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De mieles y otros vicios

De la tinta de Héctor Zagal

Héctor Zagal Domingo 17 De Mayo, 2020 · 11:01 am
De mieles y otros vicios
Ilustración

El 20 de mayo es el Día mundial de la abeja. Tristemente, la devastación del entorno natural ha puesto en jaque a cientos de especies de seres vivos. La extinción o el peligro de extinción, de este u otro animal o planta son noticia cotidiana. Además del respeto que le debemos a toda forma de vida, la desaparición de una especie impacta de manera profunda la vida humana. Pensemos en uno de los polinizadores más populares: las abejas. De la polinización dependen la reproducción de plantas, incluidas las que nos dan de comer. Además, sin ellas perderíamos otros productos como la miel, el propóleo, la cera, la jalea.

La naturaleza da qué pensar. El crecimiento de un árbol, la erupción de un volcán, el cambio de piel de una serpiente, son ocasión de reflexión. El primero nos revela procesos ordenados; la catástrofe nos enfrenta con lo inmprevisto, y el tercero nos muestra la convivencia de la permanencia y el cambio. Es lógico, por ello, que en el comportamiento de los animales reconozcamos nuestro propio comportamiento. Hablamos de la fidelidad del perro, la elegancia del gato o del trabajo en equipo de las hormigas. Observar el mundo nos permite comprendernos. Y esa introspección nos revela el valor de la naturaleza a la vez que nos permite conocer nuestra interioridad.

Aristóteles,  apasionado observador de la naturaleza, veía en el orden natural un modelo de orden para el ser humano. De entre los animales que más le llamaron su atención, están las abejas. De Aristóteles nos llega la distinción que hoy conocemos de los miembros de una colmena: la abeja reina, los zánganos y las abejas obreras. Su interés, por un lado, viene de la sustancia a la que están ligados estos insectos: la miel, esa dulce y eterna dádiva cósmica. Por otro, a Aristóteles le interesaban las labores que realiza: la abeja recolecta su alimento y lo almacena, y construye con gran maestría sus colmenas. Pero más interesante aún es su determinación; parece que no tienen distracciones ni otra voluntad que cumplir con la labor que les toca. Su vida en comunidad, como la de los seres humanos, depende de un orden social dirigido por un líder. Las abejas parecen ser, por instinto, políticas.

¿Cómo es que unos animales tan sencillos, comparados con la complejidad de otros, pueden tener una organización tan perfecta?, se preguntó Aristóteles. El filósofo no pudo dar una respuesta clara. La biología aún estaba en sus comienzos.

El panal y sus abejas también inspiraron a Bernard de Mandeville (1670-1733), médico y filósofo holandés que vivió la mayor parte de su vida en Inglaterra. Mandeville escribió “La fábula de las abejas” para ilustrar cómo una colmena, metáfora de  la sociedad, no prospera gracias a que las abejas trabajen de manera altruista, sino gracias a los vicios. Mandeville piensa que sin injusticias, los abogados no tendrían razón de ser; y sin excesos en las comidas y en la bebida, los médicos tendrían poco  trabajo. La vanidad de los hombres los impulsa a ocuparse de tal manera que hacen florecer la industria, las artes y el comercio.

En la fábula, los sacerdotes piden que se expulse del panal a los vicios. Júpiter escuchó las súplicas y en un instante extirpó toda conducta despreciable del alma de estas abejas. En menos de media hora, toda la actividad económica se marchitó. Si los precios en el mercado son justos, no hay ganancia. Y si todos son moderados, no hay necesidad de diversiones espléndidas ni lujos. Mandeville considera que una sociedad donde impere la virtud en todos sus estratos a duras penas lograría sobrevivir. En un panal virtuoso, la economía prácticamente se paralizaría. Para Mandeville, son dulces los frutos sociales del egoísmo personal. Algunos lo consideran el padre del liberalismo económico: la búsqueda del propio interés hace funcionar y prosperar a la sociedad. Claro que se trata de una fábula.

En fin, un animal que da tanto para pensar no puede desaparecer así sin más. Cuidemos a las abejas.

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

@hzagal

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias