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Flechas y tragedias

De la tinta de Héctor Zagal

Héctor Zagal Domingo 9 De Febrero, 2020 · 09:18 am
Flechas y tragedias
Historia de cupido / Foto: Ilustativa

Ya se acerca el 14 de febrero. Por estas fechas veo a mis alumnos más angustiados que en época de exámenes finales. Unos porque no saben con qué sorprender a su novia y otros porque no tienen a quien sorprender. Entre el toloache y las hormonas, no sé qué poción es más perjudicial. El amor es una fuerza misteriosa, un encantamiento que nos viene de no sabemos dónde ni por qué. Pero solemos culpar a cierto bodoque alado de todos los males del corazón. Cupido, entre los romanos; Eros para los griegos. 

Hay varias versiones del nacimiento de Eros. La que más me gusta es la que cuenta que Eros nació de Afrodita, diosa del amor y de la belleza, y de Ares, dios de la guerra. El amor, como muchos sabrán, es una mezcla de amor y odio, de placer y dolor. A Eros, se le representa como un niño o joven alado, cargado con arco y flechas. Algunas veces se le añade una venda en los ojos. El amor, como dicen algunos, es ciego. O irracional. Shakespeare escribió así sobre Eros: “Ni en la mente de Amor se ha registrado señal alguna de discernimiento. Como que las alas y la ceguera son emblema de imprudente premura, y a causa de ello se dice que el amor es un niño, porque en la elección yerra frecuentemente.”

De acuerdo con “El Banquete” de Platón, Eros es hijo de Poros, la abundancia, y Penia, la pobreza. Platón consideraba que Eros era un daimon, un demonio que comunica a los hombres con la divinidad. Pero el amor puede inspirar las más altas virtudes en el hombre y acercarlo a una contemplación de la belleza más allá del apetito sexual. Para Aristóteles, el amor depende de la excelencia del alma, de la virtud tanto del amante como del ser amado. Cuando amamos estamos al pendiente de nuestros vicios y errores porque no queremos causar mal al otro. Así, amar nos inspira a ser más virtuosos para hacerle bien al amado. 

Pero los jóvenes de lo que menos quieren saber es de medidas o prudencia. Al amor lo quieren desenfrenado, intenso, rápido, entregado. El sueño de muchos es emular la historia de Romeo y Julieta. Espero que sepan que no duraron ni una semana y ambos terminaron muertos. Si hubieran sido más prudentes, hubieran previsto que su unión era todo menos conveniente. 

Si se persigue un imposible, mucho puede salir mal. La guerra de Troya empezó por un príncipe troyano que ambicionaba más el amor de la mujer más bella que el poder y la sabiduría. Mi amigo Obdulio nunca ha entendido a Paris; si él hubiera podido elegir, habría escogido el poder, así compraría la compañía de grandes intelectuales y de las mujeres más bellas. Pero Paris era demasiado joven y medio farol. Disfrutó mucho bajarle la esposa al rey Menelao, pero huyó de los trancazos. Diez años de guerra fue el precio del ‘affaire’. 

Pero ni los dioses se salvan de amar a quien no se debe (o a quien no te pela, en muchos casos). Un día, Apolo se burló de la habilidad de Eros con el arco. Indignado, Eros decidió disparar dos flechas, una de oro (que provocaba enamoramiento) y otra de plomo (que provocaba rechazo). La primera iba dirigida a Apolo, y la segunda a la ninfa Dafne. Apolo persiguió a Dafne sin cesar hasta que ésta, desesperada pidió el auxilio de los dioses. Entonces sus veloces pies se quedaron fijos como raíces, sus brazos se tornaron en ramas y su torso se convirtió en madera. Se había transformado en un laurel. 

No sufran si este 14 de febrero no han sido flechados por Cupido. 

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

@hzagal