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Escándalo + escándalo = Conacyt

De la tinta de Arturo Barba

Arturo Barba Viernes 27 De Septiembre, 2019 · 06:46 am
Escándalo + escándalo = Conacyt
Conacyt /Ilustración

En las estrategias de publicidad hay un dicho: no importa que se hable mal de ti con tal que se hable de ti (en inglés se dice que all publicity is good publicity), y todo indica que en el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) está siguiendo esta pauta in extremis en sus “estrategias” políticas y de comunicación social. Desde antes de asumir el cargo, la nueva administración no ha dejado de aparecer sistemáticamente en las noticias de todos los medios de comunicación mexicanos y de muchos medios internacionales, pero con escándalo tras escándalo; así ha ocurrido desde hace 12 meses, desde el equipo de transición.

El de esta semana tiene que ver con la expulsión del Dr. Antonio Lazcano de un comité de evaluación (Comisión Dictaminadora del Área 2) del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) por supuestas “faltas injustificadas”, lo cual sucedió días después de que Lazcano, uno de los más connotados investigadores en el campo de la biología evolutiva en México y a nivel internacional, cuestionara las erradas medidas de la actual administración del Conacyt tanto en los medios mexicanos como en la prestigiosa revista Science. En un torpe comunicado, el Consejo justifica tal decisión con el supuesto incumplimiento de una normatividad que desde hace años no se aplica, pero que ahora, casualmente, se propone hacer cumplir a rajatabla.

En esas comisiones el trabajo sustancial de los evaluadores como Lazcano no es solo acudir a reuniones, sino la revisión de los expedientes de los investigadores que buscan ser promovidos para subir de nivel. Lazcano tenía bajo su responsabilidad revisar ni más ni menos que 280 expedientes de cuando menos 250 páginas cada uno. Pero las autoridades del SNI se preocuparon porque faltó a dos reuniones.

Por más que Conacyt diga que la “suspensión” nada tiene que ver con las críticas de Lazcano a la actual administración, ante la opinión pública esta acción es percibida como una clara vendetta contra el científico. Suponiendo sin conceder que no se trata de una represalia, ha sido una pésima estrategia pretender hacer “cumplir la normatividad” del SNI de esa manera y en este momento.

Días antes, la suspensión de becas a estudiantes de doctorado y posdoctorado en el extranjero, así como la disminución del número de becas de posgrado, también fue motivo de escándalo: A decenas de jóvenes se les suspendieron o no les renovaron sus becas para continuar sus estudios en otro país. El pretexto es que las “normas” y “criterios” de la actual administración han cambiado. Es legítimo que las nuevas autoridades establezcan nuevas reglas, pero lo hicieron antes de que los actuales becarios terminaran de formarse. Prefirieron dejar en el desamparo a jóvenes mexicanos en el extranjero, sin importar dejarlos sin recursos para su alimentación, vivienda o materiales de estudio. Hace falta un poco de humanidad ante esta situación.

Semanas antes la disminución del apoyo a la Sociedad Matemática Mexicana ocupó las noticias de todos los medios y las redes sociales: a dicha asociación el Conacyt le recortó los recursos que usaban para enviar a sus estudiantes a competir en las diversas olimpiadas internacionales. Con mucha mayor sensibilidad y generosidad, el cineasta Guillermo del Toro pagó los viajes de varios de ellos. La reacción nacional e internacional no se hizo esperar y ,ante las crecientes críticas de la opinión pública, la propia directora general del Conacyt, María Elena Álvarez-Buylla Roces, señaló que “el comité de evaluación” había decidido eliminar el apoyo porque las Olimpiadas de Matemáticas no “llegaban a las comunidades marginadas” del país, lo cual puso en evidencia la ignorancia en torno al papel de estas competencias.

Para impulsar la enseñanza y el aprendizaje de las matemáticas y de cualquier disciplina científica existe una Secretaría de Educación Pública federal y su equivalente en cada estado, excepto en la Ciudad de México. Ninguna sociedad científica tiene tal responsabilidad y menos un programa de competencias de conocimientos científicos.

Varias páginas más se requerirían para continuar relatando los numerosos desatinos. Es evidente que los funcionarios del Conacyt no saben de estrategias políticas, ni de comunicación social; tampoco conocen la institución para la que trabajan; ignoran para qué son la ciencia y la tecnología; y no entienden el sistema científico mexicano, sus instituciones y la manera en que ha evolucionado. Hay torpeza evidente y pública en sus decisiones.

