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El crimen es un sufrimiento

De la tinta de Sergio Almazán.

Sergio Almazán Sábado 15 De Febrero, 2020 · 10:15 am
El crimen es un sufrimiento
Ingrid Escamilla fue asesinada y posteriormente desollada por su pareja / Foto Especial

No tenemos límite para los actos y relatos de violencia y crimen en México; en especial perpetrados contra las mujeres. Sé que no es necesario -ni tengo la intención- de detallar las atrocidades cometidas por el feminicida de Ingrid Escamilla; pero lo primero que atraviesa mi mente es la apología de la destrucción humana a la que hemos llegado y de la que somos espectadores cómplices. Y lo somos, porque aunque haya un autor material del brutal feminicidio; las instituciones, las autoridades y todas las “civilizadas” instancias como son la familia, la iglesia y sociedad en general, no hemos respondido responsablemente a las denuncias, a las expresiones mínimas de violencia, al clamor y demanda pública de las mujeres víctimas de agresión, violencia e impunidad que a diario se expresan por varios medios. No protegemos, no prevenimos ni castigamos lo que se ha vuelto “normalizado” de tan repetitivo y con grados de agresividad cada vez más altos. Seguimos siendo espectadores del sufrimiento.

La escritora Susan Sontag afirmaba que el crimen es un sufrimiento que rechazamos o negamos, porque nos convierte en débiles, vulnerables y diminutos. Ante la sola idea del crimen, las sociedades modernas respondemos con  pasividad y negación porque, nos pone de manifiesto que hay algo más fuerte y atroz que es capaz de destruirnos, hacernos sufrir, debilitarnos.

Ante la idea moderna de nuestros tiempos; sólo se puede explicar la insensibilidad del presidente Andrés Manuel López Obrador, de las autoridades competentes ante estas evidentes narrativas de feminicidios y esa respuesta al miedo de parecer vulnerables.En tiempos donde el poder del Estado se pretende expresar como fuerte y sólido.Su respuesta ha sido el silencio. Pero lo cierto es que nada atenta más a nuestra sociedad que la impunidad por ignorar; por irresponsabilidad.

Asombrados asistidos a los relatos violentos y sin consecuencia porque las víctimas quedan sin justicia ni reparo. Unidos en clamor denunciativo; reclamo colectivo ante lo irreparable cuando la lista de feminicidios se nos incrementa a diario sin que se castigue o remedie el mal que se nos hace ya cotidiano y transparente. Sin contar que tenemos crímenes por odio, homofobia y discriminación.

Hemos pasado del asombro al espectáculo del horror. La respuesta que han tenido ciertos medios, las redes sociales y algunos diarios del país ante la debastadora agresión a Ingrid es prueba irrefutable de nuestra indolente percepción ante el crimen. Y el relato como las imágenes pueden correr el riesgo de hacernos espectadores insensibles o confundirnos, pensando que la violencia es irreal por atroz, inimaginable por desvirtuada. Pero nada está empeorando más nuestro entorno que esa fascinación violenta por el espectáculo del horror, donde el dolor, la insensibilidad del relato del crimen y la fotografía como recurso de comprobación visual del crimen nos acerca más al insufrible festín violento y agresibidad cómplice por compartir, anexar un comentario o sancionar a la víctima a partir de nuestros prejuicios e ignorancia.

Como si no fuera suficiente la deshumanizada escena, las autoridades se escabullen, silencian y emiten sentencias a priopri tratando de minimizar lo evidente: la violencia es la manera de relacionarnos. El crimen, los homicidios por odio en todas sus expresiones nos persiguen y trastocan la construcción social, los Derechos Humanos y la vida pública y privada. Porque mientras no haya un sistema judicial, institucional y humanitario que atienda, que enfrente y encare con severidad y contundencia, seremos espectadores cada vez más insensibles de cada vez más grandes actos de violencia.

Sólo funciona la imagen y se explica su publicación, si el relato del horror es el ejes para reclamar de nosotros la justicia, la organización cívica, la respuesta solidaria, política y colectiva ante el efecto de paz y seguridad. No como un discurso sino como una medida que no rebase al Estado, sino que sea el motivo para enfrentar con todos los mecanismos posibles  a la violencia que es un crimen que nos causa mucho sufrimiento y amenaza a nuestro país. Estamos pasando del sufrimiento al gozo por el crimen.

Abramos la discusión: @salmazan71

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias