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Efectividad de mascarillas para prevenir COVID-19 está científicamente comprobado

De la tinta de Arturo Barba.

Arturo Barba Viernes 31 De Julio, 2020 · 07:24 am
Efectividad de mascarillas para prevenir COVID-19 está científicamente comprobado
El uso de cubrebocas y mascarillas es una de las pocas herramientas con las que cuenta la humanidad para combatir la pandemia de COVID-19 / Reuters 

En más de dos centenas de investigaciones publicadas en las revistas científicas más importantes del mundo, así como en informes elaborados por la Organización Mundial de la Salud, la comunidad científica y biomédica internacional sustenta, prácticamente de manera unánime, el uso de cubrebocas y mascarillas como una de las pocas herramientas con las que cuenta la humanidad para combatir la pandemia de COVID-19, en tanto no existan medicamentos ni vacunas.

Uno de los análisis más importantes llevados a cabo reunió 172 investigaciones llevadas a cabo en 16 países de todo el mundo y midió el impacto del distanciamiento físico, el uso de mascarillas y la protección ocular para prevenir la transmisión del SARS-CoV-2 de persona a persona.

La investigación publicada en la revista The Lancet el pasado 1 de junio por un equipo internacional de científicos dirigido por Holger Schünemann, del Departamento de Investigaciones de Salud, Métodos, Evidencia e Impacto de la Universidad McMaster, Canadá, analizó de manera sistemática esos estudios y ensayos publicados hasta mayo y revisó su metodología, los experimentos, así como la consistencia de los resultados.

Los hallazgos destacan que “el uso de mascarillas N95 podría resultar en una gran reducción en el riesgo de infección de hasta el 95% y brindan una certeza 3% mayor que las mascarillas o cubrebocas quirúrgicas desechables o los cubrebocas reutilizables de algodón de más de 3 capas”.

Estas mascarillas pueden impedir el paso de prácticamente casi todas las micropartículas de aerosoles que miden entre 2.5 a 5 micras (una micra mide una milésima de milímetro).

Los investigadores sostienen que el uso de mascarillas, protectores para ojos y el distanciamiento físico de cuando menos 2 metros conforman las mejores estrategias de protección personal.

Contagio por aerosoles y gotículas

Vale la pena recordar que la principal ruta de transmisión y contagio de SARS-CoV-2 –que ocasiona el síndrome respiratorio agudo severo y la infección de múltiples órganos– es el contacto con las pequeñas gotitas respiratorias y los aerosoles que expulsa una persona infectada al hablar, respirar, toser o estornudar.

Estas microgotas que se transmiten por el aire pueden quedar suspendidas durante 20 minutos en espacios cerrados y pueden contener miles, decenas de miles, o centenas de miles de virus. Si una persona no está protegida puede contagiarse al entrar en contacto con ellas a través de su boca, nariz y ojos.

La segunda vía de infección más importante es a través de objetos contaminados con saliva, secreciones y tejidos de personas infectadas. Dependiendo el material y naturaleza del objeto, los virus pueden permanecer latentes en ellos desde 30 minutos hasta 72 horas.

Si una persona entra en contacto con ellas, por ejemplo, con las manos y luego se toca la boca, nariz o los ojos, con esas manos contaminadas, ella misma puede introducir los virus a su organismo.

Para la Organización Mundial de la Salud (OMS) una exposición significativa a COVID-19 es aquella que se tiene cuando hay contacto cara a cara, en un espacio menor a 1.5 metros, entre una persona infectada durante al menos 10 minutos. La posibilidad de contagio en una interacción pasajera en un espacio público y ventilado es mínima.

El problema es que al menos un 25% de las personas contagiadas de COVID-19 son asintomáticas, por lo que hay muchas posibilidades de que se entre en contacto con personas que no saben que están contagiadas y que no presentan ningún síntoma, pero que dispersan el virus y contagian a otros individuos.

