¿Deseas recibir notificaciones?
Radio
Webcam
Buscar
Obscuro
Lo más buscado:
Link Copiado
A A

Ese mal transparente

Sergio Almazán Sábado 26 De Octubre, 2019 · 11:07 am
Ese mal transparente
“La transparencia del mal es quien gobierna este país y parece que no hay retorno ni otra ruta, así lo dejó ver en Culiacán”, opina Sergio Almazán / Foto: Reuters

El principio para vivir actualmente tiene que ser el riesgo a la muerte: la violencia ha condicionado nuestra manera de relacionarnos con el entorno. Nos hemos acostumbrado a que alrededor de nosotros esté el mal. El mal no como un principio moral, sino como un estallamiento social, convertido en corrupción, violencia e impunidad. Por doquier se corta cartucho: lo mismo para quitar una cartera que para ajustar cuentas. El mal se ha hecho transparente ante nuestra vista, nos resulta un precio cotidiano que tienen que pagar los otros para que uno siga retando el derecho de ciudadanía. O incluso, es nuestro pasaporte para acceder al paraíso terrenal prometido.

Acostumbrados a vivir con ese mal, como un vértigo y adrenalina para estar, para ser y convivir. Se trata de un consenso al que que hemos llegado, al que cedimos como condicionante para habitar y pertenecer a la llamada modernidad, desarrollo e hiperinformática. El mal transparente en el que vivimos  parece no detenerse y desde su escenario traza las rutas que habremos de andar, de habitar y producir. Son los cárteles, quienes definen los gobiernos, las economías, las nuevas creencias de los que deben de vivir y morir. No al revés. Y si el origen que construye el paraíso social al que habremos de anhelar llegar es indestructivo por maligno, entonces quiere decir que es la violencia el camino para alcanzarlo.

¿Por qué ese mal es tan definitorio?… A diferencia del mal católico que trazaba las rutas de las conductas del futuro: el cielo y el infierno. O del mal moral que castigaba las conductas a través de sus leyes. El mal de nuestros tiempos expresa todas formas posibles e inimaginables de violencia humana, es un mal contra y para lo humano: violencia de género (desde 2015 hasta la fecha cerca 3200 feminicidios en nuestro país); la violencia por el narcotráfico: en junio de este año, más de cien personas murieron al día por causas de tráfico de armas y pugna entre cárteles y las plazas; 7500 personas mueren al año en nuestro país por desnutrición. Es decir este mal que vivimos es transparente. Dejaron de contar los asesinatos en este país porque lo que importa son los vivos. La violencia es una condición para pertenecer a las urbes.

En México no se menciona como un problema de salud pública, y se trata de un indicador del porvenir, porque traza el futuro de jóvenes que están siendo víctimas y cifras, ya sea porque mueren en las calles, las cárceles o hasta en las canchas de futbol por la violencia del crimen organizado o quedan huérfanos a causa de las balas de los cárteles. Y ahí no puede ser con regaños, “nalgaditas” o consejos morales como vamos a resolver un problema más de fondo: la transparencia de ese mal.

Lo inquietante no es negociar entre capturar a uno y para hacerlo, matar a 200 personas, sino el mensaje que el mal transparente envía: la violencia y sus  garras son las leyes que definen y doblegan la justicia, el bien y el porvenir. Es decir, ya no queda ley, autoridad o moral que pueda contra su fuerza. Todos somos el mal o todos debemos construirnos desde ese mal.

Estamos ante la obra del desarreglo, el desfile del desbocamiento de sus efectos, el irrisorio concepto institucional de la autoridad, el caos de la legitimidad, la supremacía de la corrupción y del abuso. Vivimos en la transparencia de lo que ayer llamábamos El mal.  Su excesiva eficacia ganó y nos ofrece hoy día el paraíso de su fictica felicidad.

La energía de lo maldito,  su violencia descarnada, su efímero placer pasional del bienestar inmediato es el gratrificante estímulo que ha empujado a todo humano a caminar buscando el paraiso prometido del mal. La transparencia del mal es quien gobierna este país y parece que no hay retorno ni otra ruta, así lo dejó ver en Culiacán y sus rutas las traza a diario en las calles y poblados, en las rancherías y oficinas de gobierno, en las escuelas y las iglesias, en las cárceles y los barrios pobres y ricos. El mal ya es transparente.

 

Abramos la discusión: @salmazan71