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Debilitamiento institucional

De la tinta de Arturo Espinosa.

Arturo Espinosa Silis Miércoles 18 De Septiembre, 2019 · 14:07 pm
Debilitamiento institucional
Una democracia será mucho más solida en la medida en la que las instituciones del Estado así lo sean / Foto Ilustrativa

Una de las piedras angulares de las democracias son las instituciones fuertes y confiables que realicen las funciones de gobierno y le den estabilidad al sistema político, económico y social del país, por lo que estas deben trascender a las personas y a los gobiernos mismos. Una democracia será mucho más solida en la medida en la que las instituciones del Estado así lo sean.

Un aspecto importante del proceso de transición democrática en México ha consistido en crear instituciones que sean autónomas, independientes y profesionales. Desde la creación de los diferentes organismos constitucionales autónomos –empezando con la Comisión Nacional de los Derechos Humanos en 1990–, pasando por la importantísima reforma al Poder Judicial en 1996, se ha buscado construir un entramado institucional que realice funciones clave para el Estado mexicano cuidando en su diseño alejarlas del poder político y asegurándoles independencia plena, a efecto de garantizar que actúen siempre en beneficio del interés colectivo.

En principio parecía que este diseño institucional era idóneo, pues de esta forma funciones claves tales como: el manejo de la política económica, los indicadores estadísticos, la organización de las elecciones, la protección y vigilancia de los derechos humanos, el cumplimiento de las obligaciones de transparencia, las reglas de competencia económica, por mencionar algunos aspectos, estarían en manos de instituciones conformadas y encabezadas por personas alejadas del poder político y de esta forma servirían de contrapeso al Poder Ejecutivo, pues anteriormente estas funciones dependían de este.

Y aunque los procesos de conformación pueden considerarse exitosos de forma general, la gran falla en el diseño de estas instituciones son los procesos de designación de las personas que las encabezan, los cuales continúan dependiendo casi en su totalidad del poder político. Y si bien las y los primeros titulares de las instituciones creadas para el fortalecimiento y la consolidación de la democracia mexicana, fueron personas con visión de Estado y capaces de sentar las bases para consolidar instituciones claves para el desarrollo del país. Lamentablemente, quienes les han sucedido en tan importantes responsabilidades han sido impulsados y designados por los diferentes grupos en el poder, por lo que estas nuevas generaciones de funcionarios terminaron convertidas en guardianas de intereses personales o políticos, que poco a poco han minado la endeble legitimidad y credibilidad que las primeras integraciones buscaron construir.

Hoy en día vemos como en algunas de estas instituciones, sus órganos colegiados se encuentran divididos, enfrentados y cooptados por una mayoría de sus integrantes que se han repartido las áreas y posiciones dentro de la institución como si fuera un botín, además han usado el quehacer institucional – la toma de decisiones – para intercambiarlo por favores, beneficios o posiciones una vez que concluyan sus cargos. Esto sin duda ha dilapidado de manera importante la legitimidad y fortaleza institucional

El diseño institucional que se concibió a efecto de buscar que ciertas funciones esenciales del Estado se realizaran de manera imparcial e independiente, alejadas de presiones políticas y económicas se encuentra hoy sumamente deslegitimado y cuestionado, las instituciones no se han logrado consolidar. La razón de ello no es que el diseño institucional sea incorrecto o no funcione, tan funciona que las presiones externas, desde lo político y económico son constantes, lo cual indica que instituciones que funcionan correctamente incomodan y limitan al poder; sin embargo, el quiebre han sido las personas que el poder político a designado para integrar los órganos colegiados de estas instituciones, pues el debilitamiento institucional se ha dado en gran medida desde adentro, a partir de las acciones de quienes no han comprendido que sus cargos tienen una duración finita, y que una vez que concluyan la Institución debe permanecer.