¿Deseas recibir notificaciones?
Radio
Webcam
Obscuro
Lo más buscado:
Link Copiado
A A

El espíritu… ¿universitario?

De la tinta de Sergio Almazán

Sergio Almazán Sábado 8 De Febrero, 2020 · 11:00 am
El espíritu… ¿universitario?
Foto: Ilustración

Pensar en la autonomía universitaria es referir el logro histórico de un grupo de jóvenes, académicos y autoridades escolares que empujaron al gobierno interino de Portes Gil a legitimar el pensamiento, la gestión y la actividad académica desde y por la propia comunidad puma. El espíritu que –desde hace 90 años– alimenta, promueve y ejerce la UNAM, está basado en su lucha (casi) permanente por hacerse de una identidad, una ideología y un conocimiento crítico que apuntala y cimienta el pensamiento académico de nuestro país. La UNAM es por derecho y construcción propios el pilar más grande, amplio y democrático del saber, hacer y transformar en las ideas germinadas en sus aulas, centros de investigación e intercambio.

Lo que ahora vive la UNAM con la toma de diversas de sus escuelas, planteles y centros de investigación es la expresión sintomática de una transformación social que se gesta en los jóvenes: la ruptura de los criterios, de las expectativas y la violencia emergente de un problema más profundo: la acefalia institucional. Asistimos a la transformación institucional de las sociedades del siglo XXI en el mundo entero. México lo resiente más cuando arrastramos una crisis de violencia por narcotráfico, corrupción y crisis de partidos e ideologías. Nadie en sano juicio, ni personas ni instituciones quieren tomar decisiones frente a esta erupción rabiosa que la universidad atraviesa.

Los actos vandálicos, la toma anónima, colectiva y agresiva de las escuelas y facultades de la UNAM desde meses y semanas pasadas, hacen evidente que hay un movimiento gestando una irrupción y provocación de hondas raíces que buscan ¬–al costo extremo– desestabilizar la autonomía universitaria. La agresión patrimonial, la violencia con rostros encapuchados, la quema en instalaciones, las pintas a “nombre de la exigencia de respuestas ante la pasividad de las autoridades a demandas legítimas” como: seguridad, equidad de género y atención médica oportuna, no corresponden a las expresiones extremas que se han manifestado. ¿Por qué la provocación, la violencia como llamada de atención?

La Universidad desde su órgano rector y su compromiso con la comunidad debe urgentemente, responder a las demandas, prevenir los efectos de irrupción violenta desatada con ese nivel de furia que pone en peligro no sólo a los estudiantes y docentes, sino a las instalaciones e incluso a los manifestantes quienes pueden perder fácilmente el control de su descontrol.

Octavio Paz decía que el sentido profundo de la protesta social consiste en haber opuesto al fantasma implacable del futuro la realidad espontánea del ahora. Un ahora que se empaña con la furia no de las ideas y las demandas, sino con las agresiones, la ruputra del sentido universitario: la visión crítica, el diálogo frontal y la denuncia formal. La toma violenta, agresiva y dañina de escuelas y facultades son una muestra esponánea del ahora que no siembra futuro, es semilla que no germina en planes y programas, estatutos y compromisos mutuos: ni de instancias ni de estudiantes.

Emular la violencia como esquema de protesta para hacer posible una legítima demanda de seguridad a la vida y atención de alumnos y de las mujeres, es quizá incrementar las expresiones rabiosas de ajenos a las denuncias emergentes de la comunidad universitaria. ¿A quién beneficia esta inestabilidad social y violencia en la UNAM?… Quizá nunca lleguemos a tener respuesta satisfactoria o ganancia de los actos rabiosos, pero sí deben ser temas para atender, enfrentar y prevenir antes que el espíritu universtario: que es la Autonomía científica, razonada y humana se pervierta, convirtiéndose en su propia serpiente envenedada.

Abramos la discusión: @salmazan71