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El riesgo de no vacunarse

De la tinta de Arturo Barba.

Arturo Barba Viernes 1 De Noviembre, 2019 · 07:31 am
El riesgo de no vacunarse
Los índices de vacunación en Estados Unidos y otros países desarrollados ha disminuido / Foto: especial

Hace más de siglo y medio, en Francia (1855), un niño de nueve años de edad llamado Joseph Meister fue mordido por un perro con rabia. Con su vida en peligro, el célebre científico Louis Pasteur se arriesgaría a inocularlo con un virus atenuado de esta enfermedad que había estado probando en conejos. Aunque no era médico, Pasteur aplicaría diez inyecciones al niño (una cada día), quien no desarrollaría la mortal enfermedad. Este fue el inicio de lo que ahora se conoce como “vacuna”.

Gracias al científico francés, esta enfermedad que afecta a los mamíferos de todo el mundo dejaría de ser un padecimiento infranqueable. A partir de entonces, la humanidad contaría con el principal arsenal que tiene hasta ahora para enfrentar múltiples enfermedades como poliomelitis, viruela, sarampión, difteria, tétanos, tos ferina, influenza, hepatitis B, meningitis A, rubéola, y otras que, a lo largo de la historia de la humanidad, han ocasionado epidemias y pandemias que han cobrado la vida de más personas que todas las guerras del planeta a lo largo de la historia en conjunto.

Sin embargo, desde fines de los años noventa del siglo XX, surgiría un movimiento antivacunas que crece lentamente en diversas partes del planeta, basado en uno de los mayores fraudes científicos de la historia, mezclado con la ignorancia e intereses económicos.

En 1998, el médico británico Andrew Wakefield publicaría una investigación en la revista The Lancet, en la que aseguraba que la administración de la vacuna triple viral contra el sarampión, rubéola y paperas estaba vinculada con el autismo. La investigación tenía una muestra muy pequeña, menos de 10 casos, lo que despertó el escepticismo de la comunidad científica. Además, ningún otro grupo científico pudo replicar tal “hallazgo”.

Seis años después, diez de los coautores de la investigación retiraron su firma del artículo y, tras diversas investigaciones, The Lancet publicaría una retractación que ponía en duda las conclusiones del trabajo. Asimismo, en 2010, luego de diversos escrutinios, el Consejo General Médico del Reino Unido retiraría la licencia de médico a Wakefield por su actitud deshonesta e irresponsable en ese estudio.

Un año más tarde, una investigación dada a conocer en The British Medical Journal demostraría que Wakefield había falseado la investigación y, junto con el Hospital Real Gratuito de Londres donde trabajaba, montó una compleja trama de intereses económicos con el objetivo de obtener negocios multimillonarios, aprovechándose del pánico hacia la vacuna triple viral. Un proyecto –emprendido por el hospital, el médico y su esposa– pretendía desarrollar vacunas para reemplazar la triple viral y un kit de diagnóstico de la enterocolitis autística. Pero estos negocios solo tendrían impacto si se inoculaba el virus del miedo en la sociedad.

El virus que causa el sarampión es uno de los más contagiosos que conocen los científicos y ahora con el movimiento antivacunas se ha incrementado el número de casos aún en países donde había sido erradicado. Imagen cortesía de: Eurekalert.org.

 

Así ocurrió y todavía sucede. En 2007 personajes públicos como Jenny McCarthy, conejita Playboy, y su novio, el actor Jim Carrey, así como la presentadora Oprah Winfrey, encabezaron la lucha contra las vacunas en Estados Unidos. Miles de personas en ese país con parientes autistas exigieron al gobierno estadounidense indemnizaciones y surgieron teorías de la conspiración en contra de las farmacéuticas.

McCarthy anunció públicamente que su hijo autista había adquirido la enfermedad por culpa de la triple vírica, sin embargo, un año después anunciaría que se había curado (de una enfermedad incurable). Más tarde se supo que su hijo había sido mal diagnosticado y en realidad nunca había contraído el trastorno.

Sin embargo, el daño ya estaba hecho: los índices de vacunación en Estados Unidos y otros países desarrollados ha disminuido.

