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La caída de la gran Tenochtitlán

De la tinta de Héctor Zagal.

Héctor Zagal Domingo 11 De Agosto, 2019 · 09:17 am
La caída de la gran Tenochtitlán
El 13 de agosto de 1521 cayó México-Tenochtitlán en manos de los españoles - Ilustrativa

El 13 de agosto de 1521 cayó MéxicoTenochtitlán en manos de los españoles. La opulenta ciudad que los conquistadores habían comparado con Sevilla, Roma y Constantinopla estaba reducida a escombros sanguinolentos. Los canales por donde circulaban las mercancías que surtían el espectacular tianguis de Tlatelolco, estaban llenos de tierra y cadáveres. Del zoológico y jardín de Moctezuma no quedaba ni rastro. Las paredes de las pocas casas que aún estaban de pie, estaban embadurnadas con los sesos de los guerreros caídos en batalla. La viruela y el hambre habían diezmado a una ciudad que, según algunos, llegó a tener 300 mil habitantes.

Hernán Cortés había cortado el acueducto de Chapultepec que daba de beber a Tenochtitlán. Las calzadas de Tlacopan, Tepeyac e Iztapala que conectaban la ciudad con tierra firme habían sido tomadas por los españoles. En el lago, 13 bergantines capitaneados por Cortés, no daban tregua a los sitiados. En Tlacopan, hoy Tacuba, Pedro de Alvarado comandaba a 30 jinetes, 18 ballesteros y escopeteros, 150 peones de espada y 25 mil tlaxcaltecas.

En Coyoacán, Cristóbal de Olid dirigía a 36 jinetes, 18 ballesteros y escopeteros, 150 peones de espada y 20 mil tlaxcaltecas. En Iztapalapa, Gonzalo de Sandoval comandaba a 24 jinetes, 4 escopeteros, 13 ballesteros, 150 peones y 30,000 aliados de Chalco y Huejotizngo. La batalla de Tenochtitlán se encuentra entre las más mortíferas de la historia.

Salvo pocas excepciones, los pueblo de Mesoamérica odiaban a los mexicas, un pueblo conquistador que exigía pesados tributos en especie, mano de obra y prisioneros para los sacrificios. Tenochtitlán no se tocaba el corazón cuando algún pueblo sometido intentaba rebelarse. Moctezuma era tan temido como aborrecido.

Cortés supo capitalizar ese odio y tejer alianzas con los pueblos originarios (otro asunto es que se hayan respetado los acuerdos). Durante el sitio de Tenochtitlan, los tlaxcaltecas fueron especialmente crueles contra los mexicas, pues los mexicas habían intentado conquistar repetidamente la república de Tlaxcala. Para defenderse de la amenaza, los tlaxcaltecas habían levantado una especie de muralla. Así de tensa era la situación en estas tierras a la llegada de los españoles.

Murió Moctezuma (quizá a manos de los españoles). Murió Cuitláhuac, víctima de la viruela. Cuauhtémoc ocupó el trono de Tenochtitlán con los españoles y sus aliados encima. El tlatoani comprendió la gravedad de la situación y tragándose su orgullo, pidió el apoyo de los purépechas. El señor de Michoacán se negó a aliarse con los mexicas y mató a sus embajadores. Era de esperar esa respuesta. Tenochtitlán había intentado conquistarlos anteriormente. ¿Por qué apoyarlos ahora?

La superioridad técnica de los españoles fue decisiva: barcos de vela, armas de fuego, corazas y espadas de hierro, ballestas, caballos.  Pero, sobre todo, el apoyo de los tlaxcaltecas. Tras la caída de la capital mexica, los tlaxcaltecas seguirían apoyando a los españoles en la conquista de otros territorios, especialmente hacia el norte de lo que, siglos después, sería llamado México. Al hablar de la conquista, no puede soslayarse este punto.

La iglesia católica celebra la fiesta de San Hipólito el 13 de agosto. Esta santo se convirtió en el patrono de la ciudad de México, que perdió su nombre de Tenochtitlán, entre otros motivos, porque los españoles no podían pronunciar esta palabra. Cada 13 de agosto, el Virrey de la Nueva España acudía a la iglesia de San Hipólito, allá por el rumbo de la alameda de la CDMX. En el templo se guardaba el pendón, la bandera, con la que supuestamente entró Hernán Cortés a las humeantes ruinas de Tenochtitlán.

El Virrey desfilaba desde San Hipólito por la calle de Tacuba rumbo a la plaza mayor. Era el “paseo del pendón”. Tal celebración fue abolida en 1812. No estaba el horno para bollos. Por cierto, actualmente, ni quien se acuerde del pobre san Hipólito. San Juditas le ha arrebató su templo. Cada día 28, los devotos de San Judas Tadeo toman la vieja iglesia novohispana y la convierten en un mercado de imágenes.

Hernán Cortés,  Napoleón Bonaparte, Alejandro Magno y Julio César fueron conquistadores. Los cuatro mataron inocentes para conseguir riquezas y poder.  También los tlatoanis mexicas fueron conquistadores crueles. Y así como los medievales justificaron con la religión las cruzadas en medio oriente, también los mexicas guerrearon contra otros pueblos invocando a sus dioses. Sin embargo, toda guerra de conquista siempre es injustificable.

¿Por qué, entonces, a los mexicanos nos duele tanto la caída de Tenochtitlán? ¿Por qué somos tan condescendientes con Alejandro Magno que arrasó Tiro o con César que sometió las Galias? ¿Por qué a nadie le admira la astucia de Cortés? Me temo que la respuesta es aún más dolorosa. De alguna manera, la cultura mexicana perpetuó el sometimiento de los pueblos originarios. Nosotros (blancos o mestizos) hemos perpetuado aquello que le reprochamos a la conquista. Pero la verdad de las cosas es que Cortés y sus soldados no escribieron sino el primer episodio de nuestra historia. Lo demás ha sido responsabilidad nuestra. México lleva 200 años de vida independiente. No podemos culpar a Hernán Cortés de la discriminación y pobreza que padecen los pueblos originarios de nuestro país en el 2021.

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

@hzagal