Mascarillas y cubrebocas

El uso de cubrebocas por parte de personal médico no tiene mucho tiempo; se remonta casi a principios del siglo XX, luego de que Louis Pasteur estableciera a los microorganismos como responsables de algunas enfermedades, y de que Carl Flügge demostrara experimentalmente que las gotitas respiratorias llevaban bacterias cultivables. Con estas bases, el cirujano Johann Mikulicz, de la entonces Universidad de Breslau (hoy Wroclaw), Polonia, desarrolló el primer cubrebocas.

También hubo escépticos o ignorantes que negaban la importancia del uso de batas y mascarillas, y no fue sino hasta 1935 que empezaron a usarse de manera sistemática en los hospitales y muy tarde, hasta la década de 1980, se desarrollaron las primeras mascarillas desechables.

Actualmente, su uso es parte de las operaciones de rutina en las salas quirúrgicas y en las zonas de estiaje de atención de pacientes de COVID-19 de la mayoría de los hospitales del mundo.

Pero además del uso de cubrebocas se tiene que acompañar de otras medidas como una higiene meticulosa de las manos, protección para los ojos, guantes y una bata.

Los Centros para el Control de Enfermedades de los EE. UU. recomiendan que el público en general use mascarillas faciales para ayudar a disminuir las posibilidades de contagio de COVID-19.

De acuerdo con una investigación publicada en la revista Nature Medicine de abril pasado, el uso de mascarillas ayudó a reducir significativamente la propagación de virus en personas infectadas.

La investigación de un equipo de científicos de la Universidad de Hong Kong, encabezados por Nancy Leung, identificó coronavirus humanos estacionales, virus de la gripe y rinovirus contenidos en mascarillas y exhalado por la tos de niños y adultos con enfermedades respiratorias. Demostró que su uso redujo significativamente la detección de ARN del virus de la influenza en gotitas respiratorias y el ARN de coronavirus en aerosoles.

“Nuestros resultados indican que las mascarillas quirúrgicas pueden prevenir la transmisión de coronavirus humanos y virus de influenza de individuos sintomáticos”, señalaron los científicos.

Por otro lado, en el informe de la OMS del 5 de junio, llamado “Asesoramiento sobre el uso de mascarillas en el contexto de COVID-19”, se recomienda el uso de máscarilla médica para proteger a los trabajadores de la salud de la infección”. Y para público general la recomienda a los gobiernos “alentar al público en general a usar mascarillas en situaciones y entornos específicos como parte de un enfoque integral para suprimir la transmisión de SARS-CoV-2”.

Con el propósito de evitar que una persona infectada transmita el virus a otras y ofrecer protección a las personas sanas, es decir, la prevención, sobre todo en entornos donde hay una alta densidad de población o donde no puede mantenerse una distancia física de al menos 1 metro.

Rol técnico y simbólico del cubrebocas

En un artículo publicado en la revista The New England Journal of Medicine del 30 de julio, por un equipo de científicos encabezado por Michael Klompas, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, se señala que con el uso de cubrebocas generalizado se pueden tener beneficios adicionales que se extienden más allá de su nivel técnico en la contribución a la reducción de la transmisión de patógenos.

“Las mascarillas son recordatorios visibles de otra manera invisible, pero ampliamente prevalente de patógenos y puede recordarle a la gente la importancia del distanciamiento social y otras medidas de control de infecciones”, indica el estudio.

Es claro que las mascarillas sirven roles simbólicos, indican los investigadores, no son solo herramientas sino también talismanes que puede ayudar a incrementar la percepción de seguridad en los trabajadores, así como el bienestar y confianza en los hospitales.

Por ello, los protocolos del uso generalizado de mascarillas y cubrebocas contribuyen no solo para prevenir la transmisión de la COVID-19, sino también para reducir la transmisión de ansiedad.

Las personas están sujetas y expuestas al miedo y la ansiedad especialmente en tiempos de crisis. A fin de cuentas, parte del trabajo de los gobiernos a la hora de enfrentar crisis nacionales y mundiales como la pandemia es infundir seguridad, control y reducir el miedo y la ansiedad en la sociedad.

Este es otro de los grandes beneficios del uso de cubrebocas y mascarillas que no están considerando nuestros gobernantes.

Comentarios y sugerencias: @abanav y abanav@gmail.com

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias