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Colón, en el siglo XXI

De la tinta de Sergio Almazán.

Sergio Almazán Sábado 17 De Octubre, 2020 · 07:00 am
Colón, en el siglo XXI
La Glorieta de Colón en Reforma / Foto: Archivo

La historia es –aunque parece contradictorio– un documento vivo con miras a ser revisado, revisitada, discutida y analizada desde el presente y contribuya a mejorar la condición humana. En ese sentido, cobra valor poder estudiar los fenómenos que cambiaron a la sociedad desde una perspectiva historiográfica, no como un cúmulo de sucesos juzgados desde el presente. Decía Edmundo O’Gorman no nos toca juzgar la historia sino conocerla. Y de ser así al conocerla nos ayuda a no cometer –en el presente– actos que desde nuestro tiempo son incorrectos, violatorios de los derechos humanos y arbitrarios.

El caso reciente sobre la pertinencia o no de la estatua-monumento-glorieta de Cristóbal Colón que llegó en el siglo XIX como un símbolo revisionista de la historia en tiempos porfirianos a paseo de la Reforma, es una magnífica oportunidad para pensar cómo abordamos, explicamos, expresamos y nos comportamos a partir de nuestra historia y motivo del mestizaje, de la identidad nacional, sobre el racismo, la discriminación, los derechos humanos y la xenofobia, teniendo como objeto simbólico El Colón. ¿Qué nos dice y que ya no tiene sentido?… ¿Odiamos a Colón? Quizá debemos avergonzarnos de nuestra conducta colonizadora, de esclavitud y racista que ejercemos con lo diferente.

La estatua de Colón puede o no permanecer, puede irse o revalorarse, pero la discusión más formal y seria debe encaminarse en otras direcciones más que polarizar o enaltecer los rencores históricos. Su retiro debe ir acompañado de una reflexión profunda sobre tres sentidos: origen y valor del mestizaje; derechos humanos y defensa, protección y reconocimiento de los pueblos indígenas olvidados por el Estado durante siglos.

El valor del mestizaje: debe comenzar por reconocer que la herida abierta del mexicano está en la pigmentocracia, ese doloroso paradigma nacional que nos vuelve victimarios y víctimas por la raza, las diversas etnias y definidas por el color de piel. Condición discriminatoria que de tan repetitiva se ha naturalizado los actos y acciones descalificatorias y de falta de oportunidades e incluso de violación de derechos humanos. Siendo que somos resultado del mestizaje, la mezcla, la herencia y la historia.

Los derechos humanos: Con el mestizaje, el color de piel y la diversidad de lenguas que se hablan en nuestro país se ha trazado por siglos una división de la oportunidad y reconocimiento o desconocimiento de los mínimos derechos humanos que su grado de violencia o arbitrariedad dependen de la raza, condición social, lengua y color. Y quizá nacieron estas violaciones en las famosas Castas novohispanas, heredadas bajo otras expresiones hasta nuestros días.

Los grupos afrodescendientes e indígenas: Por siglos los grupos indígenas y la tercera raíz en nuestro país han sido objeto de discriminación, invisibilidad en las leyes, en la vida social y cultural de México. Hasta hace menos de dos años, fueron reconocidos los derechos humanos de los afrodescendientes. En pleno siglo XXI aún es frecuente la violación a las garantías mínimas de lo humano e impartición de justicia a indígenas que no hablan español, a comunidades y pueblos originarios que son objeto de discriminación y vejaciones.

Mucho temo que estas situaciones que dicen derivar de aquella “conquista” y los viajes de circunnavegación que en América tuvieron como primer viajero a Cristóbal Colón no son el origen ni la consecuencia de lo que los mexicanos no hemos reflexionado, castigado y corregido con nuestra historia y nuestras diversidades sociales, culturales, étnicas y raciales. El Estado, la Iglesia, las instituciones familiares, culturales, sociales y económicas no hemos estado a la altura de la democracia y la diversidad. No sólo se debe reflexionar y exigir al otro, al extranjero la disculpa. Precisamos los propios mexicanos exigirnos una reflexión profunda, de leyes y garantías a los derechos humanos sin distinción, sin discriminación, sin racismo, sexismo, clasismo y homofobia

 

Aquellas deudas que los mexicanos tenemos con nuestra propia historia, cultura y sociedad diversa y multiétnica no deben ser solamente enmendadas por el extranjero sino por nosotros mismos. No se combate nuestra falta de garantías a los derechos humanos derrumbando monumentos sino destruimos prejuicios. Y esos no se acaban a pedradas sino a conciencia colectiva, que comienza revisando la historia.

 

Abramos la discusión: @salmazan71

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias