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Diputados afectarán los fondos más eficientes de la ciencia Mexicana

De la tinta de Arturo Barba.

Arturo Barba Viernes 2 De Octubre, 2020 · 07:23 am
Diputados afectarán los fondos más eficientes de la ciencia Mexicana
El tema de los fideicomisos aún no está concluido / EFE

Los diputados de la 4T han sido timados: extinguirán los fondos más eficientes de la ciencia mexicana que sustentan más del 60% de la investigación científica y tecnológica del país y dejarán intactos los fideicomisos menos transparentes que existen en la ciencia. Y no lo saben, les engañaron.

Desde el sexenio del presidente Vicente Fox la ciencia mexicana se “fideicomizó” y casi todos los programas y fondos de la ciencia mexicana, incluidos aquellos con los que trabaja el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt), se ejercen a través de fideicomisos, algunos de ellos establecidos con la banca privada.

En el Conacyt existen 65 fideicomisos; el primero de ellos fue creado en el sexenio de Carlos Salinas; 47 en el sexenio de Vicente Fox; 11 en el sexenio de Calderón y 5 en el gobierno de Peña Nieto.

En conjunto aglutinan la nada despreciable suma de 27 mil 600 millones de pesos y la mayoría de estos fondos se establecieron bajo la figura de “Fondos Mixtos” establecidos entre el Conacyt y cada uno de los estados de la República, y los “Fondos Sectoriales”, establecidos entre el Conacyt y las Secretarías de Estado. Pero además hay otros cuatro fideicomisos “Institucionales” del Conacyt dirigidos a impulsar la innovación tecnológica y la investigación científica básica.

Estos fideicomisos han sido un rotundo fracaso, no han cumplido con los objetivos para los cuales fueron creados: México sigue siendo un país cada vez más dependiente en el ámbito científico y tecnológico que la pandemia de la COVID-19 ha desnudado con toda crudeza. Dicha dependencia ha dejado al país en el simple papel de comprador de vacunas, medicamentos, así como de instrumentos y equipamiento médico.

Además, en muchos de ellos no es posible saber con certeza cuál ha sido y cuál será el destino de los saldos disponibles en cada uno de los fideicomisos. En varios casos la administración de esos recursos no se han regido bajo los principios de eficiencia, economía, transparencia ni honradez.

Es sabido que muchos gobierno estatales y secretarías de Estado han ejercido tales recursos públicos de forma opaca y discrecional, como “caja chica”.

Sin embargo, dichos fideicomisos han quedado fuera de la iniciativa que discutirá el pleno de la Cámara de Diputados de la LXIV Legislatura y que pretende extinguir los fideicomisos de otras instituciones científicas.

Los diputados no saben lo que están haciendo, son analfabetos científicos disfuncionales y han sido engañados. Habría que investigar quién y desde dónde se tomó la decisión absurda de desaparecer los fondos de los Centros de Investigación y mantener los fideicomisos del Conacyt.

Salvo los fideicomisos que sustentan el Fondo Sectorial Conacyt-Secretaría de Energía-Hidrocarburos y el Fondo Sectorial Conacyt-Secretaría de Energía-Sustentabilidad Energética, con casi 13 mil millones de pesos, los otros 63 fideicomisos del Conacyt, los más opacos, van a permanecer intactos.

Los fideicomisos que se pretende eliminar son aquellos que conforman los Fondos de Investigación Científica y Desarrollo Tecnológico que entregan recursos presupuestales cada año y que los propios Centros de Investigación Pública autogeneran. Todos estos recursos se orientan a impulsar los proyectos de investigación científica y desarrollo tecnológico que llevan a cabo más del 60% de los y las científicas del país.

De configurarse ese golpe a la ciencia mexicana se sufrirá la peor catástrofe en la corta historia de la ciencia mexicana. En materia de ciencia, la 4T será la más retrógrada en la historia del país, incluso superará al gobierno panista de Calderón, que hasta ahora ha sido el más perjudicial.

La ciencia que se verá afectada se lleva a cabo en los Centros Públicos de Investigación del país que incluyen 26 Centros-Conacyt distribuidos en prácticamente todo el territorio nacional entre ellos El Colegio de México; la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales; el Centro de Investigación en Química Aplicada; el Centro de Ingeniería y Desarrollo Industrial; el Centro de Innovación Aplicada en Tecnologías Competitivas; el Instituto de Ecología; el Instituto Nacional de Astrofísica, Óptica y Electrónica; el Centro de Investigación en Materiales Avanzados; el Centro de Investigación Científica de Yucatán; el Centro de Investigación Científica y de Educación Superior de Ensenada, Baja California, entre otros.

También afectará a la ciencia que se desarrolla en el Centro de Investigación y de Estudios Avanzados del IPN (CINVESTAV-IPN); el Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP); la Universidad Pedagógica Nacional; el Instituto Mexicano del Petróleo; El Colegio de Posgraduados; el Instituto Mexicano de Tecnología del Agua; el Instituto Nacional de Electricidad y Energías Limpias; el Instituto Mexicano del Seguro Social y el Instituto Politécnico Nacional.

