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Clasificación y censura

El Código Hays fue un código de producción cinematográfico que determinaba en las producciones una serie de reglas restrictivas, incluida la censura, del tema habla Héctor Zagal.

Héctor Zagal Domingo 30 De Mayo, 2021 · 07:00 am
Clasificación y censura
La actriz Louise Brooks en el film ‘La caja de Pandora’ / Foto: EFE

Lo prohibido es tentador. No hay duda de ello. Sin embargo, ¿por qué algo estaría prohibido? Por lo general, se recurre a las prohibiciones para evitar daños, ya sea físicos, psicológicos o morales. Si siempre se intenta salvaguardar el bienestar, entonces marcar límites no sería tan malo, ¿no creen? El tema de la prohibición, restricción y censura es complejo. Aun pensando que el fin es el bien, siempre cabe preguntarnos si ese bien es deseable para todos o si sólo beneficia a unos cuantos; si ese bien busca polarizar o mantener en la ignorancia a un sector de la sociedad. Si los límites marcados nos dicen “Cuidado, ir más allá de este punto puede dañarte”, ¿no tenemos el derecho de decidir avanzar? ¿No es la libertad un bien? No son preguntas sencillas, insisto, pero reflexionar sobre ellas vale la pena.

Si tuviéramos que optar entre censura y libertad, creo que es preferible arriesgarnos por la libertad que sufrir las consecuencias de un totalitarismo. Ojo, no estoy guiando la elección de nadie, simplemente creo que debemos ser libres de elegir si corremos el riesgo de hacernos daño o no.

¿Ustedes creen que una película pueda dañarlos? Hace algunos años, en las primeras décadas del siglo XX, un hombre pensó que sí: William H. Hays había sido contratado en 1922 por la naciente Asociación de Películas (MPA) para mantener a raya a los productores y actores de Hollywood. Y es que después de la muerte de Virginia Rappe en 1921, supuestamente a manos de Roscoe “Fatty” Arbuckle, uno de los actores favoritos de todos los espectadores, Hollywood empezó a ser señalado como la cuna de todos los males. Sus producciones y estrellas nacientes fueron vistas con recelo. Demasiado dinero, demasiado lujo, demasiada diversión, demasiada libertad. Los periódicos seguían con furia y morbo los tres juicios a los que Arbuckle tuvo que presentarse antes de ser declarado inocente. Pero la indignación llegó a más lejos de lo esperado. Varios grupos conservadores y religiosos se pronunciaron públicamente en contra de las perversidades que, de acuerdo con ellos, se gestaban en los estudios cinematográficos.

Una de las primeras acciones de Hays como presidente de la MPA fue vetar las películas de Arbuckle. Sin embargo, el daño estaba hecho. Varios grupos preocupados por la moral de la sociedad empezaron a exigir censuras fílmicas. Sin embargo, no había consenso al respecto de qué debía ser censurado, pues cada municipio empezó a tener sus propios parámetros. Censurar las películas a demanda resultaba muy caro y engorroso. Hays prefirió centralizar la censura en la MPA. Empezó a promover ciertos lineamientos sobre qué sí y qué no podía mostrarse en pantalla y propuso la creación de contratos con cláusulas morales para controlar la vida pública de los actores. Esta gestión se concretó en el Código Hays de 1930. Sin embargo, sería hasta 1934 que se aplicaría rigurosamente.

Tres eran los principios generales de este código: 1) que los filmes no rebajaran el nivel moral de los espectadores ni lo orillara a tomar partido por el crimen, el mal ni el pecado; 2) en las películas deben representarse estilos de vida correctos; y 3) no puede ridiculizarse a la ley, natural o humana, en pantalla ni mover a los espectadores a tener simpatía por quienes la violenten. Estos límites resultaron en películas que estaban obligadas a promover ciertos valores social y, claro, a condenar otros. La censura permitió ejercitar la creatividad de los directores para poder representar escenas atrevidas e historias de criminales, sin embargo, no dejaba de ser prohibitiva. Las películas debían terminar mostrando que a los malos siempre los alcanzaba su castigo. ¡Como si la vida fuera tan simple y fácil!

El Código Hays fue abandonado en 1968. Entonces se introdujo un sistema de clasificación de las películas de acuerdo con qué tan apropiado o no era el contenido según la edad de los espectadores. ¿Alguna vez les negaron el acceso a una película debido a la edad? ¿Creen que siempre es válida la clasificación por edades? ¿Todos maduramos al mismo ritmo?

Así como creo que hay libros que no vale la pena ser leídos, al menos desde mi punto de vista, también creo que hay películas cuyo contenido, por muy trasgresor y ‘avant-garde’ que se pretenda, puedo quedarme sin conocer. Creo que hay películas y libros que sí pueden hacer daño. Pensemos en Mi lucha de Hilter.  Pero me parece que, salvo contadas excepciones, hay que optar por la libertad. Considero que, en general, conviene dejar al espectador y al lector la decisión de qué ver y qué leer.

¿Qué opinan ustedes?

Sapere aude! ¡Atrévete a saber!

@hzagal

*Las opiniones expresadas en esta sección son de exclusiva responsabilidad del autor y no necesariamente representan la opinión de MVS Noticias