grupos: delincuentes, vendedores ambulantes, narcomenudistas, trabajadores sexuales, mimos, etc? Si nos quedamos en la lectura de sociología de la marginalidad global, justificaríamos que toda esta población que habita la calle del centro histórico es la prueba irrefutable de la pobreza que tocó su techo de desesperación, estamos siendo ingenuos y victimizando la condición informal de todas estas personas que la calle es su espacio de comercio.

Pero cuando se conocen los lideres que a diario colocan en explanadas y espacios concurridos a indígenas para pedir limosna, a vendedores ambulantes sin temor de ser levantados, a prestadores de servicios sexuales, el fenómeno del comercio callejero es mucho más complejo porque implica los fuertes lazos de mafia, corrupción y circulación de dinero líquido que toca Los techos de las oficinas de gobierno, de funcionarios y partidos políticos que les conviene esa gente en la calle. En algunas ocasiones me dicen, si quitan a esa gente de vender en la vía pública habría más delincuentes.

Como si la gente que delinque es por falta de empleo formal e informal; no confundir una causa con una consecuencia. Falta empleo formal si, pero también falta cortar la raíz de estas mafiosas agrupaciones que viven de explotar a diario a familias condenadas a vivir de la calle, que coludidos con funcionarios de alcaldías y gobierno han encontrado la forma de hacer riqueza con ese comercio urbano de la vía pública.

Sin importar que entre esas calles donde se ubica el comercio informal se filtran asaltantes, narcomenudistas, sexoservicio o delincuencia más sofisticada que secuestra, violenta, ahuyenta el turismo de la ciudad.

Las calles del centro histórico son una romería, el germen de la delincuencia y la prueba cínica de la corrupción de la ciudad. ¿Será que logremos en los siguientes meses ver su retiro?; se precisa un trabajo urgente y de fondo para volver a hacer transitables esas vías históricas, turísticas y económicamente sustentables pero de forma regularizada y sin temor a ser asaltado, secuestrado.

Invito a la jefa actual del gobierno a que caminemos juntos las calles del centro, conozco esos sitios donde es casi imposible salir ileso, recorro constantemente esas vías buscando el registro histórico de nuestro patrimonio. Me lastima ver su deterioro y abandono, el olvido al que nos han sometido los gobiernos por la voracidad de la riqueza y la corrupción.

Quiero un centro histórico habitable, transitable y limpio para todos. Las calles sin romería ejemplo de la corrupción. Jefa de gobierno, ¿Me acepta la invitación?

Abramos la discusión: @salmazan71