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El espaldarazo

Pamela Cerdeira Lunes 17 De Agosto, 2020 · 07:00 am
El espaldarazo
Foto: Pixabay

Fue hace algunos años, en el marco del Día Internacional de la Mujer, que una importante empresa de tecnología, pidió a las empleadas que así quisieran hacerlo, compartir momentos en los que habían sido víctimas de algún tipo de violencia machista. Uno de los relatos, por simple que parezcan sus hechos: no hubo violaciones, o golpes, fue el más poderoso, porque contaba lo que comúnmente se hace con la violencia en contra de las mujeres: los agresores, reciben un suave golpe en el hombro con la palma de la mano por parte de sus congéneres, quienes tendrían que estar condenado esos comportamientos, no sobándolos.

La mujer en cuestión, narró cómo fue hostigada en la alberca de un hotel, por otro huésped, quien borracho, intentaba a toda costa llamar su atención. Cuando ella solicitó apoyo por parte de la gerencia, no sólo no lo obtuvo, a lo largo de su queja, observaba cómo el agresor recibía espaldarazos de meseros y encargados de seguridad, esos que sin hablar dicen: “No te preocupes, ahorita lo arreglamos”, “Tú sigue en lo tuyo”.

Fue hace unos días que el senador por Movimiento Ciudadano, Samuel García, fue exhibido en las redes por la forma en la que le habló a su esposa, molesto porque “se le veían las piernas” (las piernas que él compró cuando se casaron). A este video se le suman otros momentos que son muestra de que este es un comportamiento continuo, como llamarla piruja, o incluso la forma en que la jala para llevársela a otro lado.

Así como el cliente borracho del hotel que nunca fue sacado del lugar por su comportamiento, quien contaba la historia continuaba: ella fue la que tuvo que abandonar el hotel mientras el borracho recibía palmadas en la espalda, fue tratado el senador.

El primero vino de su propio partido, que emitió un comunicado condenando la violencia en contra de la mujer, pero en ningún momento señalando al legislador por su nombre. Después, otro miembro del partido, emitió otro comunicado, condenando la violencia en contra de las mujeres, pero, argumentando que el senador sería incapaz de estos comportamientos, sin importar que todos vimos el video.

El senador recibió de sus “cuates” palmada tras palmada y su comportamiento quedó dentro del anecdotario de las violencias que se viven todos los días, sin consecuencias.

En una televisora, trabaja otro protegido. Un sujeto que acumula denuncias en su contra por violencia física, robo, daños a propiedad privada, incluso abuso de menores.

Cuando su víctima fue a denunciar que había sido golpeada, la respuesta del ministerio público fue: “Ahorita fueron unas cachetada y unos jalones de pelos, al rato puede ser un feminicidio, mejor váyase a llorar a su casa y a descansar, ya son las 5 de la mañana mejor ni la haga de tos.” El espaldarazo que recibe el agresor, no sólo es fruto de la poca sensibilidad de las autoridades, también es resultado del poder que su trabajo le otorga.

El hotel buscaba proteger a su cliente, el partido a quien consideran una pieza importante, ¿y la televisora que cuida tras cada espaldarazo?

Esto no va a cambiar, hasta que quienes reciban su empatía, sean las víctimas, no los agresores.

@PamCerdeira

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias