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Evo: siempre electo; nunca inelecto

De la tinta de Arturo Espinosa Silis

Arturo Espinosa Silis Miércoles 16 De Octubre, 2019 · 09:15 am
Evo: siempre electo; nunca inelecto
Entre el 20 y el 27 de octubre Bolivia, Canadá, Argentina, Uruguay y Colombia tendrán elecciones en las cuales, con excepción del Colombia, se elegirán a las o los titulares del Poder Ejecutivo / Foto Reuters

Este domingo marca el inicio de la última temporada electoral en el continente para este año. Entre el 20 y el 27 de octubre Bolivia, Canadá, Argentina, Uruguay y Colombia tendrán elecciones en las cuales, con excepción del Colombia, se elegirán a las o los titulares del Poder Ejecutivo de estos países. La primera de estas elecciones será la de Bolivia, en la que se renovará, además de la Presidencia, a las y los integrantes del Poder Legislativo federal y a representantes ante organismos supranacionales.

Viendo el atropello democrático que se está dando en Baja California −derivado de la ambición de un gobernador que apenas fue electo−, no podemos dejar pasar la oportunidad para poner el ojo en lo que ocurrirá en Bolivia ahora que la ciudadanía irá a las urnas para elegir un nuevo presidente o reelegir a Evo Morales por cuarta ocasión consecutiva, a pesar de que la Constitución de aquel país únicamente permite la reelección presidencial por dos periodos consecutivos, pues parece que el afán de perpetuarse en el poder es el mismo.

En 2005, Morales fue electo por primera ocasión como Presidente de Bolivia con el 53% de los votos. Aquellas elecciones en realidad debían llevarse a cabo en 2007, pero se adelantaron debido a una crisis política y social que vivió el país. En 2009, se realizaron nuevas elecciones y en esa ocasión, Evo volvió a resultar triunfador con el 64% de los votos, de manera que ocupó la Presidencia por un tercer mandato que debía concluir en 2014.

Aunque como ya lo adelantaba, la Constitución de Bolivia prohibe la reelección por más de dos mandatos consecutivos, la justificación para que Evo Morales buscara reelegirse en las elecciones de 2013, fue que el primer mandato de su gobierno se llevó a cabo bajo una Constitución que ya no se encontraba vigente, y el segundo mandato se realizó con la nueva Constitución de 2009, por lo que bajo ese nuevo marco jurídico, únicamente había gobernado un periodo, por lo que no incurría en la prohibición constitucional. Esto fue avalado por la Corte Suprema.

Para buscar la reelección en un cuarto periodo, Evo Morales convocó a un referéndum en 2016, en el cual consultó a la ciudadanía si querían que se reeligiera nuevamente. Con una participación del 84% de las y los electores el “NO” se impuso con el 51% de las preferencias. Sin embargo, esto no bastó para que Evo cesara en sus intentos por continuar en el poder, así que en 2017, apenas unos meses antes de las elecciones judiciales en Bolivia, el Tribunal Constitucional determinó que la limitación para que la reelección presidencial fuera posible por únicamente dos mandatos consecutivos era inconstitucional ya que restringía el derecho a ser votado de la ciudadanía, y con ello, tal como se hizo previamente en Nicaragua y Honduras, se abrió la puerta para la reelección presidencial indefinida.

Evo Morales ha buscado hacer todos los vericuetos posibles para mantenerse en el cargo desde 2006, ello a pesar de que la ley se lo prohibía y de que la ciudadanía expresó su voluntad en el sentido de no validar su intento por reelegirse una cuarta ocasión.

Lo que ocurra en Bolivia el próximo domingo 20 de octubre será relevante en términos democráticos, pues por un lado, veremos si los enredos a los que están dispuestos nuestros gobernantes para mantenerse en el poder son efectivos para lograr que la voluntad de una persona se imponga al Estado de derecho −claro esto siempre bajo la complicidad de las instituciones democráticas que permiten estos atropellos o que al menos los toleran−; y por otro lado, podríamos ser testigos de cómo el ejercicio libre, auténtico y secreto del voto puede ser un arma efectiva para detener la intención de Evo Morales de gobernar Bolivia por casi dos décadas de manera ininterrumpida.

En democracia hay puertas que no se deben abrir; la reelección presidencial y la ampliación de los mandatos de gobierno es una de ellas. El poder es seductor y son muchos quienes buscan perpetuarse en el poder a como dé lugar.

Bien dicen por ahí «cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar».

@EspinosaSilis