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El arte de gobernar

De la tinta de Sergio Almazán

Sergio Almazán Sábado 31 De Agosto, 2019 · 09:24 am
El arte de gobernar
Andrés Manuel López Obrador sabe que es un excelente político, ha hecho de su estilo y convicción una forma de gobernar, de crear estrategias de convencimiento en diversos sectores que le dan forma a su plan de Estado.

“El fin del Estado es, verdaderamente la libertad” es como define el filósofo neerlandés Baruch Spinoza en el siglo XVII la finalidad que debe perseguir y por la cual tiene que trabajar el Estado. A eso deberíamos estar llegando los ciudadanos al momento de elegir un gobernante y el Estado, al dirigir a un país. Buscar por todos los medios hacer ciudadanos libres, críticos, reflexivos, racionales, sin rivalizarnos por las diferencias o depender de las dádivas que los aparatos del Poder, pretender someter la voluntad y la crítica.

Desde el pasado julio del 2018, cuando salió ganador el actual presidente: Andrés Manuel López Obrador, las estadísticas marcaron una arrolladora aceptación: 7 de cada 10 votantes compartían o empatizaban con sus propuesta de gobierno. Una esperanza de cambio se sembró y, el Estado se fortaleció de este nivel de convencimiento electoral.

Al correr los meses, a punto de presentar el ritual del informe que guarda la Nación, el llamado día del Presidente, las situaciones y problemas que enfrenta el país en temas como seguridad, violencia y desaceleración económica, nos advierte que el cambio llevaba consigo muchos otros riesgos de los “privilegios y prebendas” a las que se aprovecharon hasta los límites de la corrupción y las formas de crímenes organizados: enriquecimiento ilícito, soborno e impunidad muchos de los gobiernos y funcionarios que ahora tienen al país sumido en crisis económica e incertidumbre.

Andrés Manuel López Obrador sabe que es un excelente político, ha hecho de su estilo y convicción una forma de gobernar, de crear estrategias de convencimiento en diversos sectores que le dan forma a su plan de Estado. No hay duda, que el actual presidente gobierna por una amplia aceptación electoral que rompió con un estilo de hartazgo a la que ciudadanía había caído después del 2000 en que hubo un cambio de partido y régimen.

Conocer al país, haberlo recorrido prácticamente todo le permitió a López Obrador hacerse de un discurso empático con los ciudadanos de varios sectores, cosa nada fácil en un país de cultura desigual, con arraigadas formas de discriminación y concentración en unos cuantos de los privilegios que da el poder, la riqueza acumulada y la corrupción. Ahí el actual gobierno, encontró su discurso, su política de convencimiento y su sitio: en la marginalidad sin voz.

Los spots de este primer informe de su actividad lo demuestran: un discurso sin adornos o sobreproducción, encaminados a enunciar y denunciar. A compararse y desde ahí marcar su “diferencia”. Austeridad, empatía o discurso directo, baja producción y sin metáfora del poder enmarcan esta síntesis mediática de su mandato a la que ya no estábamos acostumbrados.

El siguiente paso será crear un verdadero ejercicio de democracia, de certidumbre y crecimiento en todos los sentidos: un cuerpo político heterogéneo, crítico y un plan de desarrollo que active la economía, el crecimiento progresivo. Garantizar un Estado de derecho sin distinción y seguridad en el país. Es decir, el verdadero Estado al que debemos llegar es, al que hace cuatro siglos, el que planteó Spinoza: la libertad ciudadana, que significa, reconocer y respeto al otro, con el compromiso que tengo de mi papel de ciudadano. Nos e construye libertad sin responsabilidad social, personal y política. Mientras sigamos exigiendo un Estado de dádivas seremos un país de ataduras.

Abramos la discusión: @salmazan71