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El visado de los reyes magos

De la tinta de Héctor Zagal

Héctor Zagal Domingo 6 De Enero, 2019 · 09:15 am
El visado de los reyes magos
Reyes Magos

Cuando viví en España, me encantaba salir a ver la cabalgata de los Reyes Magos. Es una especie de procesión en la que los Reyes Magos les van arrojando caramelos a los niños. En aquella época, mucho menos globalizada y multicultural que ahora, me llamaba la atención que uno de los reyes se maquillara con pintura negra para hacer de Baltasar. Durante esos años había menos contacto cultural entre los países, y la migración a Europa no era lo que ahora. Probablemente aquellos niños nunca habían visto en su vida a un africano subsahariano.

 

Pero lo que sí conocían esos niños era el relato de la Epifanía. De acuerdo con la Biblia, los Magos vinieron desde Oriente para adorar al Niño Jesús. Seamos o no creyentes, la historia de la adoración de los Reyes Magos sugiere que el mensaje de Jesús está abierto a todos las culturas y razas. “Catolicismo” quiere decir “universal”. Por lo tanto, el mensaje de amor y paz aspira a ser universal.

 

Paradójicamente, el nacionalismo más radical de hoy día está representado precisamente por gobiernos  filo-católicos (Andrzej Duda, Matteo Salvini, Jair Bolsonaro, etc.), y si no, por lo menos de raíces cristianas (Trump, Putin, Orbán, etc.). Aunque en política las creencias religiosas se digan nada más de dientes para afuera, pues les sirven solamente para conseguir votos, ¿por qué se usa el discurso cristiano para promover el odio y el nacionalismo

 

El neonacionalismo que ahora está en boga, y empieza a apoderarse también de Latinoamérica, es como un spin-off  de los discursos nacionalistas del S. XX. El neonacionalismo es un concepto jabonoso, ambiguo. Pero los movimientos de este tipo se están caracterizando por su agresividad, proteccionismo económico, militarismo y culto a la personalidad de un caudillo. Como regla general alimentan el odio contra un cierto sector de la población, y lo usan como palanca para legitimar sus gobiernos: homosexuales, extranjeros, negros, mujeres, indígenas. Estos neonacionalismos prometen con su guerra ideológica volver a traer el esplendor a sus países. Make [x] great again!

 

En el mundo antiguo, había un fuerte componente “nacionalista” y racial. Basta pensar en que los griegos inventaron la palabra “bárbaro”, para referir a todos aquellos que no compartieran la cultura helénica. Por ello, el cristianismo primitivo fue disruptivo. “Ya no hay judío ni griego, no hay esclavo ni libre; no hay varón ni mujer”, escribió Pablo. Los primeros cristianos comprendieron que la adoración de Jesús por parte de los Reyes Magos, venidos de Oriente, tenía un profundo significado. La Epifanía, la manifestación, del Salvador a los no judíos era tan importante como la Navidad. El cristianismo nacionalista es un contrasentido, precisamente porque olvida sus raíces universales.

 

El multiculturalismo no es tarea fácil. La convivencia humana nunca lo es. ¿María y José, judíos piadosos, se habrán sentido extrañados, quizá ligeramente incómodos, recibiendo la visita de unos extranjeros? ¿Se imaginan lo que hubiese sucedido si un político neonacionalista les hubiese negado la visa a Gaspar, el asiático, y a Baltasar, el africano? Sólo el europeo Melchor hubiese llegado a Belén…

 

Sapere aude!

@hzagal