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El Estado fuera de sitio

De la tinta de Sergio Almazán.

Sergio Almazán Sábado 19 De Octubre, 2019 · 11:00 am
El Estado fuera de sitio
Cartel de Sinaloa volvió atacar el pasado jueves en Culiacán - Reuters

“No es este un silencio idílico: es el silencio que queda después del terror. El terror que se desencadenó en toda su violencia .”  Aunque es una cita de la novela La Fiesta del Chivo de Mario Vargas Llosa,  sirve para explicar –desde la narrativa– lo que se vivió en Culiacán la tarde y noche del jueves 17 de octubre, cuando el fuego cruzado tomó por asalto a la ciudad y su población que fue presa de una organización criminal muy articulada y un Estado fallido.

Si por la mañana el presidente arengaba como el día más feliz con la puesta en marcha del aeropuerto Felipe Ángeles en Santa Lucía,  su júbilo duró poco tiempo cuando desde Culiacán llegaban las noticias de la jornada de balacera, incendios y violencia entre miembros de la Guardia Nacional y hombres armados del crimen organizado.

Cabal y preciso el cumplimiento del principio terrorista en Culiacán: un grupo armado que sin declarar la guerra impone su voluntad y traza su fuerza territorial sometiendo a su voluntad y deseo un Estado y un ejército. Imponiendo por consecuencia, sus leyes de acción, su poderío y debilitando a las instituciones, intimidando a la población.

Lo que demostró –el pasado jueves– Ovidio Guzmán es quién manda, cómo gobierna y qué intereses defiende y lo diminuto que es poder del Estado, de la Guardia Nacional y lo vulnerable que está la sociedad civil, la población en general ante el crimen organizado. A pesar que el presidente López Obrador se empeñe en decirnos que se trata de una decisión de “seguridad”. El hijo del Chapo Guzman demostró su poderío y debilito de facto a los poderes judicial y ejecutivo. A eso se llama terrorismo.

No puede el Estado minimizar los efectos y los costos no sólo políticos sino de vidas y seguridad al que nos ha sometido el crimen organizado en las últimas dos décadas en todo el país y la débil acción militar -que por cierto, es donde se están destinando grande cantidades de presupuesto y estrategias de gobierno– que pone a la población en medio del fuego cruzado, rendidos a los métodos de coacción o castigo que nos someten las células criminales, de narcotráfico y delincuencia organizada.

Se llama terrorismo a esta forma de actuar, de oprimir y subyugar como lo que vivimos a diario en poblados y colonias del país a causa de células delictivas perfectamente orquestadas, armadas, donde la ciudadanía es rehén a su chantaje. Llamarlo así, es justamente comenzar por asumir que estamos frente a un serio, profundo y fatal problema nacional de paz y seguridad. El caso de Culiacán es la clara muestra de un Estado equívoco al que el terrorismo del narcotráfico y otras formas de crimen organizado han enviado el mensaje al Estado, a los ciudadanos, al país: el chantaje al que nos someten: “dame lo que te pido o atente a los consecuencias”. Alimentado este síntoma con los métodos e instrumentos de coacción como el que vimos y vivieron en Culiacán.

Dice Savater, ante el chantaje de los terroristas: “la firmeza, la acción contundente del Estado y la unidad frente a los terroristas  por parte de los ciudadanos es el principio para debilitar sus efectos”. Para ello necesitamos garantizar la seguridad nacional, la distribución equitativa de la riqueza y evitar la corrupción, tres debilidades que vivimos los mexicanos.

Abramos la discusión: @salmazan71