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La 4 Transformación que (no) llega

Sergio Almazán 2/Mar/19 10:00
La 4 Transformación que (no) llega
AMLO administra los golpes y atiza los quemones que sus secretarios y gabinete provocan con su halo soberbio de desplante e ignorancia / Reuters.

De la tinta de Sergio Almazán

Sería necio decir que llegó la 4 Transformación al país. Es todavía temprano y venturoso mirar efectos de un proyecto de gobierno en tan sólo 90 días. Prácticamente, no se ha movido nada, y en el fondo las aguas turbias se vuelven claras a la vista: la cancelación del nuevo aeropuerto en Texcoco, la evidencia del tráfico de gasolina y las guarderías… Son puntas del iceberg de corrupción en la forma en que se hizo política pública y gobierno en sexenios pasados. Su evidencia no advierte cambio, sólo manifiesta el estado que guarda nuestro país.

En los primeros tres meses del actual gobierno, la popularidad sigue con el nivel en aumento de aceptación. Las contrapartes se vuelven pequeños rasguños que pueden leerse como guiños de democracia. El actual presidente López Obrador administra los golpes y atiza los quemones que sus secretarios y gabinete provocan con su halo soberbio de desplante e ignorancia. En él se concentra el liderazgo, la simpatía de un abuelo o tata a la vieja usanza del patriarca. Salir cada mañana a querer hacer-saber que es el depositario de toda la situación del país y refrendar su postura haciendo hablar a su gabinete ante los medios y reporteros es tanto como emular al padre de los años 30 que ante la mesa familiar advierte de la conducta de los otros e impone premios y castigos.

Esa técnica del concentrador del poder: el líder por antonomasia gusta a un grupo de población que precisa del jerarca, del supremo, del todopoderoso que resuelve, manotea, castiga, premia y reconoce al otro. Su autoridad es ley y voz esperanzadora. El presidente actual nos ha mostrado un discurso directo, encantador de sirenas: dice lo que quieren oír y en momentos hasta coloquial. Durante sus 90 días al frente del país ha buscado jugar con la imagen de quien da tranquilidad ante la adversidad del desastroso estado en que recibió el país (sic).  El hartazgo determinó el voto. Ahora la esperanza siembra la confianza.

Son 90 días que no ha podido hacernos saber su verdadera estrategia de gobierno y plan de Estado, Aún es pronto para ver qué significa en acciones la 4ª Transformación. Aunque en el fondo creo que no será posible en un sexenio lograr descifrarla. Es la historia, el tiempo a distancia la que pueda escribir, describir, comprender y mirar los efectos de eso que ha llamado un paso a los anales históricos de México.

Transformar al país es un ejercicio más allá de voluntades. Implica ante todo, un ajuste en las formas de hacer política, de hacerse a la política y con la sociedad. Un pueblo que hemos crecido en los últimos cien años entre corrupciones, luchas civiles, arrebatos, expropiaciones, sismos, rezagos, delincuencia, violencia, inequidad, discriminación y doble moral. ¿Cómo hacer el cambio si no desaprendemos de nuestra ideología  lo que creímos éramos?… No se hace la revolución cuando no cambiamos las ideas y las costumbres perversas.

¿Qué nos falta por hacer y ser para transformarnos? No creo que sea asunto de un líder, ni un mesías, es más profundo el tema. Estamos en un tiempo muy trascendente para los mexicanos. Son 90 días en que probamos suerte con una ideología de izquierda, la primera vez en nuestra historia moderna, un líder que ganó en las urnas de forma avasalladora, un México con crisis y ante la historia del nuevo siglo con una América Latina en crisis y una potencia vecina con fuertes problemas con su presidente y su política ambivalente.

La 4ª transformación que se pronunció como moneda de cambio está en el aire, nos falta mucho por reconstruir y refundar. En 90 días de un nuevo presidente… ¿Qué hemos cambiado en nuestro fuero interno?

Abramos la discusión: @salmazan71