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Elogio de la clase media

Fue una combinación de factores la que sacó adelante a mi padre. El esfuerzo de mi abuela, las becas del gobierno, y la filantropía de un actor.

Héctor Zagal Domingo 13 De Junio, 2021 · 09:30 am
Elogio de la clase media
El Instituto Politécnico Nacional (IPN) comenzó la aplicación del examen de admisión a un total de 74 mil 611 aspirantes nivel superior y a mil 277 de medio superior, en modalidad escolarizada. En el primer día de aplicación aspirantes acudieron a la sede de la Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica (ESIME) Zacatenco en donde se realizaron protocolos de sanidad para evitar la propagación de covid-19 / Cuartoscuro

Mi abuelo paterno fue minero. Murió de silicosis en una vecindad de Santa María la Ribera, en la Ciudad de México. Carecía de seguridad social y de cualquier otra prestación. Nadie me cuenta las injusticias que sufren tantas y tantas personas. Mientras los dueños de la mina se enriquecían, mi abuela tuvo que hacerse cargo de una familia de siete hijos. Mi padre tenía alrededor de ocho años cuando murió mi abuelo. Para sacar adelante a sus hijos, mi abuela Emilia lavó ropa ajena a mano, fregó pisos, barrió aceras. Mi padre tenía una obsesión con el chocolate espeso, pero espumoso, y el pan de dulce. Y es que, me lo confesó alguna vez, eso era un lujo que no se podía permitir en su niñez.

Conocí a mi abuela Emilia. Era una mujer de una pieza. Optimista, católica, dicharachera. Siempre tuvo una idea muy clara. Sus hijas e hijos debían estudiar. Lógicamente, mi padre estudió en escuelas públicas. En lo veranos, siendo niño, mi padre trabajaba vendiendo dulces en teatros y carpas, donde actuaban cómicos como Palillo.

¿Cómo pudo estudiar mi padre la vocacional y la carrera en el Instituto Politécnico Nacional? Fue una convergencia de factores. En primerísimo lugar, los esfuerzos de mi abuela y de los hermanos mayores. En segundo lugar, porque el Politécnico daba becas, dinero en efectivo, a algunos estudiantes. Eso sí, había que estudiar mucho. La beca estaba condicionada a buenas calificaciones. Conocí a los compañeros de vocacional y de carrera de mi padre, y les encantaba contar cómo se desvelaban estudiando juntos en casa de mi abuela, que les daba café, sin leche, y frijoles negros con tortillas para resistir la noche. Claro que no todo eran desveladas de estudio; también había fiestas de salón, en las que se bailaba danzón y mambo. Como mi padre y sus amigos no tenían dinero para el boleto, ayudaban a los organizadores a decorar el salón. Así pagaban la entrada al salón y las cubas de Bacardí blanco que se echaban

Pero también había una tercera fuente de ingresos: Cantinflas. Como lo oyen. Un buen día, mi abuela se plantó en la casa de Cantinflas para pedirle ayuda para los estudios de sus hijos. No fue la única que tuvo la misma idea pues, según me contó mi padre, mi abuela tuvo que hacer una larga fila para ser recibida por el actor. Valió la pena. Mi padre recibió una pequeña ayuda económica. La familia Zagal Rodríguez también recibió la ayuda de un pequeño empresario español, me parece que era el dueño de El Sardinero, de quien mi abuela guardaba gratos recuerdos.

Como ven, fue una combinación de factores la que sacó adelante a mi padre. El esfuerzo de mi abuela, las becas del gobierno, y la filantropía de un actor y de un empresario. Y, obvio, la dedicación de mi padre.

Mi padre falleció hace algunos años de una insuficiencia renal. Hubo que practicarle diálisis peritoneal durante un año. Salvo que uno sea millonario, no hay cartera que pueda costear ese tratamiento. Como mi padre había cotizado en el seguro social, contamos con un apoyo clave. Tanto mi padre como los patrones de mi padre, cumplieron siempre con sus aportaciones al IMSS que, sumadas a la aportación del gobierno, le permitieron recibir atención médica. En esos momentos, el IMSS subrogaba el tratamiento de diálisis peritoneal. Quien ha pasado por ese infierno, que no le deseo a nadie, sabe que la calidad y rapidez del servicio es clave para la sobrevivencia del paciente. La empresa que nos prestaba el servicio era excepcionalmente eficaz. Y no tuvimos que pagar ni un centavo. Lamentablemente, el IMSS no cubría algunos gastos. El IMSS no contaba con ciertos medicamentos y estudios, prescritos por el nefrólogo. Así de simple: “no hay”. Nunca hubo mala intención de la autoridad; simplemente, no había esos insumos ni servicios en el IMSS. Por fortuna, mi padre había pagado durante años un seguro médico privado. Gracias a la conjunción de la seguridad social y al seguro privado, mi padre recibió una buena atención.

Cuando mi padre entró en crisis, acudimos a urgencias del IMSS. Como la urgencia de mi padre no era “aparatosa” (cuando el riñón falla, no hay sangre como en un choque de automóviles), tuvimos que hacer una fila de tres horas en la sala de espera. La sala de urgencias estaba saturada. A las tres horas, decidí llevar a mi padre a un hospital privado. De nueva cuenta, el seguro privado nos salvó. Mi padre sobrevivió, aunque falleció semanas después.

Les cuento esto, porque la historia de mi padre es la historia de muchos mexicanos que pasaron de la pobreza a la medianía, jamás mediocridad. La clase media mexicana es hija de cinco factores: 1) el apoyo familiar, amable y exigente; 2) las políticas públicas que promueven el esfuerzo y la responsabilidad personal, con becas y apoyos; 3) la solidaridad social; 4) la clase emprendedora y 5) el esfuerzo y la responsabilidad personal.

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*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias