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Coco Pixar y el día de muertos

En México, el 2 de noviembre, los vivos pueden reencontrase con sus difuntos: el esposo, hermano, la madre.

Héctor Zagal Domingo 29 De Octubre, 2017 · 09:02 am
Coco Pixar y el día de muertos
Foto: Fotorama

Este fin de semana se estrenó en México la película de “Coco”. A su modo, Pixar retrató las tradiciones mexicanas del Día de muertos. ¿Y qué les pareció el desfile de calaveras del sábado 28 de octubre en CDMX? No deja de ser curioso que haya sido James Bond quien nos haya venido a organizar el desfile. ¿Se acuerdan de “Spectrum”?

El catolicismo y las creencias prehispánicas se entrelazan el 2 de noviembre en una conmemoración sincrética y colorida, profundamente arraigada en nuestro país. Pixar le sacó partido. ¿Les gustó la referencia a las flores de Cempasúchil?   

Los mexicas eligieron el cempasúchil para tupir sus ofrendas y entierros de muertos. El amarillo anaranjado de la flor evocaba los rayos del sol al atardecer. Los mexicas creían que aquellos pétalos, luminosos como rayos, mantendrían cálidos a sus muertos. El cempasúchil sólo florece después de la época de lluvias. Por eso todavía las flores de cempasúchil nos ayudan a decorar nuestros altares de muertos. Y es ahí, en los altares, donde las ánimas se agrupan a degustar las esencias de nuestras ofrendas.

Según la ortodoxia católica, las ánimas del purgatorio no pueden salir del inframundo hasta pagar por sus pecados. Santo Tomás de Aquino se hubiese escandalizado ante la mexicana costumbre de ofrecer un banquete a las almas. ¡Como si el arcángel San Miguel les concediese una pausa en su tormento! Sin embargo, los frailes del siglo XVI tuvieron el suficiente criterio para adaptar la costumbre prehispánica al dogma católico. De acuerdo con la teología estricta, las almas no regresan del purgatorio; la ofrenda es una conmemoración, un gesto, como colocar flores en una tumba.

No obstante, los fieles difuntos no saben de teología y nos visitan para disfrutar de nuestra estupenda gastronomía. Las ánimas de San Andrés Mixquic beben cerveza y Coca Cola gracias a la modernidad. Supongo que muchas habrán muerto por diabetes. Cuando me toque regresar del más allá, llegaré a Yucatán. Durante la fiesta del ‘Hanal Pixan’ (Banquete de las ánimas), vivos y difuntos comen opíparamente. Se cocina relleno negro, puchero de gallina y unos formidables tamales llamados pibes o mucbipollos, verdaderamente celestiales. También se agasaja a las ánimas con jícamas, camotes, yucas, mazapanes y palanquetas. Beben una especie de atole con cacao, anís y pimienta. Perfuman la ofrenda una variedad de flores y hierbas: ruda, limonaria, virginias y otras hierbas silvestres imposibles de conseguir fuera de la península. Eso sí, algunos deudos desconfiados arrojan ceniza en el suelo para revelar las huellas que dejan las ánimas.

En México, el 2 de noviembre, los vivos pueden reencontrase con sus difuntos: el esposo, hermano, la madre. Éste es el quid. Ese día, las fronteras entre este mundo y el más allá se difuminan. La reacción no es de terror, sino de agradecimiento; el encuentro no es con fantasmas, sino con visitas ansiadas a quienes consentir. Esa es la diferencia entre el Halloween y el Día de Muertos. A nosotros no viene a visitarnos Fredy Kruger, sino nuestros seres queridos.

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

@hzagal

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias