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El campanazo salva al fiscal de ser noqueado por el abogado del Chapo

De la tinta de Mina Magallón

Mina Magallón 22/Ene/19 07:53
El campanazo salva al fiscal de ser noqueado por el abogado del Chapo
El juicio contra El Chapo sigue su curso en un juzgado federal en Brooklyn, Nueva York.

El juicio contra El Chapo sigue su curso en un juzgado federal en Brooklyn, Nueva York. Los testigos que presenta el fiscal federal siguen relatando bajo protesta de decir verdad como El Chapo hacía y deshacía a su antojo todo lo necesario para mandar toneladas de drogas a los EEUU. Los testigos describen como El Chapo manejaba el contrabando de drogas mejor y más eficazmente que James Bond, mejor que Superman, y comentaban que ni Harry Potter hubiera podido hacer las magias que El Chapo hacía en sus negocios como traficante de drogas.

Uno de los testigos que más ha llamado la atención fue el Colombiano Jorge Milton Cifuentes quien testificó en contra del Chapo.

Cuetes, chispas y serpentinas salían, como si fuera una posada, cuando Cifuentes fue interrogado por el abogado defensor del Chapo. El juez gritaba, el fiscal enfurecido ladraba, y el abogado Gary Lichtman solamente bailaba al son que por décadas sabe bailar defendiendo a grandes capos.

Lichtman presentó al jurado, compuesto por 12 personas comunes y corrientes de Brooklyn, una descripción clara y precisa de quien es en realidad Cifuentes.  El abogado sabía que muy pocos, si acaso alguno del jurado, confiaba en que las autoridades dijeran la verdad.  Buscaba establecer una sombra, una pequeña duda en la mente de uno de los 12 individuos que forman el jurado, lo que sería suficiente para que El Chapo saliera libre, dándole al abogado gran fama. Según Lichtman su trabajo no es el demostrar la inocencia de sus clientes, sino, más bien, “intentar el impedir que el fiscal demuestre sin duda alguna su culpabilidad.”

El trabajo de la defensa consistió en encontrar, como dijo Lichtman, “la aguja en el pajar.”  Cuanto más miserable y rufián pueda exhibirse al testigo del fiscal ante los ojos del jurado, mejor para la defensa. Así fue como Lichtman trató de desprestigiar al máximo a Cifuentes quien vendió cocaína colombiana a El Chapo durante décadas. Cifuentes fue interrogado por Lichtman de la siguiente manera: “Sr. Cifuentes… ha estado cometiendo crímenes desde que era un niño; ha estado mintiendo desde que era un niño.  ¿No es así?” A lo que el testigo contestó: “Sí, es correcto licenciado.”

De esa manera se establecieron las reglas de la pelea.  Lichtman lanzaba unos golpes al estilo El Canelo, la mayoría de los cuales Cifuentes pudo esquivar. Cuando el abogado le preguntó a Cifuentes si había secuestrado a su propia abuela, Cifuentes se encogió de hombros y respondió que sí, que todo eso había sucedido y que hasta en las mejores familias pasaba. Cuando Lichtman comenzó a golpear al testigo con preguntas sobre sus declaraciones de impuestos, Cifuentes se burló de las preguntas por ser tan insignificantes y levanta su mano derecha manifestando con burla irónica: “Culpable.” Ambos estaban demostrando sus habilidades a la ofensiva y a la defensiva en el cuadrilátero.

Pero poco a poco Lichtman fue ganando terreno para que el jurado escuchara quién era en realidad el testigo que presentaba la fiscalía contra El Chapo.  Un gancho al hígado que casi noquea a Cifuentes fue cuando Lichtman cuenta que, en la década de 1990, Cifuentes mandaba a EEUU alrededor de $ 100 millones de dólares de cocaína al mes, con la asistencia del Chapo y cómo fue que su querido socio Humberto Ojeda fue muerto a tiros aparentemente porque Ojeda tenía el valor de construir una mansión que era más grande que la del Chapo.  Sin embargo, Cifuentes continuó haciendo negocios con el Cartel de Sinaloa.  Lichtman aprovecha la coyuntura y le pregunta a Cifuentes cómo fue que seguía haciendo negocios con el hombre que mandó matar a su socio a quien consideraba como su hermano, y aun así seguía haciendo negocios con él.  A lo que Cifuentes contestó: “Correcto, señor Licenciado.”  Al preguntarle por qué seguía haciendo negocios con El Chapo, Cifuentes simplemente contestó: “!Debido a mi ambición!”.

Lichtman pudo haber logrado vencer a Cifuentes en el cuadrilátero en ese momento, pero el colombiano fue salvado por la campana.  Eran las 4:30 de la tarde, final del día y el juzgado cerraba terminando el round de un gran combate. Cuando el interrogatorio se reanudo unos días después, el fiscal ya había preparado a Cifuentes de cómo debía de contestar a Lichtman y ya no hubo manera de darle ningún golpe.  La pelea fue simple y pareja.  La emoción se había esfumado.

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