El virus que causa el sarampión es uno de los más contagiosos que conocen los científicos. Antes del desarrollo de la vacuna en 1963, el sarampión causaba entre tres y cuatro millones de infecciones en Estados Unidos cada año. Ese número se desplomó en las siguientes décadas: en 2000, cuando la enfermedad se declaró eliminada en ese país, solo se registraron 86 casos. El sarampión ha resurgido desde entonces; los Centros para el Control de Enfermedades han reportado mil 250 casos hasta el 3 de octubre de 2019.

En el Reino Unido el índice de vacunación cayó del 92% al 85%, y los brotes de sarampión se han disparado. La mayoría de las personas que contraen la enfermedad no han sido vacunadas, pertenecen a los grupos antivacunas.

Esta semana, dos investigaciones separadas publicadas en la revista Science y Science Immunology analizaron el sistema inmune de 77 niños no vacunados antes y después de la infección por sarampión y se percataron de que la infección puede paralizar el sistema inmune de los infantes contra virus y bacterias en el largo plazo, creando una especie de “amnesia inmune” que deja a las personas más vulnerables a otras infecciones por otros agentes patógenos.

Estos resultados ponen el acento en la necesidad de continuar con la vacunación generalizada, no solo contra el sarampión sino contra otras enfermedades.

La infección por el virus del sarampión compromete severamente la “memoria inmune” del organismo humano contra varios agentes infecciosos durante meses e incluso años. Imagen cortesía de: Eurekalert.org.

 

La vacunación ha ayudado a reducir en un 80% los casos de sarampión entre 2000 y 2017, salvando aproximadamente 21.1 millones de vidas. Sin embargo, debido a la combinación de campañas de antivacunación, comunidades religiosas antivacunas y acceso limitado a estos medicamentos, el sarampión continúa afectando a más de siete millones de personas anualmente en todo el mundo, causando más de 100 mil muertes.

De acuerdo con las investigaciones, la reducción de los índices de vacunación ha aumentado en casi 300% las infecciones de sarampión desde 2018, pero el peor riesgo no es solo padecer esta enfermedad, sino el debilitamiento del sistema inmune de las personas que no se vacunan contra otras enfermedades. Asimismo, los investigadores descubrieron que el sarampión puede provocar la supresión del sistema inmune y que esta puede persistir durante meses o incluso años después de la desaparición de los síntomas visibles característicos de la enfermedad, como la erupción de ronchas en la piel.

En el trabajo publicado en Science Immunology, encabezado por Veislava Petrova, del Instituto Wellcome Sanger del Reino Unido, se reporta la secuenciación de anticuerpos producidos por células B –una de las principales células inmunes capaces de defender el organismo contra los ataques de virus– de 77 niños no vacunados contra sarampión.

Al comparar los datos de células B antes y después de la infección, los investigadores identificaron que no se reponían todas las células y que se afectaba la “memoria inmune”. En estudios adicionales en animales, los científicos descubrieron que los hurones infectados con sarampión ya vacunados contra la gripe se volvieron menos inmunes al virus y experimentaron síntomas más graves ante una infección secundaria de gripe.

En el artículo de Science, Michael Mina y sus colegas del Instituto Médico Howard Hughes utilizaron una herramienta llamada VirScan para analizar las respuestas de los anticuerpos en los niños no vacunados antes y después de la infección por sarampión y encontraron que la enfermedad eliminó del 11% al 73% del repertorio de anticuerpos dos meses después de la infección, comprometiendo severamente la “memoria inmune” contra varios agentes infecciosos incluso después de la recuperación.

En macacos infectados con sarampión, el 60% del repertorio de anticuerpos fue indetectable durante, al menos, cinco meses. Aunque la reconstrucción del repertorio de anticuerpos es posible mediante la reexposición a los patógenos, esto podría llevar meses o incluso años y podría presentar riesgos para la salud.

Esta “amnesia inmune”, como la llaman los científicos, demuestra que la vacuna contra sarampión no solo protege contra esta enfermedad, sino que su beneficio es mayor al que se conocía.

Comentarios y sugerencias: @abanav y abanav@gmail.com