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Fouché y el ‘stalkeo’

Bonaparte contó  con dos alfiles que en las partidas del ajedrez europeo le ayudaron a ganar  muchos juegos.  Estos dos alfiles fueron Talleyrand y Fouché, personajes siniestros, astutos y  rivales entre sí.

Héctor Zagal Domingo 25 De Junio, 2017 · 09:12 am
Fouché y el ‘stalkeo’
Talleyrand y Fouché

Cuando la gente habla de Napoleón Bonaparte, seguramente nos viene a la  mente su genio militar, el caballo blanco, los cañones, sus victorias. Y es  cierto, tenía un agudo talento para la guerra; pero tampoco hay que soslayar  sus habilidades políticas. Napoleón supo rodearse tanto de generales valientes  como de consejeros sagaces.

Para la intriga y la negociación, Bonaparte contó  con dos alfiles que en las partidas del ajedrez europeo le ayudaron a ganar  muchos juegos.  Estos dos alfiles fueron Talleyrand y Fouché, personajes siniestros, astutos y  rivales entre sí.

Napoleón los despreciaba, pero sabía que los necesitaba.  Talleyrand, de quien les hablaré en otra ocasión, fue un oportunista de la  política, que sobrevivió a todas las tormentas revolucionarias de Francia.  Joseph Fouché, por su parte, fundó policía secreta y tejió por una red de  agentes que lo informaban de cualquier cosa de su interés. ¿Les suena la  historia? ¿Quién es el Fouché de este sexenio?  Pero regresemos al pasado, Fouché, “el genio tenebroso”, como lo llamó  Stefan Sweig, nació en 1759 en una familia de condición modesta.

Ese  muchacho inteligente y ambicioso llegó a convertirse en uno de los  marionetistas de la escena política francesa. Fouché no era la estrella de las  fiestas que se sube a la mesa soltando gritos y dirigiendo la música; no, Fouché  era de los que se quedan con perfil bajo, charlando tranquilamente con los  invitados, invitándolos a actuar de cierta forma.  

Durante el Imperio napoleónico, nuestro genio tenebroso organizó el llamado  Gabinete Negro, una oficina que censuraba, vigilaba, espiaba, manipulaba y  controlaba. A Fouché se le atribuye la frase: “Dame dos líneas escritas por  alguien, y encontraré el motivo para acusarlo”. ¿Imaginan lo que él podría  hacer en estos tiempo de las redes sociales?  Fouché procuraba estar enterado de todo. “El ministro de Policía –gustaba de  repetir– es un hombre que se ocupa, en primer lugar, de todas las cosas que le  incumben; y, en segundo lugar, de todas las cosas que no le incumben”.  

Sin embargo, una que otra cosa se le escapó… y eso, quizá. Justo cuando las  relaciones entre Fouché y Napoleón eran más tensas, el emperador francés  sufrió un atentado en su carruaje. Una bomba dejó a 40 personas muertas y  Napoleón, sobreviviente, aprovechó la ocasión para acusar a Fouché de  inepto. Fouché quedó mal parado, pero con el tiempo –y como es costumbre  de los siniestros marionetistas políticos –encontraría la forma cobrársela a  Napoleón.  

Como ven, al final, esto del espionaje, no es nada nuevo. En la política todo el  mundo se espía. Mal, muy mal…. La CIA sabe mucho sobre los políticos  mexicanos y nuestros amados políticos se espían entre sí. Claro que, por  suerte, México no tiene un Fouché. Aquí entre nos, imagino que a mí también  me están espiando.

En todo caso, también deben estarlos espiando a ustedes  que leen estas líneas. Así que aprovecho este espacio para saludar a los  encargados de revisar mis textos esperando que mi artículo haya sido de su  agrado y aprendieran algo sobre historia.  

@hzagal  Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias