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¿Feliz día del niño?

De la tinta de Héctor Zagal

Héctor Zagal Domingo 28 De Abril, 2019 · 09:18 am
¿Feliz día del niño?
Durante siglos, ladrones y soldados respetaron la vida de los niños; lo que hoy estamos viendo es la violación de los códigos más elementales de convivencia. Y que no se vaya a enojar nadie, pero el sujeto capaz de masacrar a un niño no es una víctima del neoliberalismo, sino un canalla que merece nuestro desprecio

Un avión que transporta niños británicos cae una isla desierta. Los adultos mueren y los niños, todos varones, deben sobrevivir usando su ingenio y sus propias fuerzas. Los niños se agrupan en torno a los dos mayores, Ralph y Jack. En la isla, hay dos necesidades, una urgente, comer; y otra de largo plazo, mantener encendida una hoguera para atraer la atención de algún barco que los rescate. Los gruesos lentes del inteligente Piggy son la herramienta para encenderlo. El apodo le viene de su gordura, motivo por el cual se mofan constantemente de él.

De una manera civilizada, se dividen el trabajo. Jack y los niños más aguerridos se dan a la tarea de cazar jabalíes para la comida. Ralph, ayudado por “Piggy” y los más pequeños, tienen a su cargo la hoguera. El fuego es necesario para cocinar la carne y para ser rescatados. Los niños se organizan y discuten los asuntos de su pequeña comunidad. Una de las reglas que acuerdan, niños al fin, es que para hablar en la asamblea hay que tener en la mano una hermosa caracola, que hallaron en la playa.

Poco a poco, la convivencia se deteriora. Surge una rivalidad entre Ralph y Jack. La historia termina en una refriega sangrienta, en la que queman parte de la isla, comprometiendo su sobreviviencia. El punto de inflexión se da cuando los chicos ignoran a Piggy en la asamblea, a pesar de que el niño tiene la caracola en la mano. Piggy insiste en que, de acuerdo con las reglas, él tiene el uso de la palabra. Pero el pacto se ha roto y otro niño mata a Piggy. Los niños pueden ser dulces, pero también increíblemente crueles.

Se trata de la novela El Señor de las moscas, escrita por William Golding y publicada en 1954. Hay numerosas referencias al libro en la cultura pop: en manga, series de televisión, videos juegos, incluso en el Heavy Metal. “I just want to feel like we’re strong/ We don’t need a code of morality”, canta una de las estrofas “Lord of the flies” de Iron Maiden.

Piggy tenía razón. Las normas, las reglas, las leyes son lo único que los niños tenían. Sin normas, no se puede sobrevivir. Necesitamos de los demás para desplegar nuestra existencia de una manera plena. Las normas hacen viables nuestra existencia. Al final (¡spoiler alert!), cuando Jack y sus secuaces están a punto de matar a Ralph, aparece un adulto. La presencia del adulto le devuelve a los niños la sensatez y, entonces, prorrumpen en lágrimas.

Pronto será día del niño. En mi primaria, era una fecha deliciosa. El día 30 había kermsés y, al día siguiente, no había clases. ¿Qué más le puede uno pedir a la vida a los 9 años? Sin embargo, muchos niños no celebrarán este 30 de abril. Recordemos al pequeño asesinado en Minatitlán. ¿Y los dos niños, uno de ellos de 8 meses, heridos cuando un comando mató a las dos mujeres con quien iban los pequeños? ¿Y el niño abandonado en la ciudad de México, después de que asesinaron a su madre para robarle un coche? México vive en la barbarie. Durante siglos, ladrones y soldados respetaron la vida de los niños; lo que hoy estamos viendo es la violación de los códigos más elementales de convivencia. Y que no se vaya a enojar nadie, pero el sujeto capaz de masacrar a un niño no es una víctima del neoliberalismo, sino un canalla que merece nuestro desprecio. Por lo pronto, no me queda sino gritar junto con Piggy, las reglas, las reglas son lo único que tenemos. La barbarie comienza cuando quien incumple la ley no recibe su castigo.

Sapere aude! ¡Atrévete a saber! @hzagal