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¿El fin de los partidos?

De la tinta de Guille Gómora / Colaboradora MVS

Guille Gómora Miércoles 9 De Agosto, 2017 · 06:32 am
¿El fin de los partidos?
Foto: Ilustración

Caleidoscopio

En plena efervescencia electoral hacia el 2018, los partidos políticos mexicanos viven una de sus peores crisis de credibilidad y confianza. Los ciudadanos no creen en sus propuestas, ni en quienes los representan.

¿Por qué ya nadie cree en los partidos políticos?, pues porque se han distanciado de los ciudadanos para volverse expertos en simulaciones. Lo suyo, lo suyo, es  vender espejitos de la democracia a cambio del voto y en cuanto llegan al poder olvidan sus promesas.

La sociedad se encuentra harta, cansada e indignada frente a la corrupción, la impunidad y la falta de capacidad de gestión del gobierno actual; está sobresaturada de falsos compromisos de los políticos aspirantes al poder.

El color y la franquicia es lo de menos, todos son iguales, algunos más camaleónicos que otros, pues cambian de partido como de calcetines. En cuanto sus intereses o aspiraciones se ven afectados, ofrecen sus servicios al mejor postor y se transforman en adalides de la democracia.

No hay respeto, ni compromiso con la ideología en la que militan; la meta es el poder, y al carajo los principios, igual que los ciudadanos que dicen representar en el Congreso, la alcaldía, la gubernatura, la Presidencia o el cargo que sea.

Quizá por ello, en la escala de confianza y tolerancia de las instituciones mexicanas, los partidos políticos ocupan el primer lugar con mayor desconfianza en nuestro país, ya que sólo el 4% de la población confía en ellos, de acuerdo con datos de la consultora Parametría.

Si partimos de que actualmente habitan en  México 120 millones de personas, el 4% se convierte en 4 millones 800 mil personas, ni la mitad de quienes viven en la Ciudad México. Quizá en este punto podamos encontrar la respuesta al elevado abstencionismo de los últimos procesos electorales que rebasa el 60 %.

Siguiendo con las cifras de Parametría, obtenidas en 2016, tenemos que el 52 % de los ciudadanos está poco o nada satisfecho con la actual democracia en México y que 49% opina que en el país estamos más cerca de un gobierno que se impone que de uno que consulta a la población.

Un dato por demás revelador rumbo al 2018, es que el 66% de los ciudadanos no confían en que las elecciones en nuestra nación sean limpias. La duda del fraude en sus diversas formas y manifestaciones le ha ganado terreno al voto libre y razonado.

Sin embargo, poco parece importarle a nuestra costosa partidocracia la realidad expuesta, en números, ellos siguen en sus torres de babel, en sus pactos en lo oscurito entre PRI, PAN, PRD, Morena y sus partidos satélite.

Nueve organizaciones políticas a las que  este año el Instituto Nacional Electoral, les asigno más de 4 mil millones de pesos, en prerrogativas. Un botín nada despreciable que se reparten de acuerdo al número de votos que obtuvieron en el último proceso electoral. Un gasto promedio de 11 millones de pesos diarios.

¿Realmente necesitamos nueve partidos?, democracias más avanzadas funcionan bien con dos o tres fuerzas políticas. El problema no son las organizaciones, sino quienes las representan y se han dedicado a lucrar con ellas. Para muestra, el Partido Verde Ecologista de México, un negocio de la familia González Torres o el Partido del Trabajo, que regentea Alberto Anaya.

Bien haríamos en exigir al Congreso una reforma a la ley electoral para limitar la creación de estos institutos producto de nuestro sistema democrático, pero que se han convertido en un lastre presupuestal y social donde cohabitan grupúsculos con fines autoritarios, de enriquecimiento y muy pocas veces  con el ánimo de ayudar.  

El primero de julio de 2018 acudirán a las urnas 89 millones de mexicanos, incluyendo a los mexicanos en el extranjero, una gran oportunidad para evaluar el rendimiento de los partidos y de nuestra clase política en la que hemos dejado de creer.

Si no los castigamos, dejando de votar como borregos, las cosas seguirán igual. Reflexionemos, razonemos nuestra elección. No se trata de ir a ciegas con un partido, analicemos su propuesta, la persona que la representa y la viabilidad de ésta con base en nuestro entorno.

Nosotros somos el problema, pero también la solución, si realmente quieren ciudadanizar a los partidos éstos deben evolucionar de la mano con la sociedad. Exijámoslo. La práctica del pastoreo o el mesianismo es cosa del pasado y de las dictaduras. Después no nos quejemos de lo que permitimos.

guillegomora@hotmail.com

@guillegomora

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias