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De los monólogos a los debates

De la tinta de Arturo Espinosa Silis

Arturo Espinosa Silis Miércoles 3 De Julio, 2019 · 09:42 am
De los monólogos a los debates
En una democracia auténtica, el debate debe ser una constante, cuestionar las propuestas y las acciones de gobierno, de forma que los contrastes entre las diferentes visiones e ideologías existentes puedan apreciarse

La elección presidencial en Estados Unidos será en noviembre de 2020 y la semana pasada se llevaron a cabo los primeros debates entre aspirantes demócratas a la candidatura presidencial. Participaron 20 precandidatos en dos debates, 10 en cada uno. Por el lado Republicano, Trump buscará la reelección y en el partido Demócrata, aunque el favorito es el exvicepresidente Joe Biden, la candidatura se definirá entre los más de 20 aspirantes que han manifestado su intención de ser los candidatos o candidatas presidenciales de ese partido.

Como parte de este proceso, se tiene previsto llevar a cabo 12 debates previos a la definición de la candidatura en las elecciones primarias −que inician en marzo de 2020−, y será en julio de ese año cuando se informe en la convención nacional demócrata quién ostentará la candidatura de este partido.

Llama la atención que el proceso de selección de la candidatura toma casi un año y medio –algo similar ocurrió en 2016 para definir la candidatura republicana a la Presidencia – y sobre todo, es de destacar que en este tiempo, los aspirantes además de dedicarse a las tareas propias de sus encargos actuales, a hacer campaña y a procurar fondos para financiar sus campañas, también dedican una buena parte del tiempo –prácticamente una vez al mes– a debatir, intercambiar ideas y propuestas, sobre los temas que son relevantes para el contexto nacional, los cuales van desde servicios de salud o nuevos esquemas fiscales,  hasta política exterior y política económica, pasando por educación y migración, por mencionar algunos.

En una democracia auténtica, el debate debe ser una constante, cuestionar las propuestas y las acciones de gobierno, de forma que los contrastes entre las diferentes visiones e ideologías existentes puedan apreciarse, resulta imperativo. Para consolidar una democracia es necesario que haya un intercambio permanente para que la ciudadanía esté mejor informada, tenga mayores elementos para decidir cuál es la propuesta o la opción política que más le conviene, y así, elija de forma consciente a quienes ejercerán una función de gobierno o actuarán como sus representantes.

Los aspirantes a un cargo de elección popular o quienes ejercen la función de gobierno no deben rehuir a debatir, por el contrario, tienen que mostrar la mayor disposición para robustecer el debate público, para someter sus propuestas y su visión de gobierno al escrutinio público y que sea la ciudadanía la que, con base en los elementos de información disponibles, haga las valoraciones correspondientes.

En México, desafortunadamente parece que esto no se entiende, a nuestra clase política y gobernante parece incomodarle el debate, no le gusta ser cuestionada ni por la ciudadanía ni por otras fuerzas políticas, por lo que terminan optando por los monólogos. Rehuir al debate es la regla. Basta ver cómo durante el periodo previo a las elecciones es común que candidatos y candidatas eviten debatir, o pongan el mayor número de obstáculos para acudir a encuentros de este tipo, y que cuando lo hacen, prefieran formatos acartonados en los que el diálogo y el intercambio resulta complicado, por no decir imposible.

Una vez en el gobierno, los ejercicios de rendición de cuentas son los menos y cuando se dan, en su mayoría, consisten en soliloquios en los que el gobernante en turno enumera sus supuestos logros de gobierno, presenta una autoevaluación de su desempeño y nunca permite cuestionamientos a partir de los cuales pueda abrirse un espacio de diálogo o de intercambio de visiones.

En México, en general, el monopolio de la conversación pública la tienen los partidos políticos, los candidatos y los gobernantes, y la regla es evitar el debate o contraste de ideas y opiniones. De forma excepcional, algunas veces lo hacen, pero únicamente entre ellos, políticos escuchando a otros políticos, o en todo caso, autoridades escuchándose a sí mismas en encuentros de formatos muy controlados. Creo que es buen momento para cambiar esto, para abrir el modelo de comunicación política y fortalecer la cultura de la rendición de cuentas. Debemos buscar privilegiar el debate público en todos los temas que son de interés para la ciudadanía. Es imperativo que en el centro del debate estemos las ciudadanas y los ciudadanos y que tengamos a nuestra disposición los espacios y mecanismos necesarios para dialogar e incluso cuestionar a nuestros políticos, representantes y gobernantes.

@EspinosaSilis