Sin embargo, el efecto que preocupa, independientemente de la impericia política y la falta de “tacto”, es el desgaste que los escándalos están ocasionando al Conacyt como institución. Es el descrédito de una dependencia que a la sociedad mexicana le ha tomado muchos años y muchos recursos para construir. Entre la sociedad, la percepción del Consejo es sinónimo de escándalo público.

Con estos alborotos hay que sumar las descalificaciones del Presidente de México, que ha calificado a los científicos como “fifís, conservadores y privilegiados”. Todo esto afecta la ya de por sí distorsionada imagen del científico y deforma la percepción sobre la comunidad científica y sobre la ciencia entre los mexicanos.

Cabría preguntarse: ¿Cuánto dinero se ha ahorrado el Conacyt al eliminar los recursos a estudiantes que se encuentran en el extranjero? ¿Es mejor ahorrarse unos cuantos pesos, sin importar el daño a los científicos en formación? ¿Cuál fue el beneficio institucional y social de haber suspendido al Dr. Lazcano como evaluador? Los recursos que se han eliminado de los apoyos a sociedades científicas y al Foro Consultivo ¿de verdad han servido para apoyar otros programas más importantes para la sociedad? ¿Ha valido la pena tomar esas decisiones erradas sin importar generar una y otra vez escándalos públicos?

Desde hace muchos años México requiere reorientar y replantear sus programas científicos para establecer verdaderas políticas de Estado en materia de ciencia, tecnología e innovación. En los tres sexenios anteriores se saquearon los pocos recursos públicos destinados a la ciencia para entregárselos a grandes empresas nacionales e internacionales, lo cual no debía continuar. Coincido con las autoridades del Conacyt en la urgencia de suspender este latrocinio. Pero aún hace falta que las nuevas autoridades se planteen cambios de fondo en las políticas públicas y no solo cambios de nombres a programas ya existentes o “reinventar el hilo negro”, como el programa de Problemas Nacionales, que ya existía desde hace años.

Hasta ahora los numerosos problemas del sistema científico mexicano no han merecido ninguna mención por parte de las nuevas autoridades del Conacyt, ya no digamos el planteamiento de políticas públicas sobre asuntos como la falta de espacios de trabajo para incorporar a los cerca de 5 mil doctores en ciencias que se forman cada año en nuestro país. Muchos de estos jóvenes se convierten en cerebros fugados al interior y el exterior de México. Solo en los últimos tres años, 15 mil doctores en ciencias se han preparado con recursos públicos, pero casi ninguno tiene trabajo seguro, estable y bien pagado, en las instituciones mexicanas. ¿Qué han dicho sobre esto?: Nada.

Faltan centros públicos de investigación sobre temas fundamentales para el país como el agua, la biotecnología agrícola, el cambio climático, la migración, los microsistemas electromecánicos, la nanotecnología, la inteligencia artificial y la bioinformática, entre muchos otros. Para esto no existen ideas ni planes en el horizonte de las autoridades del Conacyt.

Asimismo, urge reestructurar el sistema de evaluación de los científicos y otorgarle mayor valor a la solución de problemas y a la vinculación productiva, social y cultural de los investigadores. ¿Qué se ha mencionado al respecto?: Nada.

Constantemente, la directora general del Conacyt se ha quejado del impacto mediático negativo de su administración ante la opinión pública y cree que se trata de una “estrategia mediática concertada” en su contra. Pero en realidad el problema está en sus funcionarios que le han mal aconsejado. El problema está en quienes han tomado las pésimas decisiones mencionadas.

Álvarez-Buylla debería escuchar voces como las de Ana María Cetto, Juan Pedro Laclette, Octavio Paredes y muchos otros científicos que desde hace muchos años cuestionaron las erradas políticas científicas de sexenios anteriores y han realizado propuestas mesuradas, inteligentes y viables que tanto requiere la ciencia mexicana.

Ojalá que en Conacyt se dejara de perder el tiempo apagando los “infiernitos” que ellos mismos han encendido. Ya han pasado 12 meses, ¿estarán dispuestos a continuar 5 años más peleándose con el Foro Consultivo y otras asociaciones científicas, recortando apoyos, dejando en la indefensión a estudiantes de posgrado, solo para “ahorrarse” unos cuantos pesos? ¿Preferirán que se hable mal y que continúe la percepción negativa de la institución? ¿Se atreverán, por fin, a hacer política?

 

Comentarios y sugerencias: @abanav y abanav@gmail.com

 

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias