¿Deseas recibir notificaciones?
Radio
Webcam
Buscar
Obscuro
Lo más buscado:
Link Copiado
A A

Democracia amenazada

De la tinta de Arturo Espinosa Silis

Arturo Espinosa Silis Miércoles 24 De Abril, 2019 · 10:30 am
Democracia amenazada
El caso Odebrecht constituye uno de los mejores ejemplos de un esquema de sobornos que terminó por corromper a la clase política de la región, demostrando que llegó a todos los niveles.

Cada vez es más común el descontento con la democracia, parecen lejanos sus días de gloria en la región y en el mundo. A pesar de que en la gran mayoría de los países la democracia es el tipo de régimen que genera mayor consenso sobre los mecanismos de transmisión del poder político, en los últimos años, lejos de generar entusiasmo entre la ciudadanía, más bien provoca desilusión.

Históricamente, la democracia ha enfrentado diferentes amenazas que hasta la fecha no ha podido resolver o erradicar, como: el abuso del poder, la corrupción, la supresión violenta de la oposición y la constante búsqueda de los gobernantes de ejercer el poder sin límites ni contrapesos, que va de la mano con la intención de permanecer en el ejercicio del cargo. Desde el fin de la Colonia y hasta nuestros días, en América Latina hemos visto cómo prácticamente todos los países han tenido al menos un gobernante que ha abusado de las facultades constitucionales y legales que le son conferidas, y que además ha buscado perpetuarse en el cargo.

Como se mencionaba, la corrupción es uno de los males que acechan a la democracia. Pareciera ser que este flagelo fuera connatural a la función pública, manifestándose de múltiples formas. El intento de obtener beneficios indebidos de ésta, el enriquecimiento ilícito e inexplicable, el tráfico de influencias y el uso de recursos públicos para beneficios personales, son apenas algunas de las conductas que a pesar de los controles administrativos y del impulso por la transparencia y la rendición de cuentas, no han logrado erradicarse. El caso Odebrecht constituye uno de los mejores ejemplos de un esquema de sobornos que terminó por corromper a la clase política de la región, demostrando que llegó a todos los niveles.

De la mano de la corrupción viene la impunidad. En muchos países y particularmente en México, el costo de oportunidad por cometer algún ilícito es muy bajo; es decir, ante actos de corrupción o abusos de poder es muy probable que quien incurre en ellos no sufra ninguna consecuencia, o que incluso, se permita un estado de excepción en el que la aplicación de la ley se vuelve discrecional y favorezca al infractor.

Las anteriores son amenazas que siempre han acechado a las democracias del mundo, pero en pleno siglo XXI las nuevas tecnologías de la información y las comunicaciones han traído otras amenazas que atentan contra la democracia y que la deslegitiman frente a la ciudadanía; me refiero especialmente a la desinformación, la cual, si bien no es un problema nuevo, sí ha cambiado la masificación del impacto de ésta con herramientas como las redes sociales.

Los ataques cibernéticos o hackeos también son un riesgo enfrentado por los gobiernos, en algunas ocasiones buscan evidenciar el ocultamiento de información y prácticas indebidas, pero en otros tantos su fin es comprometer o filtrar información que por diferentes motivos no debe ser pública, o que simplemente, busca dañar o comprometer la función de gobierno o las contiendas electorales.

Éstas son sólo algunas de las amenazas que desde siglos atrás han existido en contra de la democracia y que junto con aquellas que son propias de los tiempos virtuales en los que vivimos, han ocasionado un descontento hacia la democracia. Al final, esto podría implicar que a la ciudadanía no le importe quién gobierne ni por qué vía se hizo del poder si las condiciones de vida no cambian, e incluso, si en algunas ocasiones empeoran.

Pero con todos sus defectos, vale la pena recordar a Winston Churchill, que dijo “… se ha dicho que la democracia es la peor forma de gobierno, excepto por todas las otras formas que han sido probadas de vez en cuando”. Quizá la democracia no es una panacea para todos los males del mundo, pero ofrece un mejor punto de partida para buscar soluciones que otras formas de acceder y ejercer el poder, por ello debe cuidarse.

Justo es en momentos como éstos, cuando más se necesitan defensores de la democracia, pues si algo pudimos aprender del siglo XX es que los males y horrores que pueden desatarse cuando las y los ciudadanos están descontentos con la democracia pueden dejar cicatrices permanentes en las naciones del mundo.

@EspinosaSilis