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Cupido ensangrentado

Héctor Zagal 10/Feb/19 09:36
Cupido ensangrentado

La violencia de género está arraigada en el imaginario colectivo mexicano como algo “normal”. Erradicar la violencia de género exige entonces, una batalla cultural.

A México se le acabó el amor, y probablemente por eso no haya más mariachis al pie de tu ventana. No me refiero con lo anterior a la interminable lista de canciones rancheras que tratan obsesivamente de desamor, traiciones y desengaños, como si el amor no fuese otra cosa que una fuerza fatídica que arruina caprichosamente la vida de los hombres.

En las vísperas del día de san Valentín, el amor duele. Peor tantito, sólo parece estar arruinando las vidas de las mujeres… “Te pego, porque te amo”, dicen los machos más descarados. Según encuesta del INEGI, el 66% de las mexicanas han sido víctima de alguna agresión física, emocional, sexual, laboral, etc.

Lamentablemente, la violencia de género está incrustada en México. Al margen de la ineptitud e ineficacia de nuestro sistema judicial, la violencia de género está arraigada en el imaginario colectivo mexicano como algo “normal”. Erradicar la violencia de género exige entonces, una batalla cultural. Y es que el mexicano (varón y mujer) es culturalmente machista; el habla mexicana lo demuestra: el que no chinga (lit. violar), no es chingón. Buena parte del lenguaje es falocéntrico: “es muy verga”, “no seas puto”. Incluso expresiones tan comunes como “güey” reflejan estas relaciones de dominio. Buey es el toro castrado y por eso, en su origen, “güey” era un insulto entre varones. Así que cuando utilizamos el “güey”, estamos en un esquema falocéntrico: “Lo chingón es el toro”

Se me objetará que, cuando una mujer le dice a otra mujer, “¡oye, güey”, no utiliza la expresión en su sentido original. Y ese es precisamente el punto, el machismo está tan incrustado en nuestra cultura que se ha normalizado en nuestro lenguaje como algo inconsciente.  ¿Más ejemplos? En español, el término “hombre” designa tanto al varón como a la mujer, pero el machismo se apropió del término “hombre” hasta el punto de que el término varón ha caído en desuso, pues el hombre por excelencia (sic) es el varón. ¿Se ve?

Escarbamos un poco más. El padre de la novia “entrega” a su hija al novio el día de la boda, como si ella fuese un objeto pasivo. Y ya no hablemos del anillo de compromiso.  ¿Se imaginan a una mujer entregándole a un varón el anillo en un restaurante? Tal parece que el papel de la mujer es pasivo, supeditada a la iniciativa del varón. Claro que estos usos y costumbres abusivos no son exclusivos de México. En Estados Unidos, la madre no transmite, salvo por excepción, el apellido a sus hijos. ¿No les parece machista?

Ahora que estamos a la expectativa de que Cupido fleche nuestros corazones, tenemos la oportunidad de hacer conciencia sobre las costumbres, las creencias y el lenguaje que hemos heredado. El amor no debe doler. Debemos superar el machismo cultural para que las medidas jurídicas, educativas y políticas surtan efecto.

¡Atrévete a saber!  Sapere aude!

@hzagal