Los fideicomisos surgieron como un instrumento de la banca privada que permite generar intereses a tasas muy atractivas. Sin embargo, al crearse los fideicomisos públicos se buscó no solamente contar con recursos de manera eficiente sino sobre todo saltarse muchas de las trabas burocráticas que existen en la hacienda y la administración pública. Esta es la razón fundamental por la cual han sido tan usados en el sector científico.

Por ejemplo, el presupuesto que cada año se otorga a la ciencia tiene que ser ejercido ese mismo año. Por la ineficiencia de la administración pública siempre se entregan tarde –varios meses después–, lo cual reduce el tiempo para ejercer dichos recursos. Los fideicomisos permiten una ministración más pronta y eficiente de los dineros.

Pero además en el ámbito científico es imposible regir las investigaciones en “tiempos burocráticos”. La ciencia se guía a través de otros mecanismos: los de la generación del conocimiento, que suele ser de largo plazo. No por criterios administrativos.

Por ello, con mucha frecuencia se requiere apoyar proyectos que duran varios años, lo cual rebasa las barreras burocráticas hacendarias. Los fideicomisos permiten mantener el financiamiento de proyectos de forma multianual, algo que no existe en la administración pública.

Además, cuando los Centros de Investigación generan recursos propios por proyectos de investigación y servicios tecnológicos que llevan a cabo con sectores productivos o donativos, los fideicomisos sirven como entes mucho más eficientes y pueden ser ejercidos por los propios centros de investigación y no por el Secretario de Hacienda o el Presidente. De esta manera, complementan el financiamiento de sus actividades científicas.

De ahí que prácticamente todo el presupuesto a la ciencia se ejerza a través de fondos cuyos recursos financieros son operados a través de fideicomisos.

Pero se debe resaltar que los recursos que ejercen los centros de investigación que reciben tanto por vía presupuestaria, como donativos o los autogenerados son de los más auditados y fiscalizados que hay en la ciencia mexicana. Son los más eficientes de la ciencia mexicana. Cuentan con mecanismos y reglas de operación institucionales y federales en el que participan no solo los integrantes de la propia institución y los órganos internos de control sino también de otros sectores.

Es claro que los fideicomisos tienen que transparentar sus procedimiento, mejorar sus reglas de operación y permitir el escrutinio público. Son perfectibles. Pero también es necesario que las leyes y reglas para ejercer los recursos financieros destinados a impulsar las actividades científicas y tecnológicas en México tienen que mejorarse, transformarse.

Pero hay que señalar con claridad que no todos los fideicomisos son iguales y que aquellos que los Diputados pretenden extinguir afectarán terriblemente a la ciencia mexicana.

De confirmarse, dicho golpe será el peor error de la historia de la ciencia en México cuyos efectos perjudicarán aún más el desarrollo científico y tecnológico del país y lo condenará a la más lacerante dependencia en los momentos en los que la sociedad mexicana necesita más que nunca de la ciencia y la tecnología.

 

La susceptibilidad genética a la COVID-19 se heredó de los neandertales

Las variantes genéticas heredadas por el Homo sapiens de los neandertales desde hace miles de años están asociadas con el riesgo de generar niveles graves y críticos ante la COVID-19. Dichas mutaciones genéticas se ubican en un grupo de genes en el cromosoma 3 que se asocia con insuficiencia respiratoria.

El origen de ese conjunto de genes fue determinado por Hugo Zeberg y Svante Pääbo, del Instituto Karolinska, en Suecia, quienes analizaron los genomas antiguos de neandertales y denisovanos (antiguos homínidos que también contribuyeron con variantes genéticas en los humanos modernos).

Dichos genes son SLC6A20, LZTFL1, CCR9, FYCO1, CXCR6 y XCR1, localizados en una región del cromosoma 3 llamada locus 3p21.31, y son más susceptibles al coronavirus SARS-CoV-2.

De acuerdo con un artículo científico publicado en la revista Nature de esta semana, los científicos descubrieron que las variantes genéticas en esta región del cromosoma 3 se derivan de un gran grupo de genes heredados de los neandertales (conocido como haplotipo).

Los haplotipos son un conjunto de diferencias en el orden de una sola base de los genes (de las cuatro que hay en la secuencia del ADN adenina, timina, citosina y guanina), llamados snips que se asocian a la manera en cómo se expresan los genes en cada individuo (por ejemplo, color de ojos y piel, tipo de cabello, etc.); estas variaciones también afectan la respuesta de los individuos a enfermedades y patógenos como los virus y bacterias.

El haplotipo está estrechamente relacionado con un neandertal que vivió hace aproximadamente 50 mil años en Croacia, sur de Europa, y está presente en alrededor del 16% de la población europea y en el 50% de las personas del sur de Asia.

La frecuencia más alta se produce en Bangladesh, donde se estima que el 63% de la población porta al menos una copia del haplotipo neandertal de riesgo.

La prevalencia de esta variación puede contribuir a las diferencias en la gravedad de COVID-19 que se han observado entre diferentes poblaciones. Por ejemplo, las personas de ascendencia bangladesí en el Reino Unido tienen aproximadamente dos veces más riesgo de morir por COVID-19 que la población en general, señalan los autores.

Sin embargo, estos genes se suman a otros factores de riesgo de enfermedad grave, como la edad avanzada y el sexo masculino.

 

Comentarios y sugerencias: @abanav y abanav@gmail.com

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias