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De tortas ahogadas y quema de libros

De la tinta de Héctor Zagal.

Héctor Zagal Domingo 8 De Diciembre, 2019 · 11:29 am
De tortas ahogadas y quema de libros
"El gabinete de curiosidades del Dr. Zagal", libro presentado por Héctor Zagal en la FIL de Guadalajara - Especial

Acabo de regresar de la Feria del libro de Guadalajara, donde presenté mi más reciente libro, “El gabinete de curiosidades del Dr. Zagal”, escrito junto con Pablo Alarcón. La verdad es que me la pase muy bien entre libros y amigos. La oferta de libros es impresionante y la variedad de actividades culturales es extraordinaria.  Lo único que lamento es no haber tenido tiempo para comer una buena torta ahogada. Para no quedarme con el antojo, probé las tortas ahogadas del bufet del hotel, que eran algo así como una medianoche bañada en cátsup tibia y rellena de queso de puerco rancio. Pero no todo se puede en esta vida.

Pero me fui por las ramas. Lo que quería contarles es que, viendo tantos libros, pensé en la suerte que ahora tenemos. En la antigüedad clásica y en la edad media, poseer un libro era un lujo. No existía en papel, salvo el papiro egipcio, así que se escribía en piel de ternera o de cordero. ¿Se imaginan lo caro? ¿Cuántos animales se necesitaban para la “Odisea”? Además, como aún no se había inventado la imprenta, los libros debían ser transcritos a mano. ¡Uf!

Tras el invento de la imprenta, allá por el siglo XV, los precios de los libros se abarataron; pero surgió un enemigo peligroso: la censura. Reyes, obispos católicos y pastores protestantes prohibieron libros que consideraban peligrosos. Por ejemplo, la iglesia católica prohibió durante mucho tiempo la publicación de la Biblia en lenguas vernáculas, las lenguas del pueblo. No sólo eso, sino que estaba prohibido para la mayoría de los fieles la lectura directa de la Escritura. La Inquisición Romana también prohibió libros de Galileo, de Copérnico y, por supuesto, las obras de filósofos modernos como Descartes, Hume y Voltaire.

Tristemente, la censura no fue monopolio de las monarquías e iglesias cristianas. En el siglo XX, los gobiernos socialistas de la Unión Soviética, Polonia y Hungría, entre otros, prohibieron libros que criticaban el régimen o que defendían valores que no era “socialistas”. Moscú, por ejemplo, prohibió “Robinson Crusoe” por considerarlo demasiado cristiano. En la China gobernada por Mao, la censura prohibía obras de Shakespeare y de Cervantes. Todavía en la actualidad, el gobierno chino ejerce una censura feroz tanto de libros impresos como digitales. Y para quienes creen que Cuba es un modelo admirable, conviene recordarles que, en estricto sentido, no existe la libertad de imprenta. A los gobiernos autoritarios, les incomoda que los ciudadanos puedan leer y escribir libremente.  En algunos países musulmanes, la libertad de imprenta también tiene restricciones. No se puede criticar al islam, en un país oficialmente musulmán. Pero el asunto va más allá. En Arabia saudita, por ejemplo, no existe libertad de culto. Así de fuerte. Por su parte, en algunos países de Europa existen restricciones en torno a “Mi lucha” de Hitler. Aunque no es un delito leer esta obra, se suelen poner trabas a su comercialización.

Personalmente, creo que sí hay libros que pueden dañar a la sociedad; son los libros que promueven el odio, el racismo, la homofobia, la misoginia. Los libros pueden liberar, pero también pueden esclavizar; pueden propiciar el diálogo, pero también pueden promover el odio.  “La cabaña del tío Tom”, publicada por Stowe en 1852, fue clave en la lucha contra la esclavitud en Estados Unidos. ¡Qué diferente de “Mi lucha”! Ojalá, Hitler se hubiese contentado con ser pintor en lugar de escritor.  Sin embargo, también creo que es preferible apostar por la libertad y evitar la censura, salvo casos excepcionales como el de los libros nazis.

El pasado viernes, un grupo de manifestantes quemó afuera de la Feria del Libro algunos libros que ofensivos contra la comunidad LGTTBQ. A pesar de lo dicho, les confieso que no me encanta la idea de quemar libros. Comprendo que se trata de un acto simbólico y que, mientras no se dañe la propiedad ajena, cada uno puede hacer con sus libros lo que uno quiera. La protesta es justa, pues los no-heterosexuales han sido perseguidos en el mundo. Actualmente, países como Arabia Saudita siguen castigando la homosexualidad como delito grave. No obstante, entreveo en las hogueras un cierto tufillo inquisitorial. La hoguera de libros fue posible, paradójicamente, gracias al derecho a la libre expresión. No vaya a ser que, por defender la libertad, acabemos con ella. ¿Ustedes qué piensan? ¿Será mejor discutir sobre un libro que quemarlo? No lo sé…

Sapere Aude ¡Atrévete a saber!

@hzagal

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias