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De cangrejos y otros males

De la tinta de Héctor Zagal.

Héctor Zagal Domingo 7 De Julio, 2019 · 11:30 am
De cangrejos y otros males
Sabías que Hipócrates decía que estos tumores se parecían a las patas de un cangrejo - Ilustración

Hasta los peores monstruos necesitan nombres. Este es el caso del cáncer. ¿Qué tiene qué ver el temible cáncer con el cangrejo? Alrededor del 400 a.C., Hipócrates se refirió a algunos tumores y lesiones ulcerosas como “karkinos”, cangrejo en griego. Se le dio este nombre a lesiones que se endurecían progresivamente y crecían sin control. Según Hipócrates, estos tumores se parecían a las patas de un cangrejo. Los médicos hipocráticos, con buena dosis de imaginación, desarrollaron la imagen del tumor como cangrejo. Los tumores cancerosos, decían, se endurecían como el caparazón de un cangrejo. Además, las lesiones cancerosas eran como cangrejos, ocultos bajo la arena, listos para atenazar a su presa. Las patologías a las que se refieren los hipocráticos como cancerosas no siempre empatan con el cáncer cómo lo conocemos ahora; pero esa es otra historia.

¿Han escuchado la frase “estar pensando en la inmortalidad del cangrejo?” Se utiliza para describir a alguien que parece ensimismado y ausente durante una conversación. Los cangrejos, claro, no son inmortales. Sin embargo, si pierden una de sus patas, tienen el asombroso poder de regenerarlas. Además, los cangregos mudan su exoesqueleto periódicamente, aquello que conocemos como caparazón. Forman parte de los crustáceos decápodos, es decir, que tienen 5 pares de patas, de los cuales un par suelen ser sus pinzas. Son fuertes, pero no inmortales. Parece que esta idea se volvió popular gracias a un supuesto pasaje mitológico en el que un cangrejo le revela al dios Zeus que el secreto de su inmortalidad es caminar de lado.

El andar de los cangrejos ha sido una metáfora del retroceso. Por ello se dice “ir para atrás como los cangrejos”. Durante la guerra de Reforma en el siglo XIX, los liberales mexicanos se mofaban de los conservadores llamándolos “cangrejos”. Los conservadores caminaban para atrás, yendo contra el progreso. El conservadurismo defendía la propiedad corporativa de la tierra, en manos de pueblos indígenas; el fuero de militar; la constante invocación de Dios en la vida pública; la religión entrelazada con la política; el centralismo y, por supuesto, los privilegios del la Iglesia. Los liberales, en cambio, creían en el libre mercado, el individualismo, y en el Estado laico, libre de referencias religiosas.

¿Recuerdan la célebre historia de los cangrejos mexicanos? Va más o menos así: en un mercado había un vendedor con tres cubetas de cangrejos, una tapada con una tabla, otra tapada con ladrillos y otra sin tapa. Un cliente no resistió la curiosidad y le preguntó al vendedor de cangrejos por qué tenía así las cubetas. Éste le contestó: “Son cangrejos de diferentes nacionalidades. La primera cubeta contiene cangrejos norteamericanos, ellos trepan y por su propio esfuerzo escapan. Por eso los cubro con una tabla. La segunda cubeta contiene cangrejos japoneses y está tapada con ladrillos, porque ellos se apoyan entre sí para formar una pirámide que empuje la tapa y les permita salir. En cambio, la cubeta destapada contiene cangrejos mexicanos y cuando uno quiere escapar, los demás lo jalan hacia abajo.” El relato nos deja muy mal parado a los mexicanos, pues nos pinta como un pueblo mezquino y resentido. No creo que seamos así. Pero, en defensa de los cangrejos, ellos no están condenados a caminar hacia atrás. Debido a la posición de sus patas y articulaciones, les es más sencillo moverse de lado.

Algunos creen que los cangrejos japoneses tienen algo de inmortales. Los Heikegani son una especie de cangrejos que tienen un lugar especial en el floclore japonés. El Heike Monogatari o el “Cantar de Heike”, análoga a la Ilíada de los griegos, narra la lucha entre dos clanes, los Genji (o Minamoto) contra los Heike (o Taira). En este canto se cuenta la aparición de la clase guerrera de élite de los samuráis y su violenta irrupción en la política de Japón. Históricamente, el ascenso de los samuráis significó el fin de lo que se considera la etapa más culta de Japón: el período Heian. La guerra entre los Genji y los Heike culmina con la batalla naval de Dan-no-ura y la derrota del clan Heike. De acuerdo con la épica japonesa, el espíritu de los guerreros que murieron ahogados durante la batalla subsiste en una especie de cangrejo nativa de Japón: los heikegani. Las rugosidades de su caparazón se asemejan a la cara de un enfurecido guerrero samurái. Por respeto a los espíritus de los guerreros Heike, los pescadores sueltan a aquellos cangrejos cuyo caparazón luzca como un rostro humano. Aunque la historia es bonita, en realidad los heikegani son tan pequeños (miden apenas unos tres centímetros) que no vale la pena intentar extraer carne de ellos. Es preferible dejarlos en libertad.

Por lo general, los cangrejos no nadan, por eso suelen encontrarse caminando en el suelo marino. Pero hay un cangrejo especial que se desplaza por el cielo: la constelación de Cáncer. ¿Saben cómo llegó un cangrejo al firmamento? La diosa Hera mandó a Carcinos, un cangrejo, a atacar y distraer a Hércules durante su pelea contra la Hidra de Lerna. Carcinos hizo su mejor papel, pero murió aplastado por el talón de Hércules. Aunque no consiguió que la hidra matara al héroe, Hera mostró su agradecimiento a Carcinos convirtiéndolo en una constelación.

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

 @hzagal

(con la colaboración de Karla Aguilar)